narrativa

INTRODUCCION: SIETE OMBUES

Siete Ombúes es un pueblo rojo y verde. Rojo de tejados y verde de árboles. Pequeño, lindo, aseado, con sus calles macadamizadas*, muellemente deja caer sus barrancos hasta el río, pampa líquida que se extiende al horizonte. Silencioso y recogido en invierno; tumultuoso y entregado en el estío, cuando se llena de gente a la que el calor saca a los empujones de las apretadas calles de Buenos Aires, la urbe próxima. Pero este tumulto y entregamiento ocurre en la orilla del río y en las calles a él cercanas. Adentro, sea invierno o verano, "Siete Ombúes" continúa silencioso y recogido. El ladrar de un can romántico, el alarido de un automóvil más romántico aún, ya que va florido de besos y aromado de palabras hermosas por una pareja. Es todo su bullicio.

"Siete Ombúes" se identifica con "Laureles", otro pueblecillo verde y rojo. Esto al norte. Al sur, separado por un puente, "Las Piedras" se abraza con el suburbio de Buenos Aires, chato, gris, multitudinario. Al oriente el río, el Río de la Plata, pardo, extenso, sin alardes, que no tendrá la belleza de otros ríos, pero que posee lo que no poseen otros ríos más bellos: posee horizonte. Esto lo engrandece. Al occidente, la Avenida Guazú separa a "Siete Ombúes" de otro pueblecillo. Se llama "La Linda". Es un pueblo de pobres, amontonamiento de casuchas sin ninguna pretensión estética, como la tienen las casas que se enfilan en las calles macadamizadas de "Siete Ombúes". ¡Y el río otra vez, siempre el río, acogedor y maravilloso, placer y peligro! En sus orillas hay hombres raros, venidos de los más remotos países, arrojados allí por la desgracia y la miseria, doctorados en la más sabia y difícil de las filosofías: la del fracaso. Estos hombres hablan, hablan y recuerdan. Son curiosos, pintorescos. Ni aventureros ni vagabundos. Derrotados, pero no vencidos. Los niños se agrupan alrededor de uno de ellos, y escuchan. Esos hombres son más interesantes que los maestros. Son imprevistos, en tanto los maestros son iguales siempre.

"Siete Ombúes", un pueblo bonito, con calles en barranca, orillado de chalets y quintas, numeroso de árboles, con el infinito del río pardo al oriente, el infinito de la pampa verde al occidente y el infinito de la urbe gris al sur.

En este pueblo ocurren las verdaderas y peregrinas escenas que a continuación se relatan.

*Pavimentado con macadam (de Mac Adam, nombre propio). Se trata de un pavimento de piedra machacada y aglomerada por un rodillo.