Prensa

Recuerdos

Fragmento publicado en la revista Trespuntos

Aquel 1º de mayo

Aquel 1º de mayo de 1909 me eché a la calle a ver, a oír. Pasé primero por el local de la “Biblioteca Obrera”, Méjico 2070, casa en la que además funcionaban veinticinco sindicatos. Todo ocurría allí. Todo salía de allí. De vez en vez, la policía entraba a quemar y destrozar libros y muebles. Nosotros decíamos que era la policía, Los diarios – todos los diarios, excepto La Protesta y La Vanguardia – decían que eran “jóvenes patriotas”, indignados contra los perturbadores del orden, contra los que venían a nuestra “generosa tierra” a traer ideas extrañas. (Estas “extrañas ideas” se limitaban a pedir más jornal, menos horas de trabajo y habitaciones que no fuesen pocilgas de conventillo. Entonces no se soñaba aún con vacaciones pagas.)

Desde Méjico 2070, ¿dónde ir para ver y oír algo? Forzosamente a la Avenida de Mayo, ya que en 1909 no existían diagonales, ni Avenida 9 de julio y la calle Corrientes tenía la anchura y la intimidad de un zaguán. La Avenida de Mayo entonces llegaba hasta la calle Entre Ríos. Aún no existía la Plaza del Congreso. En Solís y Avenida se levantaba un circo: el Buckingham Palace que llenaba entonces la función que hoy tiene el Luna Park. Una gran manifestación obrera de aquel buenos Aires no alcanzaría a diez mil hombres.

Llegaba precisamente, aquel 1º de mayo de 1909, una gran manifestación obrera. Lentamente, cantando, con las banderas rojas al viento, llegaba por la Avenida de Mayo. Había pasado la calle Cevallos su cabeza, estaba llegando a Solís. ¡Un tiro! Y enseguida muchos tiros. Gritería. Los “cosacos” cazaban argentinos y no argentinos a mansalva. La multitud, espantada, huía. Los caballos del escuadrón con un sable revoleando sobre su cabeza y pisoteando fugitivos.

Yo vi la Avenida de Mayo teñida de rojo. Yo vi ese 1º de mayo de 1909 rojo el asfalto de la avenida, y al día siguiente, los cartelones de lata del circo condecorados con agujeros de bala (…)

Y desde el otro día: asaltos a imprentas, bibliotecas, sindicatos, prisiones, apaleamientos y destierros. A los gringos: Ley de Residencia. Y estado de sitio. Así, con “estado de sitio”, celebraríase el centenario de la independencia. Pero antes habían ocurrido otros dos hechos: el 14 de noviembre, un anarquista mató al jefe de policía. Otro día estalló un petardo en el Colón. Esto dio motivo a que el Congreso promulgase en horas una ley complementaria a la Ley de Residencia: la Ley de defensa Social. ¡Chau hermosa Constitución del 53 y tu generoso preámbulo!

Recordar no es siempre dulce. A veces, recordar es terrible. Pero también recordar es útil. Útil para nosotros, los que hemos vivido, más aún para los que van a vivir y amaneciendo a la vida argentina, con “cosa e gringos” en la cabeza, cantan: “Libertad, libertad, libertad.”

29 de abril de 1999