Teatro

LA MUERTE ES HERMOSA Y BLANCA

Personajes
Ella
El
El amor
La muerte.

ESCENA UNICA

ELLA (70 años), después EL (la misma edad), después EL AMOR, después LA MUERTE. Anochece. Una alcoba. ELLA, adormecida junto a la chimenea. Pausa. Aparece EL.
EL - (Entrando) - Buenas noches. (Pausa). ¿Estás dormida? (Se acerca en puntas de pie, lentamente, y la besa.
ELLA - (Despertando) - ¡OH!
EL - ¿Te habías dormido?
ELLA - Sí... Y soñaba...
EL - (Sentándose junto a ella, estira los pies y las manos hacia el fuego) - ¿Soñabas?... ¡Todavía! ¡A tu edad!... (Ríe).
ELLA - Nada sería que soñase durmiendo, como ahora. También sueño despierta, como cuando tenía quince años.
EL - (Bromista) - O sea como hace sesenta años atrás.
ELLA - ¡No tanto, no tanto!
EL - ¿Y qué soñabas ahora?
ELLA - Soñaba cosas lindas... Pero preguntame con quién soñaba.
EL - No necesito preguntártelo. Sé que si soñabas cosas lindas, soñabas conmigo.
ELLA - ¡Vanidoso!... Y es verdad, soñaba contigo.
EL - Cuéntame, cuéntame. (La abraza y la atrae hacia sí).
ELLA - Te contaré... pero antes dime cómo te ha ido. ¿Te hicieron rabiar mucho los muchachos?
EL - Menos que otras veces... ¡Qué muchachos! Y tienen razón ellos. ¿No es absurdo que con un día maravilloso como el de hoy, se pretenda tenerlos encerrados y quietos? ¡Quietos, Dios mío, quietos! ¡Qué crimen! ¡Claro! Ellos se vengan no atendiendo al profesor. Y como el profesor está viejo y se cansa de repetir varias veces lo mismo... Y, termina protestando contra los muchachos. Pero ellos tienen razón. Claro que tienen razón.
ELLA - Estoy deseando que te jubiles.
EL - ¡ No me hables de eso! Me da frío pensar que debo jubilarme, que debo alejarme de mis muchachos, tan barulleros y tan inteligentes... ¡Jubilarse! Todos quieren jubilarse y a mí me da tristeza pensar que un día me jubilaré. Eso es decirle a uno: ¡Váyase, usted ya no sirve! Deje su sitio a alguien, más joven y más útil... No me hagas pensar en eso. Cuéntame lo que acabas de soñar.
ELLA - Soñaba que éramos jóvenes.
EL - ¡Jóvenes!
ELLA - Te veía alto, erguido, ágil, apuesto... como eras hace... hace muchos años, ¡muchos!
EL -¡No tantos, no tantos!
ELLA - Tal vez más apuesto de lo que nunca has sido, Ya sabes que en sueños todo se ve mejor.
EL - ¿Y tú? ¿Eras hermosa?
ELLA - No sé. Como estábamos en un jardín, no había espejo para mirarme.
El - Sí, pero en sueños, uno se ve sin necesidad de espejos.
ELLA - Es cierto. Yo, sin verme, sabía que era bella.
EL - ¿Más que antes?
ELLA - Como antes, sólo como antes... Pero yo, ¿he sido bella alguna vez?...
EL - ¡Mi vieja! ¡Mi viejita! ... (La atrae hacia sí y la besa repetidas veces). Recita:

Sé que no eres como eres
aquí, en mi imaginación,
¡ni tu te conocerías
al verte en mi corazón!

¿Se conocería, acaso,
la luna al verse en el mar
que hace de su farolito
una inquieta claridad?

(Se abre la puerta y cautelosamente entra EL AMOR. Es el Amor clásico: un niño con alas y armado de carcaj y flechas, móvil y picaresco. Se sienta y, con gestos expresivos, comenta el diálogo de los ancianos).
ELLA - (Continuando su relato) - Era el jardín del Amor...
EL - ¡ El Amor! ¡Qué palabra tan antigua... y tan sin sentido!
ELLA - ¡¿Qué?! ¿Qué dices Alberto?
EL - Bromeaba, Edelmira, bromeaba.
ELLA - Se me ocurre... (pero no termina la frase).
EL - ¿A que se te ocurre una locura?
ELLA - Sí, una locura. Se me ocurre que el Amor está aquí, con nosotros, en este cuarto.
EL - ¿El Amor aquí? ¡No! El Amor estará bien lejos de aquí; ¡hay tantos jóvenes en el mundo! El Amor estará con ellos. ¿Qué va a hacer el amor aquí, junto a una pareja de viejos? Porque nosotros ya somos una pareja de viejos.
ELLA - ¿Somos una pareja de viejos?
EL - Yo creo que sí... (Callan)
ELLA - (Continuando su narración, después de un suspiro). - Estábamos en el jardín del Amor, éramos jóvenes y tu me besabas...(EL la besa largamente, repetidamente...). ¿Qué haces?
EL - Hago realidad tu sueño, Edelmira.
ELLA - ¡Realidad! ¡No! Ahora me besas en la frente, me besas con ternura, y en el sueño... (Pausa).
EL - ¿En el sueño?...
ELLA - En el sueño me besabas en la boca, con pasión. El - La ternura es un reflejo de la pasión; es luz de luna, suave, apacible, casta; pero es la misma luz que en el sol era brillante, magnífica, violenta...
ELLA - "Era", has dicho "era"... ¡Qué afán de conjugar los verbos en pasado!
EL - Tienes razón. Si no fuera improcedente que un profesor de literatura se rebelase contra las leyes del idioma, yo propondría quitar todos los tiempos pretéritos... ¡Presente, nada más! ¡Y futuro! ¡oh, el futuro!: ¡Yo seré, yo haré, yo amaré!... ¡Qué hermoso!
ELLA - No te exaltes.
EL - ¡Déjame que grite, que cante un himno al futuro!
ELLA - ¿Y el insomnio? ¿No recuerdas que padeces insomnio y no debes excitar tus nervios, tus pobres nervios que ya han trabajado bastante, quizás excesivamente?
EL - Nervios de anciano, ¿eh? (Ella ríe). ¡Qué crueldad la tuya, Edelmira! Recordarme la debilidad de mis nervios precisamente en el momento que el entusiasmo hacía hervir mis palabras...
ELLA - ¿Recuerdas los arroyitos de la sierra, cayendo de piedra en piedra, llenos de espuma y saltantes como si hirviesen? Así era tu entusiasmo por el futuro. Tus palabras parecían hervir, pero no hervían. Saltaban, espumantes, pero saltaban fríamente. Tu entusiasmo era un reflejo de entusiasmo. (Pausa más larga).
EL - Salgamos de la realidad. Sigue narrando tu sueño. ¿Qué más ocurrió? Estábamos en un jardín, tu eras joven, yo era joven y nos besábamos. Porque supongo que a mis apasionados besos en la boca, tú responderías también con besos apasionados.
ELLA - No recuerdo.
EL - ¡Coqueta! Hasta en sueños coqueteas. A tu edad.
ELLA - ¿Cómo a mi edad? ¿No recuerdas que yo, en el sueño, soy joven... joven y bella, quizás muy bella?
EL - Lo había olvidado. ¿Y qué más, qué más?
ELLA - Nada más... ¿Pero te parece poco? Ser joven, estar en un jardín, amarse... ¿No hay motivo para encender la inspiración de un poeta?
EL - De un poeta de veinte años.
ELLA - Todos los poetas tienen veinte años.
EL - Entonces tu crees que yo, podría aún...
ELLA - No me has comprendido. Quise decir que hasta los veinte años se es poeta, nada más. Hasta los veinte años se canta. Después... se piensa.
EL - Siempre conduces la conversación hacia la realidad. Y la realidad es melancólica... Volvamos a tu sueño. ¿No ocurrió nada malo en él?
ELLA - Nada.
EL - ¿Ningún contratiempo?
ELLA - Ninguno.
EL - Es raro. Porque todo está hecho para los pobres humanos que ni sus sueños terminan bien. Nunca se es feliz del todo.
ELLA - Esta vez, sí. En mi sueño fuimos felices, muy felices, completamente felices.
EL - Duraría muy poco.
ELLA - No lo sé. Tu llegaste... EL- Estoy seguro que yo llegué oportunamente, que yo llegué cuando en tu sueño iba a aparecer lo malo...
ELLA - ¡Viejo!¡ Ves que estás viejo! ¡Pesimismo es vejez!
EL - Pesimismo no; experiencia.
ELLA - ¿Y cuándo el pesimismo no es experiencia y cuándo la experiencia no es pesimismo? (Pausa larga)
EL - (Recita): Sigue con tu alegre sueño. La experiencia se sonríe... Sonríe pero es tristeza.
ELLA - Ya terminó. Tu me besabas, me besabas apasionado, me besabas en la boca... Desperté. Y tú me besabas, me besabas...
EL - (Irónico) - En la frente, con ternura. (Pausa. Ella se adormece).
ELLA - (Balbucea) - La Muerte...
EL - (Sobresaltado, despertándola) - ¡Edelmira!
ELLA - Déjame... Había vuelto a soñar...
EL - Por eso te interrumpí. ¿Para qué continuar tu sueño? En él ya iba a aparecer lo malo...
ELLA - ¿Lo malo dices? ¡No! Soñaba que estaba en un lugar delicioso, pero yo sola. Tu no me acompañabas... Ante mí, una mujer hermosa, vestida de blanco y coronada de lirios... La luz brotaba de ella. Nunca he visto una luz más blanca. ¡Qué mirada buena la suya! Nunca he visto una mirada más buena. Sentía una felicidad inenarrable. ¿Por qué cuando uno se siente muy feliz, absolutamente feliz, desea la muerte?...
EL - (Temeroso) - ¿Y tú, ahora... ahora... te sientes feliz, absolutamente feliz? (Ella no responde. Se ha vuelto a adormecer. Pausa. EL queda caviloso y se dice): - ¿Cuál espectáculo es más lamentable que un viejo con miedo a morir? (
ELLA sonríe en sueños. El la observa. Después, queda caviloso otra vez. Y recita): ¡Llega la muerte!... Envejeciste en vano si aún la temes. (Calla pensativo)
EL AMOR los contempla embebecido. Música. Súbitamente EL AMOR se alarma. De pie, escucha...La puerta se entreabre. EL AMOR corre a cerrarla y se establece una lucha entre él y alguien que, desde afuera, la empuja.
EL AMOR lucha en vano. El que empuja, cada vez abre más la puerta, más, a pesar de los esfuerzos del AMOR. Vencido, abandona la lucha; con la cara entre las manos, da espaldas a la puerta, la que se abre dando paso a LA MUERTE: una mujer hermosa vestida de blanco y coronada de lirios. Un halo de blanquísima luz la nimba).
ELLA - (En sueños) - ¡Qué hermosa eres, y qué buena! Los hombres elogian a la Vida y cantan a la Vida... ¡Tú eres hermosa, tú eres buena!...
EL - ¿Quién es hermosa y buena?
ELLA - (Semidormida) - La Muerte.
EL - (Sacudiéndola) - ¡Edelmira! ¿Qué sueñas?
ELLA - (Acurrucándose contra él). - Déjame... Después te contaré... ¡Qué hermoso es todo esto! (Vuelve a dormirse. EL, después de observarla un rato, comienza a cavilar. LA MUERTE, que se ha detenido en medio de la alcoba, como si escuchara a los ancianos, da un paso hacia ellos. EL AMOR la detiene. Con los brazos en cruz ante ella, está EL AMOR suplicante e imperioso).
ELLA - ¡Qué frío!
EL - (Mirando hacia atrás) -. La puerta está cerrada. El fuego bien encendido Lo avivaré. Le echaré otra leña. (Se agacha a trabajar). (LA MUERTE mira compasivamente al AMOR. Lo acaricia y dulcemente lo aparta. Quiere seguir su marcha inexorable. EL AMOR se abraza a ella. Intenta detenerla aun. Ella lo acaricia y da otro paso con él prendido a su cintura. EL AMOR cae de rodillas, las manos en alto. Suplica desesperadamente.
LA MUERTE, por señas, le da a entender que es en vano suplicar, que lo escrito está escrito, que ella
LA MUERTE - no es una voluntad en acción. Ella es sólo un brazo que ejecuta. Bruscamente EL AMOR se aparta de ella y se derrumba sobre una silla con la cara entre las manos. Llora en silencio; pero llora intensamente. Lo denuncia el movimiento convulsivo de sus hombros.
LA MUERTE, pausada, serena, rítmicamente, se aproxima a la anciana que dormita.
EL, de rodillas ante la chimenea, está ocupado en avivar el fuego. LA MUERTE ya está junto a la anciana. Cariñosamente le coloca una mano sobre la cabeza, se inclina sobre ella y la besa en la frente).
ELLA - (Balbucea) - Alberto... (Un imperceptible estremecimiento, un suspiro leve y queda como dormida...). (EL AMOR continúa llorando en silencio. LA MUERTE pausada, serena, rítmicamente, se aleja hasta desaparecer. Cesa la música.
EL AMOR continúa llorando; pero ahora su llanto se hace perceptible. Pausa breve).
EL - (Se incorpora y asombrado, escucha. Escucha. Como si buscara de dónde llega ese llanto; dice). - ¿Oyes, Edelmira? ¿No parece que alguien llorara?... Y que llorara aquí, junto a nosotros, en esta misma alcoba. ¿Eh?... ¿Oyes?... Es un llanto de niño... ¡Edelmira! ¿Eh? (Le toma una mano, percibe su frialdad y grita, con el espanto entenebreciéndole y partiéndole la voz): ¡Edelmira! (La sacude). ¡Edelmira! ¡Edelmira!

TELON