Teatro

LOS LIBERTADORES

Personajes
Silvino.
Don Filemón.
Un borracho.
Jugador Viejo.
Jugador Joven.
El chico que pide la yapa.
La mujer que pide fiado
Una chica.
Petrilla
La madre de Petrilla.
Juez de Paz.
Secretario
Vigilante.
Chico gordo.
Chico flaco.
Un niño libertador.
Otros niños libertadores

ACTO PRIMERO

Boliche de almacén y despacho de bebidas. Es un gran rancho de latas con piso de tierra. Lateral derecho, el mostrador y puerta que lleva al interior de la casa. Foro, puerta de entrada. Sobre el dintel de ésta, un gran retrato, detonante de colorado, de un mazorquero rosista. Unas cuántas mesas con bancos constituyen el moblaje Son las once horas. Al levantarse el telón, se hallan en escena:

JUGADOR VIEJO y JUGADOR JOVEN que en una mesa del primer plano, manipulan naipes y monedas; el BORRACHO, casi tirado sobre el mostrador, bebiendo y
DON FILEMON, un hombre alto, hercúleo, sanguíneo, de cabeza cuadrada, quien concluye de hacer paquetes con los que atiborra una canasta.

DON FILEMON - (Subiendo cada vez más el tono de sus gritos). ¡Carbonilla!... ¡Carbonilla!... ¡Carbonilla!...
SILVINO – (Es un morocho de doce años, por lateral derecho.) Ya va, Don Filemón.
DON FILEMON - ¿Dónde te habías metido? ¿Qué hacías?
SILVINO – Lavando las botellas que usted me mandó.
DON FILEMON - ¿Y por eso no oías?
SILVINO – Estaba en el fondo.
DON FILEMON – Siempre tenés que contestar.
SILVINO – Si usted me pregunta…
DON FILEMON - ¡Callate!
SILVINO – Ya estoy callado.
BORRACHO – (Voz estropajosa y mal teniéndose erguido) ¡Si estás hablando!
DON FILEMON - Vas a llevar esta canasta a lo de Ramírez. ¿Eh? ¿Sabés dónde queda? ¡Contestá! ¿Por qué no hablás?
SILVINO – Usted me acaba de prohibir que hable.
BORRACHO – Argumentos no le faltan. Igualito a la finada, la madre, Doña Silvina, yo la conocí…
SILVINO – Usted no hable mal de mi madre.
DON FILEMON – Si él no habla mal.
BORRACHO - ¿Yo hablo mal de tu finada madre, acaso?
SILVINO – Sí, usted dice que era igualita a mí, y como yo sé que usted piensa mal de mi…
BORRACHO – Este muchacho serviría para abogado o escribano. Siempre tiene razones.
DON FILEMON – No te entretengas más. ¡Rápido! ¡Ya deberías estar de vuelta!...
SILVINO – Si todavía no fui, ¿cómo voy a estar de vuelta? Para que un saco tenga derecho, tiene que tener revés, para que una moneda tenga cara, tiene que tener cruz…
BORRACHO - ¿No le dije? ¡Labia no le falta!
DON FILEMON – Lo que le faltan son ganas de trabajar. ¡Vamos! (Pone la canasta sobre los hombros del chico, quién se dobla bajo su peso).
SILVINO - ¡Qué pesada!
DON FILEMON - ¡Vamos! Si no querés que te haga probar esto… (Muestra el pie, amenazante).
SILVINO – Si me pega dejo caer la canasta.
DON FILEMON - ¡Te degüello! (Silvino sale apresurado) ¡Si estuviéramos en los tiempos de aquél (por el retrato), mi bisabuelo! ¡Aquel sí tenía buena mano para el violín! (Seña de degollar).
DON FILEMON - (Al borracho) Este Carbonilla es un desagradecido. Ya ve, es huérfano. Si yo no lo hubiese recogido en mi casa, no tendría dónde ir. Aquí duerme, aquí come…
JUGADOR VIEJO – Y trabaja, Don Filemón.
DON FILEMON - ¡Para lo que sirve!
JUGADOR VIEJO – Si no lo tuviera a él tendría que tener un peón, y al peón le daría casa, comida… ¡y sueldo!
DON FILEMON – No le doy sueldo, ¡pero lo educo! (Y ya se adelanta, queriéndose enojar).
JUGADOR VIEJO: Tomé una vez por maestro
A un cangrejo montaraz
Y al cabo de una semana
¡También yo iba para atrás!

JUGADOR JOVEN - ¡Truco! (Vuelven a jugar)
BORRACHO - ¡Usted tiene razón, amigo! ¡Otra copa! (Paga).
DON FILEMON – Me debe la anterior.
BORRACHO – No recuerdo.
DON FILEMON – Haga memoria. (Y se dispone a afilar su enorme cuchillo).
BORRACHO – Ya la hice. Usted tiene razón. Pero tengo sed y me he quedado sin monedas. Entra un CHICO.
DON FILEMON – Lea allá (Y le muestra un gran cartel que dice): “Por conservar la amistá ¡No fío ni a mi papá!
BORRACHO – No se leer.
DON FILEMON – Vaya, aprenda y vuelva.
BORRACHO – (Saliendo, rezonga) Parece mentira… Ya no hay amigos en este mundo… (Y desde la puerta, grita) ¡Abajo la Mazorca! (Risas de los jugadores).
DON FILEMON - ¡Te voy a dar, borrachín! (Lo corre con la cuchilla).
CHICO – Diez centavos de yerba. (El almacenero le sirve) Déme la yapa.
DON FILEMON – No hay yapa.
CHICO – Déme un caramelo de éstos.
DON FILEMON - ¡No!
CHICO - Una figurita.
DON FILEMON -¡No! (Ha ido subiendo la potencia de su voz).
CHICO – (Despacio, sale rezongando, y al llegar a la puerta, grita) ¡Abajo la Mazorca! (Risas de los jugadores).
DON FILEMON - ¡Pícaro! (Lo corre con la cuchilla) Entra una MUJER.
MUJER – Buenos días, Don Filemón… Venía a pedirle…
DON FILEMON – Mal día para pedir.
MUJER – Un paquete de fideos al fiado…
DON FILEMON – (Indicando el cartel): ¡Lea!
MUJER – Mi marido cobra mañana…
DON FILEMON - ¡Lea!
MUJER - No tengo qué darle de comer a mis chicos.
DON FILEMON - ¡Lea!
MUJER – Aunque no conservemos la amistad. Fíeme. Entra una
CHICA.
DON FILEMON – Lea ese otro cartel.
MUJER – (Lee) “Hoy no se fía, mañana sí”.
DON FILEMON – Vuelva mañana… y vuelva a leerlo.
MUJER – (Retirándose) Parece mentira, una clienta de tantos años… (Y desde la puerta, le grita) ¡Abajo la Mazorca! (Sale, risa de los jugadores).
DON FILEMON - ¡Pero hoy se la han tomado conmigo!
CHICA – Dice mi mamá que me dé veinte centavos de queso.
DON FILEMON – No vendo por veinte centavos.
CHICA – No traje más.
DON FILEMON – Andá, buscá otros veinte.
CHICA – No hay más en casa.
DON FILEMON – Quédense sin comer queso.
CHICA – Tenemos un pedazo de dulce de membrillo y a mi hermanito se le antojó comerlo con queso.
DON FILEMON - ¡He dicho que no! ¡Y afuera! (La chica sale asustada. El almacenero y los jugadores aguardan a ver si, como los otros, grita, pero desaparece) Creí que ésta también… (Y lo interrumpe el grito inesperado).
CHICA - ¡Abajo la Mazorca! (Sale. Los jugadores ríen).
DON FILEMON - ¡Ya verás! (La corre). Entra SILVINO.
SILVINO – Dice la señora de Ramírez que el azúcar está mojada. Me la devolvió.
DON FILEMON – Yo te la di seca.
SILVINO – Como la canasta pesaba mucho la puse un momento en el suelo, para descansar. Y cuando la levanté me di cuenta que estaba sobre un charco de agua.
DON FILEMON – (Furibundo) ¿Y todavía me lo decís?
JUGADOR VIEJO - ¡Decente el muchacho! ¡Otro no le diría nada!
DON FILEMON - ¿Decente? ¡Defiéndalo usted! (Entra PETRILLA, 14 años).
JUGADOR VIEJO – ¡Usted me está haciendo trampas!
JUGADOR JOVEN - ¡Mentira! (Y saca el cuchillo)
DON FILEMON – Aquí no quiero peleas. Este es un comercio honrado.
JUGADOR VIEJO - ¡Me ha ganado con trampas!
DON FILEMON - ¿No tiene más dinero, entonces?
JUGADOR VIEJO – No. Traje dos pesos y ahora los tiene este tramposo.
DON FILEMON – Entonces, váyase.
JUGADOR VIEJO - ¿Me echa a mí porque no tengo dinero?
DON FILEMON – La gente sin dinero está de más en el almacén ¡Fuera! (Lo empuja)
JUGADOR VIEJO – Ya me voy, ya me voy. (Va saliendo). Al llegar a la puerta, Don Filemón, adelantándose, le grita.
DON FILEMON - ¡Viva la Mazorca! Pero el
JUGADOR VIEJO se va sin decir nada.
JUGADOR JOVEN - ¡Lo engañó el viejo!
DON FILEMÓN - ¿Usted paga las dos ginebras?
JUGADOR JOVEN – Yo pago la mía, nada más. (Paga)
DON FILEMON – Bueno, ya le cobraré al viejo. ¿Quiere servirse otra copa de algo?
JUGADOR JOVEN – Nada, me voy. (Sale).
PETRILLA – Aquí le manda mi mamá el alquiler de la pieza. Dice que me dé el recibo.
DON FILEMON - (Cuenta) Son diez pesos, faltan dos.
PETRILLA – Sí, dice mi mamá que la disculpe, que la próxima semana le pagará el resto.
DON FILEMON – Bien. Decile que cuando me pague todo le daré el recibo.
PETRILLA – Bueno, don Filemón, hasta luego. (Sale).
SILVINO - ¿Y qué hacemos con el azúcar?
DON FILEMON – Andá a ponerla al sol; cuando se seque, la llevás. No voy a perder un kilo de azúcar. (Silvino sale por lateral derecho. Pausa).
JUGADOR VIEJO – (Asoma la cabeza y grita) ¡Muera la Mazorca!
DON FILEMON – (Cuchilla en mano, corre hacia él) ¡Viejo pillo! Entran PETRILLA y LA MADRE.
LA MADRE – Buenos días, Don Filemón.
DON FILEMÓN – Buenos días.
LA MADRE – Vengo a buscar el recibo de los ocho pesos. La semana próxima, cuando le entregue los dos pesos que faltan, usted me da otro…
DON FILEMON - ¿De qué me está hablando?
LA MADRE – De los ocho pesos que le acaba de dar mi hija.
DON FILEMON - ¿a mí?
PETRILLA – Sí, a usted.
DON FILEMON – ¡A mí no me ha dado nada!
PETRILLA - ¿Cómo dice eso?
DON FILEMÓN - ¡Nada!
PETRILLA - ¡Si hace un momento se los acabo de dar!
DON FILEMÓN - ¡Nada!
PETRILLA - ¿Me quiere robar los ocho pesos? (Rompe a llorar).
DON FILEMON – Si me dicen ladrón llamo a la policía y las hago sacar de aquí. ¡A mí no me han dado un centavo!
LA MADRE - ¡Mi hija no miente! ¡Yo la conozco! Estoy segura de que le ha dado los ocho pesos.
DON FILEMÓN - ¡Mentira, mentira! (Al oír los gritos, aparece Silvino, y espía).
LA MADRE - ¡Quién miente es usted, canalla!
DON FILEMON -¡Fuera de aquí!
LA MADRE - ¡Sí, me voy, pero voy a ver al Juez!
DON FILEMON - ¡Vaya a ver al Presidente de la República!
MADRE - ¡Voy a hacer que me devuelva el dinero! ¡Tramposo!
DON FILEMÓN - ¡Fuera, fuera de aquí! (La Madre y Petrilla salen. Pausa)
SILVINO – Yo vi cuando Petrilla le dio los ocho pesos…
DON FILEMON – (Iracundo) ¡Viste, pero te callás! ¿Sabés? (Lo agarra del cuello).
SILVINO – Sí…, si…
DON FILEMON – Porque si decís una palabra, ¡te degüello! (Toma la cuchilla) ¿Oís?
SILVINO – Sí…, sí…
DON FILEMON - ¡Te degüello, Carbonilla!

TELON

SEGUNDO ACTO

Sala del Juzgado. Al foro y bajo una bandera argentina, la mesa del JUEZ; a un costado de ella, la del SECRETARIO. Al lateral derecho, puerta junto a la cual está parado un VIGILANTE. Al levantarse el telón, están en escena: El JUEZ, un anciano de espumosa barba, un joven SECRETARIO y el VIGILANTE. El JUEZ y el SECRETARIO escriben frente a sus respectivas mesas Entran la MADRE y PETRILLA.

LA MADRE Y PETRILLA – Buenas tardes.
JUEZ – Tomen asiento. Aún no ha llegado la otra parte, pero no tardará en venir, supongo.
SECRETARIO – Faltan unos minutos para las 14, hora de la cita.
JUEZ – Ayer estuvo aquí. El niega haber recibido nada.
LA MADRE - ¡Miserable!
PETRILLA – (Llorosa) Yo misma le di los ocho pesos, señor Juez. ¡Créalo usted que yo se los di!
JUEZ – Lo creo, pero no hay pruebas y yo, como Juez, debo ajustarme a las pruebas.
LA MADRE – Parece mentira, un hombre rico, dueño de campos, de varias propiedades en el pueblo, robarle a una pobre como yo, que vive de la costura.
SECRETARIO – Así es, señora; cuánto más tienen, más quieren. (Entra Don Filemón.)
JUEZ – Aquí está nuestro hombre.
DON FILEMON – Buenas tardes.
VIGILANTE – Buenas.
JUEZ – Lo he citado para ver si podemos llegar a un acuerdo.
DON FILEMON - ¿Imposible! Yo no he recibido nada.
PETRILLA - ¿No recuerda que usted estaba parado junto al mostrador, arreglando unas latas de conserva y yo le dije…
DON FILEMÓN – No recuerdo nada; a mí no me dio nada.
PETRILLA - ¡Ladrón, ladrón! (Llora sobre el pecho de la madre)
DON FILEMON – Haga que se me respete, señor Juez.
JUEZ – (A la madre) ¡Si todos dijéramos lo que pensamos!... Se me ocurre una solución salomónica: Usted, señora, reclama ocho pesos, y usted los niega. Arreglemos: usted, Don Filemón, déle cuatro pesos…
LA MADRE - ¡Salgo perdiendo cuatro! ¡Y para mí cuatro son muchos pesos!
JUEZ - ¿Y usted, qué dice?
DON FILEMON – y… ¡Bueno! La madre - ¡No, no y no!
JUEZ – Entonces hemos terminado. No hay pruebas, no hay testigos… Pueden retirarse.
LA MADRE – (Saliendo, lleva abrazada a Petrilla) Espero que se gaste ese dinero en farmacia, don Filemón.
DON FILEMON – Maldición de burro, nunca alcanza, dice el refrán. (Ríe, jactancioso). LA MADRE Y PETRILLA ya van a salir, cuando ésta, desprendiéndose del abrazo, transfigurada, se vuelve.
PETRILLA - ¿Testigos, dijo usted, señor Juez? Ahora que recuerdo: ¡sí, tengo un testigo!
JUEZ - ¡Silvino!
DON FILEMÓN - ¡Jo, jo, jo! ¿Carbonilla?
PETRILLA – Ahora me acuerdo, él estaba delante cuando yo le di el dinero.
JUEZ – Legalmente, ese testigo no sirve porque es un menor… Pero si las partes están de acuerdo…
DON FILEMON - ¡Cómo no, señor Juez, llámelo nomás!
LA MADRE – Silvino es el peón de él, por fuerza va a declarar a su favor.
PETRILLA – Silvino es el único que estaba delante.
JUEZ - ¿Lo hago llamar?
LA MADRE – Y… bueno, ya que no hay otro…
JUEZ – (Al vigilante) Córrase enfrente y traiga a Silvino.
DON FILEMÓN – Voy yo. Está cuidando el almacén. Para que él venga debo cerrarlo.
JUEZ – El vigilante se quedará en la puerta. Es cosa de pocos minutos., (Y dirigiéndose al vigilante) No deje entrar a nadie.
VIGILANTE – Muy bien, señor Juez. (Sale).
DON FILEMON – Eso me va a perjudicar; quizás vayan clientes y no habrá quien los atienda.
LA MADRE – Más me perjudica a mí tener que estar viniendo al juzgado para recobrar lo mío, que mucho trabajo me costó ganarlo.
DON FILEMON - ¡Usted mañana mismo me desocupa la pieza!
LA MADRE – Ya lo creo que he de irme, y diré por todo el pueblo quién es usted, cómo me robó…
JUEZ - ¡Silencio, señora!... Entra SILVINO.
SILVINO – (Asustado) Buenas tardes.
JUEZ Y SECRETARIO – Buenas tardes.
JUEZ – Acércate, Silvino. Te llamamos para que sirvas a una causa justa. Ella (por Petrilla) dice haber dado ocho pesos como pago del alquiler a Don Filemón; éste lo niega. Petrilla asegura que estabas allí cuando ocurrió eso. Te hemos llamado, pues, de testigo… ¡Di la verdad!... ¿Entregó, delante de ti Petrilla, ocho pesos a tu patrón?... (Pausa, expectativa… Don Filemón carraspea. Silvino lo mira, receloso, después mira a las mujeres.) ¡La verdad, Silvino! (Pausa aún.)
SILVINO - ¡Sí! (Distintas reacciones de los circundantes)
JUEZ - ¡Muy bien!
SILVINO – Yo estaba presente cuando ella le dio el dinero. Mi patrón lo contó y dijo: “Faltan dos pesos”. Y ella, entonces, le contestó: “Dice mi mamá que la disculpe, que la semana próxima le pagará el resto”. ¡Yo lo oí!
JUEZ - ¡Muy bien! (A Don Filemón) ¡Devuelva inmediatamente el dinero!
DON FILEMON – Pero… yo… (Se muestra turbado; quisiera resistirse, pero la indignación del Juez lo impone).
JUEZ – (Enérgico, un puñetazo en la mesa) ¡Inmediatamente, he dicho! Don Filemón entrega el dinero a la MADRE.
LA MADRE - ¡Muchas gracias, Silvino!
JUEZ – (A Don Filemón) Y ahora, ¡fuera de aquí! (Pausa)
DON FILEMON – Vamos, Silvino. (Este inicia el mutis; ya está en la puerta, cuando Petrilla corre hacia él y lo besa en la frente.)
LA MADRE - ¡Señor Juez!: Ese hombre va a castigar al chico.
JUEZ - ¡No sepa yo que haya tocado un cabello de ese niño! ¿Oye?...
DON FILEMON – Sí, señor… Sale llevando a Silvino de la mano. Pausa.
SECRETARIO - ¡Valiente el chico!
JUEZ - ¡Para hacer lo que acaba de hacer ese niño, se necesita más valor que para pelear contra todo un ejército!

TELON

TERCER ACTO

Al día siguiente, por la mañana. Sótano en semi penumbra. Foro: Un tragaluz enrejado. Lateral derecho: escalerilla que da a una puerta. Barriles, damajuanas de vino y estanterías con botellas alrededor. Al levantarse el telón está en escena Silvino, con las manos atadas detrás. Pausa. Por el tragaluz asoman las cabezas del CHICO GORDO y del CHICO FLACO.

CHICO GORDO - ¡Silvino!
CHICO FLACO - ¿Todavía estás allí, Silvino?
SILVINO - ¡Sí!
CHICO GORDO - ¿No te dio nada de comer?
SILVINO – No, solamente agua.
CHICO FLACO - ¿Y dónde dormiste?
SILVINO – Tirado en aquella bolsa.
CHICO GORDO - ¿Y a oscuras?
SILVINO – Sí.
CHICO FLACO - ¿No tenés miedo?
SILVINO – No.
CHICO GORDO - ¿Y frío?
SILVINO – Un poco.
CHICO FLACO - ¿Tenés los pies desatados?
SILVINO – Sí, me los desaté a fuerza de tironear.
CHICO GORDO – Pero las manos las tenés atadas.
SILVINO – No pude deshacer el nudo; está muy fuerte.
CHICO FLACO - Si te subieras a un barril, quizás nosotros podríamos desatarte
SILVINO – Voy a ver… (Hace esfuerzos por mover un de los barriles). Está muy pesado, lleno de vino, no puedo moverlo.
CHICO GORDO - ¿Querés que te traigamos de comer?
SILVINO - ¿Y como voy a comer con las manos atadas?
CHICO FLACO - Traemos Pan y queso cortado en pedazos. ¿Querés?
SILVINO – Lo peor es la sed.
CHICO GORDO – Te vamos a traer agua en un jarro y te lo alcanzamos con un hilo…
SILVINO – No, porque tiene miedo del Juez…
CHICO GORDO - ¡Oh!
CHICO FLACO - ¡Ah!

Y salen escapando: han visto que Don Filemón, entrando por la escalerilla, los ha pillado.
DON FILEMON - ¡Ya verán ustedes! ¿Con que esas teníamos, eh? Tus amigotes te vienen a visitar a la cárcel. ¡Ya no habrá más visitas! (Y cierra el tragaluz, al que pone una barra de hierro.)
SILVINO – Tengo sed.
DON FILEMON – Te traeré agua. Agua sola. Nada más que agua. Vas a estar a agua todo el día de hoy. Y mañana a pan y agua. ¡No te tocaré un cabello, no! Puede estar tranquilo el Juez; pero me voy a recuperar los ocho pesos que me hiciste perder economizando en tu comida.
SILVINO – Yo tenía que decir la verdad.
DON FILEMON - ¡La verdad! ¿Con que la verdad, no? ¡Pues ahora vas a ver lo que cuesta decir la verdad! ¡Te voy a tener una semana a pan y agua!
SILVINO - ¡Quiero agua, agua!
DON FILEMON – Ya te voy a traer. Por eso te tengo con las manos atadas, porque sos capaz de tomarte el vino de las botellas. ¡Ah! ¿Y te has desatado los pies?
SILVINO – Me lastimaba la soga.
DON FILEMON – Los presos tienen que estar bien seguros. (Lo vuelve a atar) Ahora te voy a traer un balde de agua.
SILVINO - ¡Sí, agua, agua!
DON FILEMON – El agua no cuesta dinero. (Ríe, sarcástico) Yo te enseñaré a andar diciendo la verdad. (Sale.) Pausa. Silvino queda solo unos instantes y saltando como un gorrión, se llega hasta las bolsas que le sirven de lecho, sobre las que se deja caer, desalentado. Tras de los vidrios del tragaluz aparecen las cabezas del Chico Gordo y del Chico Flaco. Observan. Descubren a Silvino y le golpean los vidrios. Le muestran que traen pan, queso y agua.
SILVINO – No puedo abrir. Tengo las manos y los pies atados.

Los otros no oyen y así se lo indican por señas. Aparece Don Filemón en la escalerilla. Trae un balde de agua. Descubre a los chicos en el tragaluz, y dejando el balde en el suelo, dice:
DON FILEMON - ¡Ya verán por entrometidos! (Se quita el cinturón y sale, apresuradamente)
SILVINO - ¡Ahí va, disparen, ahí va! Los otros ponen las manos para querer oír. Y de súbito sienten los correazos de Don Filemón en sus espaldas. Huyen. Silvino se arrodilla ante el balde de agua y bebe, ansioso.
DON FILEMON - ¡Se llevaron unos buenos latigazos! Se les irán las ganas de meter la nariz en asuntos ajenos. ¿Tomaste bastante agua?
SILVINO – Sí.
DON FILEMON - ¡Ahora a la cama! (Silvino, a saltos, va hacia ella) Te pondré el balde al lado para que bebas cuando quieras. El agua es barata. ¿No tenés miedo a la oscuridad?
SILVINO – No.
DON FILEMON - ¿Y a las arañas?
SILVINO - ¿Hay arañas aquí?
DON FILEMON - ¡Ya lo creo que hay arañas! ¡Y ratones también!
SILVINO - ¿Ratones?
DON FILEMON - Si sentís que a media noche te hacen cosquillas en las alpargatas, son los ratones. A los ratones les gusta la soga de la alpargatas. (Ríe) ¿Tenés miedo, no? ¡Esto te pasa por decir la verdad! ¡El que quiere decir la verdad, que la pague! (Ríe) ¿Tenés miedo?
SILVINO – (Sobreponiéndose) ¡No!
DON FILEMON - Quedate solo, entonces. ¡Sólo no! Te quedás con las arañas y con los ratones. (Ríe) Hasta mañana. (Sale). Pausa. Silencio. Y de pronto se oye el llanto de Silvino; es un llanto quedo, un desahogo casi íntimo de su angustia.
UNA VOZ DESDE LA PLATEA - ¡Yo te libertaré, Silvino! Y el niño que dijo esto se adelanta hacia el escenario, sube una escalerilla que comunica a éste con la platea y desde su más alto escalón, con actitud y voz de quién arenga, grita al público:
NIÑO LIBERTADOR- (Invitando a los chicos del público) ¡Chicos! ¿Vamos a dejar que ese miserable lo martirice a Silvino?
VARIAS VOCES - ¡No, no, no!
NIÑO LIBERTADOR - ¡Vamos, entonces! Y si es preciso pelear contra ese canalla, ¡pelearemos!
MAS VOCES - ¡Vamos, vamos! Un montón de niños sube la escalera e irrumpe en el escenario. Todos decididos. Algunos liberan a Silvino de sus ataduras, otros han quitado la barra y abierto la ventana del tragaluz.
SILVINO - ¿Y si viene Don Filemón?
VARIOS – ¡Lo pelearemos!
SILVINO - ¡Ahí está! Y señala el tragaluz donde ha aparecido la cabezota del tirano. Expectativa.
DON FILEMON - ¿Qué es esto? ¿Quiénes son ustedes? ¿Por dónde han entrado? ¡Allá voy, ya verán!
SILVINO - ¡Viene para aquí! ¡Disparen, muchachos!
NIÑO LIBERTADOR - ¿Disparar nosotros? ¿Qué les parece, muchachos, disparamos?
TODOS - ¡No, no, no!... Silencio. Se ha abierto la puerta y allí, amenazante, chispeándole las pupilas de cólera, cerrados los puños, está la enorme figura del ogro.
DON FILEMON - ¿Por dónde han entrado ustedes?
NIÑO LIBERTADOR – (Irónico) Salimos de una cueva, como los ratones. Todos ríen.
DON FILEMON - ¡Ah! ¿Se quieren burlar de mí? Traeré un garrote, ¡ya verán qué paliza les daré a todos! ¡A todos!... (Sale perseguido por la gritería de los chicos).
NIÑO LIBERTADOR - ¡Una idea, muchachos! ¿Y si nos llevamos a Silvino y lo dejamos al ogro con un palmo de narices?
TODOS - ¡Bueno, bueno! (Muchos aplauden).
SILVINO - ¿Y por dónde saldré?
NIÑO LIBERTADOR - ¡Por ahí, por donde vinimos nosotros! (Señala la escalera) ¿Vamos?
SILVINO - ¡Vamos! Y bajan seguidos por el tropel de los libertadores. No bien han bajado, aparece Don Filemón. Lleva un grueso garrote; viene más iracundo que nunca. ¡Sorpresa al no ver a nadie!
DON FILEMON - ¿Y esto? ¿Dónde se han metido? ¿O yo he soñado? ¡Pero no puede ser! ¿Y Silvino? (Busca detrás de los barriles) Desesperadamente colérico) ¿Pero cómo puede ser esto?
SILVINO – (Desde la platea) ¡Y sin embargo es así!
DON FILEMON - Eh, ¿dónde estás? (Seña de bajar la escalera).
SILVINO - ¡Aquí, con mis libertadores! Y no se atreva a bajar, porque entre todos lo vamos a hacer migajas.
NIÑO LIBERTADOR - ¡Baje si se atreve!
SILVINO - ¡Cobarde!
DON FILEMON, las manos transformadas en garras frenéticas, se tira de los pelos, patea de cólera impotente, ruge como una fiera…
NIÑO LIBERTADOR – Si baja, no sólo los hombres que están aquí nos van a defender, ¡También las mujeres y las chicas! ¿No es cierto que todas están contra él?
VOCES DE MUJERES Y NIÑAS - ¡Sí, sí, sí!
DON FILEMON - (Con el puño, amenazando a Silvino) - ¡Ya te cazaré! ¡Carbonilla!
SILVINO - ¡Nunca más! ¡Ahora soy libre, libre, libre! (Y volviéndose a los demás, les grita) ¡Viva la libertad!
TODOS - ¡Viva la libertad!
SILVINO, seguido de sus libertadores, corre hacia fuera; entre tanto baja el telón sobre la compulsiva exasperación del tirano.

TELON