narrativa

FUNDACION

- Está bien – comienza A.B.C. una vez llegados a su escritorio -, está bien que ustedes hayan fundado el club de fútbol "Muchachos del Sur", célebre seguramente en el futuro, como lo fue "Alumni" antes, lo son ahora San Lorenzo o River, Racing o Boca, Estudiantes de La Plata o Peñarol de Montevideo… Está bien. ¿Pero no les parece que estaría muy bien si, además, el club tuviese una biblioteca?

- ¡Sí, sí, sí! – aprueban todos.

- Queda fundada, pues, la biblioteca – afirma solemnemente, enfático y risueño, A.B.C- ¿Y con qué libros? – pregunta el práctico Cuatrojos.

- Muy sencillo. Cada uno de nosotros, ¿no tiene diez libros en su casa?. Los trae a la biblioteca. Los integrantes del cuadro son once. Once por diez son ciento diez libros. Yo otros diez son ciento veinte. Después, los amigos del club, los padres y parientes… Benjamín franklin, un hombre exacto, útil y muy estimable, pese a la opinión de alguna gente que se cree lírica porque no paga sus deudas o no se ocupa de lo inmediato y lo cotidiano; benjamín franklin que también subió a las nubes, aunque para inventar el pararrayos del que se sirven los que lo menosprecian, benjamín Franklin – concluyó – dijo esto: "Si hay en una localidad cincuenta vecinos que tienen diez libros cada uno y todos se reúnen para formar una biblioteca, tienen quinientos volúmenes en vez de los diez que cada uno tenía"… ¿No les parece genial? Y una manera de dar forma práctica, de hacer realidad, a esa hermosa, magnífica y jamás alcanzada utopía de la solidaridad humana?

- ¡Viva Franklin! – grita Bocha, entusiasmado.

- ¿Entonces cada uno de ustedes se compromete a traer diez libros?

- ¡Sí, sí, sí! – gritan todos.

- hay dos puntos a resolver – dice Cuatrojos -. Primero: darle nombre a la biblioteca. Segundo: nombrar un bibliotecario. Hay dos nombres: Aldo y yo.

- ¿Aldo y vos? ¿Por qué? – pregunta Flauta.

- Porque Aldo es el hijo del escritor Aurelio Decglane y yo soy hijo de la poeta Jacoba Mirsky. Como hijos de literatos, a uno de los dos nos corresponde el puesto… que será honorífico, por otra parte.

- No estoy de acuerdo – dice Aldo – Jacobo y yo somos, en verdad, hijos de literatos, pero Enrique es él mismo, si no literato, aspirante a literato. El escribe versos, me parece que es a él a quien corresponde ser bibliotecario. Cada cual vale por lo que él es, no por lo que sus padres sean.

- ¿Votemos? – propone A.B.C. -. Los que estén por Flauta… Unanimidad. Muy bien, Jacobo, veo que el argumento de Aldo te convenció, que has votado por Flauta.

- Ahora, el nombre de la biblioteca.

- Podríamos llamarla Mariano Moreno, por ser el fundador de la Biblioteca Nacional – propone Bocha.

- Yo – dice caroso – le pondría Sarmiento, por ser el que fundó más escuelas y bibliotecas en nuestro país.

- Yo preferiría el nombre de un poeta – interviene Flauta -. Por ejemplo: Mármol, que fue director de la Biblioteca nacional, o Mitre, que dejó una gran biblioteca…

- ¿Y si le pusiésemos Juan Manuel de Rosas? – pregunta Cuatrojos.

Protestas de indignación.

- Siempre bromeando.Está mal – le reprocha Aldo, muy serio.

- ¡No bromeo! – Protesta Cuatrojos y explica -: Don Juan Manuel de Rosas, todos saben, era el enemigo del libro. ¿No les parece que es un palo póstumo, a él que decía, despreciativamente de todo lo que fuera arte o cultura, son "cosas de gringo", que nosotros ahora, criollos nuevos, a una biblioteca le pongamos su nombre? ¡Va a chillar en el infierno!

- ¡Basta, basta! – lo interrumpen varios.

- Sigan dando nombres.

- ¡Alberdi! – propone Tarro.

- ¡San martín!, ¡Belgrano!, ¡Rivadavia! – enumera facón.

- ¿Y si le pusiésemos el nombre de un sabio? – Interviene Aldo, y nombra -: Francisco Javier Muñiz, Florentino Amegüino.

- También puede ser el nombre de un maestro – agrega Flauta – Juana Manso, Carlos Vergara, Pedro Franco…

- O de escritores – dice Cuatrojos – Roberto Payró, José Ingenieros, Aníbal Ponce…

- ¿Y por qué necesariamente ha de ser el nombre de un muerto? – Pregunta A.B.C. - ¿por qué hemos de esperar a que los hombres se mueran para reconocerles sus servicios?

- ¿Y por qué tiene que ser un nombre de argentino? – protesta Gol -. La cultura es internacional. ¿Por qué no ponerle Sócrates o Cervantes?

- Yo le pondría – habla A.B.C. – sencillamente: "Biblioteca Muchachos del Sur" El mismo nombre que el club de fútbol. Y les explicaré: ¿Qué decían los griegos?: "Mens sana in corpore sano". Esto significa que los mismos cultores del músculo, los deportistas, también cultivaban, como estudiosos, el cerebro.

- ¡Muy bien, muy bien! – gritan todos.

- Queda fundada la "Biblioteca Muchachos del Sur" en el pueblo "Siete Ombúes", provincia de Buenos Aires, República Argentina. – proclama A.B.C.; y concluye: Les aseguro, queridos muchachos amigos, que en este momento el equilibrio universal se acaba de fortalecer. Es como si a la enorme maquinaria de los mundos le acabásemos de ajustar un tornillo: ¡Regocijémonos!

El bien, amo del orbe, gozoso nos sonríe,

Yo siento en mi cabeza su paternal caricia