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Treinta y tres cuartetas para el autor de Martín Fierro y otras proezas

Publicado en “LA SEMANA” – Saladillo – Provincia de Buenos Aires – Diciembre de 1948. Dedicado a Antonio Alejandro Gil, poeta, porque se sabe de memoria el Martín Fierro.

“Pero se ha de recordar
Para hacer bien el trabajo
Que el fuego pa calentar
Debe ir siempre por abajo”
(La Vuelta de Martín Fierro. Canto 33)

“Ningún pueblo es rico si no se preocupa por la suerte de los pobres”
(Instrucción del Estanciero)

“Las sociedades que olvidan la suerte de sus pobres están condenadas a ser siempre pobres”
(Discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires. 4 de diciembre de 1883)

Don José Hernández: lo queremos mucho,
Y se lo digo así entre mate y mate,
Que entre nosotros sobran los floreos
Y los servir a usté, Don José Hernández.

La suya fue gauchada, ¡bueno fuera!:
Dejar caer así como al desgaire
Esa historia de un hombre perseguido
Y su desparramo hacer de truchimanes.

¡Y si necesitaba buenos puños,
Alma encendida y regular coraje
Para escandir aquel montón de letras
Pinchudas como abrojos y verdades!

Pero ya andan trotando los caminos
Por pampas, por montañas, por boscajes,
Borroneando mentiras y fronteras
Corriendo historias y exaltando el arte.

Y los pobres del mundo ya rumiando
Lo que con Fierro y Cruz hicieron antes,
Y los pobres del mundo ya diciendo
A los que trabajan: ¡Desenvainen!

Verdad es, Don Hernández, que este enredo
De predicar justicia y otros gajes
No es cantar vidalitas a las nubes,
¡Pero qué hacer! No hemos nacido en balde.

Y ya ve a nuestros pobres, los de ahora,
No son como sus gauchos, Don Hernández,
No es tan fácil arriarlos a lo vaca
Y descuerearlos vivos no es tan fácil.

Esto al fin con los años conseguimos,
Todo porque por estos andurriales,
Como usté, matreriaron otros guapos
Con su voz y sus puños, Don Hernández.

¿Qué aún falta por hacer? Ya lo sabemos,
¿Que aún rondan estos pagos “comandantes”,
“jueces de paz” o “flagres” y otros cucos?
¡Ya los haremos ir entrando al baile!

Y ya la cosa se les va frunciendo,
Que en tanto por las venas corra sangre
No aflojaremos en el trance lindo
De pelear, ¡el más lindo de los trances!

Donde el maula se queda empantanado
Suele escapar el que no es maula, aguante
Quien sea buey, arando para otros,
Pero el que sea toro que no are.

Hoy anda la Miseria con sus hijos
Por tierra adentro boleando ultrajes
Y desplumando ideas querendonas...
Los gringos industriosos no las traen.

La suerte antaño fue reculativa
A los que se amustiaban ignorantes,
Hoy ya los hijos guachos de la suerte
Quieren dejar de ser hijos de nadie.

Y ya los ve, sabiendo que a los ricos,
Como a la esponja, deben apretarles
Así devuelven lo que se han chupado,
Sus dos garras aprietan sin dar alce.

La enfermedad se hace ya muy larga
Y los doctores no curaban gratis,
Aunque erraban la cura, allá en los cielos
Sesteaban los santos haraganes...

Las razones del pobre son campanas,
Pero de palo, suenan como ayer;
¿A qué hacerlas sonar si no se escuchan?
¿Quejarse o no quejarse?: ¡No quejarse!

No hay tiento tan sutil que no se corte,
Ni tiempo tan feroz que no se acabe;
Lo pasado pasó, si hoy no es mañana,
Por la senda del hoy se va adelante.

Cuando un cantar tiraba usté a los hombres
Lo hacía como saltan los jaguares,
¡Toda entera la voz!, ¡largando a fondo!,
¡Y bramando las notas del coraje!

En este pericón de la existencia
Se le traban las botas al cobarde;
Mi camino he de abrir con mi cuchillo,
En voz alta decía el que usté sabe.

Deshacer la madeja de la vida,
Aún dejando la vida en el percance,
Cantaba el que usté sabe, ¡y bien cantado!:
Su hombre era puma con la voz de un ave.

Por eso usté ha sabido, medio en broma,
Sin afligirnos mucho, entreverándose,
Mechar en los dolores de la vida
La zumbona experiencia que distrae.

Y si para sufrir hemos nacido,
Fuerte para sufrir hay que mostrarse,
La muerte alcanza hasta a los más ligeros.
Tiene alas, es inútil gambetearle.

Como no lo asustaron los fantasmas
Ni lo bolearon las necesidades;
Aunque venían degollando fiero
De la huella del bien no se hizo aparte.

Frente al peligro fue su cancha el mundo,
Para que usté sus galas nos mostrase,
Su canto es todo cielo y horizonte,
Su canto rastreador, baquiano y chasque.

El sufrir y el llorar le han enseñado
Lo que enseñan los campos o las calles,
¡Bien las duras desgracias, a empujones,
Le dieron sus lecciones implacables!

Agua de manantial, a usté los versos
Le brotan de lo mucho que usté sabe;
Bajo la Cruz del Sur no hay quien viviera
Más que usté, desde el Plata, hasta los Andes.

La suerte de los pobres lo apuraba
Y entonces, sin espanto y sin alarde,
Salió usté, con su voz que corta vientos,
Pialando pillos y mellando sables.

Al cantar opinando, a su manera,
- Bellos sonidos, intenciones grandes –
Los que tienen oído, ¿oye?, lo escuchan
Y los que tienen manos, ¿ve?, lo aplauden.

Todo el mundo es escuela, usté nos dijo
Y por la escuela de la tierra madre
Salió a plantar el a b c rebelde
Para los sabios y los ignorantes.

Como chimangos las vizcachas, chillan,
Truenan los bolicheros de la frase,
¡Si el fuego que calienta es el que sube
De abajo, de la hondura de los males!

Los males todos los conocen, todos
También conocen dónde están los males,
Los del pasado tiempo y los de ahora,
Pero ni entonces ni hoy los canta nadie.

Usté se echó a cantarlos, corajudo,
Por eso lo queremos, Don Hernández
No pasan años para usté, poeta,
¿Quién a su gloria no le alarga un mate?

Don José Hernández: Por su voz de fierro
Y por sus mano firme en los combates,
Su noche tiene luna y sol su día...
¡Pucha si lo queremos, Don Hernández!