narrativa

LA DEMOCRACIA

El programa para hoy es el siguiente: Mates amargos, asado y, antes o después, conversación. ¿De acuerdo? – pregunta A.B.C.

- ¡Sí, sí, sí! –gritan los muchachos, jubilosos.

- Bien. ¿Dónde nos reunimos? En el fondo de mi casa, en la orilla del río, en la casa abandonada, ya que el tiempo anda amenazando lluvia.

La unanimidad se rompe:

- En su casa bajo la higuera – gritan unos.

Y otros:

En la playa, así nos bañamos antes de comer.

v - En la casa abandonada por si llueve, no tener que salir disparando con el asador al hombro…

- Un momento. No griten. Está bien que seamos un pueblo libre, pero resolvamos nuestros asuntos sin gritos. ¿Somos libres? Libertad es sinónimo de democracia. Vamos a votar. Yo, como de más edad, más prudente, voto porque nos amparemos en la casa abandonada. No me gustaría tener que salir corriendo y que se mojara el asado. Pero voten, voten… Los asuntos graves, como éste, han de solucionarse con el voto de la mayoría. Así lo resolvían nuestros antecesores, los indios.

Aparecen los votos cantados:

- ¡Yo voto por la casa!

- ¡Yo también!

- ¡Y yo!

- ¡Yo por la orilla del río!

Entre la orilla del río y la casa abandonada se divide la elección. Y da este resultado: La casa: 15 votos; la orilla: 10 votos.

- ¡A la casa con todo, entonces! – Grita A.B.C. - ¡Viva la democracia! Aunque en esta elección, como en casi todas las que yo he presenciado en mi vida, ha habido fraude. No abran así los ojos. Yo les explicaré cual ha sido el fraude. Ahora, ¡andando!

Y detrás de él, los muchachos.

Ya encendido el fuego, un costillar crucificado en el asador, y el mate comenzando a circular. A.B.C. habla:

- Les decía que en esta elección hubo fraude y ustedes redondearon los ojos. ¿Dónde estuvo el fraude? Aquí: Yo, el dueño del asado, expuse mi opinión e incliné la de algunos de ustedes… Al fin yo soy A.B.C., maestro, hombre de sesenta años y ustedes de catorce años para abajo, unos chicos. Además, esto es muy importante: yo soy el dueño del asado y de la yerba… ¿Cómo no va a influir mi opinión sobre la de ustedes? Influir de cualquier modo, generalmente mintiendo, sobre la opinión de los electores, ya es hacer fraude. Por eso yo afirmo que el mundo jamás ha visto funcionar una democracia. En un mundo de ricos y pobres, de ignorantes y letrados, la democracia es imposible. Y también la libertad. Mucho se ha hablado de ambas. Demasiado tal vez. En Hispanoamérica sobretodo. Y nunca jamás en una nación de Hispanoamérica ha existido libertad y democracia.

- ¿Y en Norteamérica?

- Tampoco. En ese país de multimillonarios y de negros considerados sub-hombres, hablar de libertad y democracia es casi una burla… El pobre y el ignorante nunca son libres. Lo esclavizan con supersticiones sociales, patrióticas, religiosas, con mentiras, calumnias y promesas: desde prometerle un peso más diario hasta el goce de bienaventuranzas celestiales por toda la eternidad… Yo, siendo niño, actué en dos ensayos de democracia. Dos fracasos, se los narraré: Estábamos en primer año del colegio nacional. El profesor de gramática dio a hacer una redacción libre. De todas extrajo dos, las mejores, según él. Las leyó. Una era romántica, la otra era cómica. Después pidió que votáramos, el autor que tuviera más votos tendría un libro de premio. Votamos. La redacción cómica obtuvo la unanimidad de nuestros votos. El profesor se puso rojo de cólera. Nos dijo ignorantes, retardados y otras lindezas. Por fin, el que se titulaba liberal y demócrata, abusando de su poder se constituyó en tirano. Resolvió esto: ¡Mi voto vale más que el de todos! Yo voto por tal (la romántica). Y dio el premio a su autor. Nosotros callamos, pero salimos de clase con la impresión de haber sido atropellados en nuestros derechos y de que la democracia poco podía ante la fuerza.

El otro caso ocurrió cuando estábamos en quinto año. El profesor de , un doctor que después fue diputado, también nos hizo escribir una redacción, eligió también dos - y conste que ya en esta preliminar se van violando la libertad y la democracia – luego hizo que votáramos. Voto secreto. En una gorra se fueron echando los votos. Éramos cuarenta alumnos. Una de las redacciones obtuvo cuarenta votos y la otra veinte. ¿Cómo? Sencillamente, la mitad de nosotros había echado dos votos en vez de uno. El profesor salió arrojando chispas de la clase y gritando:

- ¡Llevan el fraude en la sangre- ¿Y usted votó dos veces? – pregunta Cuatrojos.

- Yo, ¡les juro! Eché un solo voto. Ya desde muchacho demostré que iba a llegar a ser: un ingenuo, es decir, un fracasado. En un mundo de vivos, un hombre que nace de buena fe está condenado irremediablemente a ser asado así, como ese cordero, en cruz sobre un asador, a fuego lento.

- Entonces – habla Aldo - ¿si usted no cree en la libertad ni en la democracia, es partidario de la tiranía?

- ¡No! Porque aunque no crea que haya existido libertad ni democracia, eso no me impide creer que algún día existirán. ¡Y sigo peleando por ellas!

- ¿Cuándo existirán? – pregunta Flauta.

- Cuando no haya ricos ni pobres, cuando no haya letrados e ignorantes…

- ¿Y cuándo será eso? – pregunta Gol.

A.B.C. hace un gesto vago, sonríe.

- ¡Rico este mate! – exclama, como si se sacase el nudo corredizo de un lazo.

Flauta insiste:

- Será cuando los ángeles del cielo bajen a habitar la tierra de los hombres.

- ¿Y si en el cielo no hubiese ángeles, si estuviese vacío? – deja caer Cuatrojos, siempre ácido.

Se hace el silencio.

A.B.C. toma la palabra nuevamente:

- No nos salgamos de la tierra. Aun hablando de cosas tan ideales como la democracia y la libertad, no olvidemos que pisamos tierra dura y que somos hombres. Todo lo debemos resolver como hombres y en la dura tierra. Creamos que todo lo vamos a resolver bien algún día. ¿Cuándo? No nos importe. Lo que importa y hace feliz es pensar que todo lo resolveremos bien, que no caminamos inútilmente, que llevamos rumbo, que llegaremos… Ahora,¡ a comer ese rico asado!

*

- ¡Hola! ¿Qué es esto? – es Juan Guerrero, padre de Flauta y Tambor al que tienen delante.

- Estamos de conversación – responde A.B.C. -. En esta construcción abandonada los muchachos han instalado la sede de su club.

- ¡Mala noticia tengo que darles entonces! – dice el ingeniero -. Precisamente aquí estoy con el constructor y el capataz, venimos a tomar medidas. Esta casa se hallaba en pleito, y ya se ha fallado. El nuevo propietario ha decidido terminar la construcción.

- ¡Zas! Nos quedamos sin el local del club – exclama Cuatrojos - ¿Y ahora?

- Pueden instalarlo en un rincón de mi escritorio – propone A.B.C. - ¿Vamos a inaugurar el nuevo local?

- ¡Vamos!