narrativa

ERES TIMIDA

Eres tímida. No lo eres en vano. El exceso de vida interior crea este desequilibrio entre tu riqueza y la vida circundante. Supones que el mundo es como te lo imaginas y no como es en realidad: indiferente más que malo.

Eres tímida. Los que te ven así, esquiva y callada, no suponen la compleja y tumultuosa inquietud que escondes bajo ese aspecto un poco frío, un poco ajeno a los otros. ¡Tú que eres una llama palpitante al menor soplo de sensibilidad, hija! Y resbalan por ti: te hacen preguntas tontas, como corresponde hacérselas - creen ellos - a una chiquilla que no habla casi, que sólo responde con sobrios monosílabos. Y te dejan tranquila, pronto olvidados de ti. Lo que tu deseas, para entregarte al placer de los tímidos: observar, seguir enriqueciendo tu vida interior, y aumentando tu desdicha, el desequilibrio que te hace aparecer fría, indiferente a lo que te rodea, más pequeña de lo que eres...

Contigo ocurre lo que con ciertos pedazos de cielo: a primera vista parecen oscuros. Es necesario disponerse a mirarlos largo, largo y hondo. Y comienzan a aparecer estrellas. Al rato de mirar ese pedazo de cielo nocturno, descubrimos en él un infinito número de estrellas, un momento antes invisible para la mirada transeúnte de los apresurados. A ti hay que proponerse descubrirte, hija.

Tú, como todos los tímidos, sensitiva y susceptible - exiges casi preocupación por ti - y, como eres orgullosa, como todos los tímidos, exiges también, sin decirlo por supuesto, ¡clamas! por ese amor que tu - como todos los tímidos - ocultas en lo más recóndito de ti, pudorosa. ¿Y quienes, cuántos serán capaces de este difícil descubrimiento? ¡Si lo sabré yo, hija! Nunca te conocerán los que, sobre el tablado del mundo, actores, accionan violentamente, juzgan extremadamente y, por lo común, condenan:
- ¡Qué noche! ¡Negra como una boca de lobos! Quien tal dice - y nunca ha visto un lobo - también dice:
- ¡Qué chica ésta! ¿Es inteligente esta chica? Ojos de inteligente tiene; pero, ¡qué callada!... ¿Vas al colegio, nena?... A tu perro, ¿lo querés más que a tu hermano?... ¿Tu mamá es buena contigo?...

Más tarde, cuando nos hallamos solos y aliviados de la presencia preguntona - tu me dices: - Papá, me pides que hable más con la gente, y a las preguntas de esa señora, ¿se podía contestar de otro modo que sí...no...sí?...