Prensa

Recuerdos, fragmentos de vida en el relato de su hija.

Periódico Boedo | Nº 53 - Junio de 2006

El 20 de este mes se cumple un nuevo aniversario del natalicio de Arístides Gandolfi Herrero, Alvaro Yunque para las letras y el pueblo. Su hija Alba recuerda, en emotivas pinceladas, algunas de las vivencias que compartió con su padre, donde las penurias de la censura y el exilio se atemperan con el amor filial y los tiempos de resonante difusión de su obra.

Intento separar la imagen de Yunque-padre de la de Yunque-escritor: pero en mi memoria aparece el padre-escritor, sentado frente a su mesa, leyendo o escribiendo, desde la mañana hasta la noche.

Lo visitaban escritores jóvenes: Alfredo Varela y Raúl Larra, entre otros, con quienes mantenía sustanciosas charlas literarias y políticas. En verano muchas veces dejaba su escritorio para llevarnos a mi hermano y a mí al río, montados los tres en su bicicleta, "su pingo del asfalto", como él la llamaba. Eso ocurría allá por los años 40. Vivíamos en Vicente López, 25 de Mayo 626, y nos llevaba a sus playas hoy desaparecidas donde nos enseñó a nadar, ya que fue un excelente nadador que además salvó varias vidas. De esos "salvatajes" le quedaron dos grandes amigos con cuyos hijos hoy me sigo tratando.

Después de unos años nos mudamos al barrio de Colegiales Conesa 600 de la ciudad de Buenos Aires. Era una antigua casa "chorizo" que fue demolida hace muchos años, en cuanto nos mudamos.

Mi hermano Adalbo y yo, ya adolescentes, lo seguíamos acompañando en algunos de sus paseos en bicicleta, cada uno con su propio "pingo". Visitábamos a sus amigos con afinidades intelectuales y/o ideológicas: a Córdova Iturburu en Belgrano; a Roberto Giusti en Olivos, a Emilio Biagosch, abogado, quien había sido activo participante de la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918; al escultor Agustín Riganelli en la calle Bulnes; al pintor Carlos Giambiaggi en la calle Zapiola de nuestro barrio; a Miguel Sintes Amaya y a Juan Marengo; dos amigos muy queridos cuyas muertes tempranas lo llenaron de tristeza. En estas andanzas, mi padre cargaba una bolsa con sus libros recientemente editados para dedicárselos y regalarlos a los amigos.

Siendo muy chicos, a veces resultaba difícil tener un padre que no respondía a los cánones de aquella época (1940/50), ya que muchas de sus respuestas no eran bien recibidas por los maestros de entonces. Durante el primer gobierno de Perón, por ejemplo, en la escuela nos exigieron abrir una libreta de ahorro. Esa libreta se abría con un peso que no era aportado por el escolar, sino por el Estado. Mi padre no estaba de acuerdo con esa enseñanza; por el contrario, nos decía siempre: por ahora gasten, no ahorren; nunca tuvimos una alcancía. En esa oportunidad, a continuación de la nota de la maestra, escribió en el cuaderno: El ahorro es la avaricia en pañales, mis hijos no ahorran. Las libretas de ahorro se iniciaron porque eran obligatorias, pero nunca depositamos nada.

Cuando se implantó la enseñanza religiosa en las escuelas, escribió en mi cuaderno: La religión es el opio de los pueblos, no quiero que mis hijos aprendan religión en la escuela pública. Era nuestra madre quien intercedía siempre entre ese padre diferente y los sorprendidos maestros. Ella, su gran admiradora y compañera, era quién explicaba que éramos agnósticos, no forzosamente judíos o católicos, como pretendían que nos definiéramos.

Yunque nos educó supongo como todo anarquista hubiera educado a sus hijos: apostó a la libertad individual como objetivo último del hombre y siempre nos demostró coherencia entre su pensamiento y su acción. Pero el aprendizaje que brinda la experiencia de la vida y su necesidad de sentirse al lado de los desposeídos, de los que sufren, lo condujeron definitivamente al marxismo.

Sufrió censura durante los distintos gobiernos militares que padecimos: en 1944 publicó dos libros con el nombre de Enrique Herrero, seudónimo que respondía a su segundo nombre y a su apellido materno. Preso en Villa Devoto durante la dictadura de Edelmiro J. Farrell (1945) y luego exiliado en Montevideo durante varios meses. Al asumir Perón otorgó una amnistía general para los exiliados y presos políticos, lo que le permitió a Yunque volver a su querida Buenos Aires. Igualmente siguió censurado y una vez más utilizó su segundo seudónimo para poder publicar, en 1944, el Diario de Jules Renard y el prólogo a Echeverría por Ernesto Morales. En 1950 publicó Prosas del autor de Martín Fierro. Selección, prólogo y notas de Enrique Herrero.

Pasaron los años, recuerdo el 11 de setiembre de 1973, cuando mataron a Salvador Allende. La tristeza lo hundió en una profunda depresión de la que le costó mucho salir. Con Salvador Allende mataron también sus ilusiones y la esperanza de ver una América Latina libre de opresores. Nos dijo entonces: Cuando se gana en experiencia, se pierde en ilusiones.

La peor censura la sufrió durante la última dictadura: Tenía 87 años muy lúcidos cuando prohibieron su participación en la Feria del Libro de 1977 y en todas las subsiguientes. Decretos firmados por Videla y Harguindeguy ordenaron la quema y destrucción de sus libros, que fueron retirados de escuelas, editoriales y librerías.

En 1977 se fracturó la cadera. Tenía 88 años. En la ambulancia, para aliviar mi mal disimulada angustia, me dijo: No te pongas triste, la muerte es sólo una transmigración. Surgían en ese momento sus lecturas defilosofía yoga, que desde la juventud lo acompañaron a lo largo de su vida.

Son varios los escritores que confesaron haber descubierto su vocación literaria y su sensibilidad social al leer a Álvaro Yunque, entre ellos Pedro Orgambide y Humberto Costantini. También es posible que hoy, después de medio siglo, haya otros chicos que, como ellos, repitan esa y vivan la misma emoción de aquellos, que lo leían habitualmente.

Han cambiado algunos escenarios, pero lo que permanece más allá del discurso globalizado de la aldea total son las injusticias que sufren miles de chicos como los que pintó Yunque en sus cuentos, durante su larga vida de escritor prolífico y sensible.

Alba Gandolfi

DATOS BIOGRAFICOS DE ALVARO YUNQUE:

  • 1889. Nace el 20 de junio en La Plata Arístides Enrique Gandolfi Herrero (Alvaro Yunque)
  • 1896. Sus padres se trasladan a Buenos Aires.
  • 1901. Ingresa al Colegio Nacional Central (ex Colegio San Carlos fundado por el virrey Vértiz).
  • 1908. Ingresa a la UBA donde cursa Arquitectura.
  • 1913. Poco antes de graduarse abandona los estudios y define su vocación literaria volcándose a las letras y al periodismo.
  • 1922. Define en esta década el verdadero sentido popular de su literatura. Colabora en el diario anarquista La Protesta y dirige el suplemento literario del periódico socialista La Vanguardia. Dirige las revistas Rumbo y Campana de Palo. Es asiduo colaborador de las revistas Claridad y Los Pensadores, donde publicaban los escritores del denominado Grupo de Boedo.
  • 1924. Publica su primer libro de poesía Versos de la calle. Comienza a colaborar en diarios de la época: Crítica, La Nación, La Prensa y en algunos de Montevideo (Uruguay), Rosario y La Plata. Se vincula con Roberto Payró y se consolida una estrecha amistad hasta la muerte de Payró en 1928.
  • 1925. Aparecen sus primeros libros de cuentos: Zancadillas y Barcos de Papel (Premio municipal).
  • 1929. Contrae matrimonio con Albina Gandolfi. Tienen dos hijos: Adalbo y Alba.
  • 1930. Acentúa su intención crítica durante la denominada "década infame". Publica Nudo Corredizo, La O es Redonda y Poemas Gringos.
  • 1935. Colabora en la revista Caras y Caretas y por su intermedio se vincula con Horacio Quiroga, José Ingenieros, Ricardo Rojas, Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, entre otros.
  • 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial se define como antifascista militante. Comienza su investigación histórica sobre el pasado argentino.
  • 1945. Dirige el semanario antifascista El Patriota, actividad que lo lleva a la cárcel y posterior destierro en Montevideo (dictadura de Farrel).
  • 1946 a 1960. Se concentra en la investigación histórica. Publica Alem, el hombre de la multitud; Breve de los argentinos, Calfucurá. El cacique de las pampas y otros ensayos históricos.
  • 1960. La Academia Nacional del Lunfardo lo designa Académico de Número por sus estudios e investigaciones. Publica La Poesía Dialectal Porteña.
  • 1961 a 1975. Se publican y reeditan muchos de sus libros de poesía, cuentos y estudios históricos.
  • 1975. La Sociedad Argentina de Escritores le otorga el premio Aníbal Ponce por su ensayo crítico Aníbal Ponce o los Deberes de la Inteligencia.
  • 1977. Es censurado por la dictadura militar (1976/1983). Se prohíben y queman sus libros.
  • 1979. Se le otorga el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
  • 1982. Muere el 8 de enero, a los 92 años, en la ciudad de Tandil.