narrativa

EL GRAN MENTIROSO

- Papá, estoy empezando a creer que eres un gran mentiroso.
- Por qué, hija.
- Por esto: Está bien que cuando yo era una chica muy chica me dijeses tus mentiras sobre el arco iris, por ejemplo, contándome que eran siete niños vestidos de siete colores diferentes, o que el viento pampero era un gaucho gigante e invisible que, de vez en vez, furioso, baja de la cumbre de los Andes y, corriendo, se tira de cabeza al océano Atlántico, o que las estrellas llamadas las Tres Marías son las boleadoras del viento pampero que allí las tiene colgadas, mientras él duerme, o no recuerdo ya cuántas otras mentiras me has dicho siendo yo una chica muy chica... Pero ahora, papá, soy una chica grande. Voy a la escuela. Y me sigues queriendo contar tus grandes mentiras. Ayer te pregunté qué era el rocío. Y tú respondiste: "Es el llanto de las flores". Enseguida me contaste un cuento que te habían contado a ti cuando niño o que tu inventaste en ese mismo instante, porque hasta esto voy sospechando de ti, papá: que los cuentos mentirosos que me cuentas diciéndome que te los contaron a ti de niño, son cuentos que tú inventas para mí, ¡gran mentiroso! Y si no, ¿por qué un día dices que la Cruz del Sur nació de esta manera y mañana, olvidado de tu gran mentira de antes, cuentas de otro modo el nacimiento de la Cruz del Sur? Ayer, casualmente, después de que me dijiste, muy fresco: "El rocío es el llanto de las flores", la maestra, en la lección de botánica, porque yo ahora estudio botánica...
- ¡Qué barbaridad, hija!...
- En la lección de botánica, la maestra nos enseñó bien qué es el rocío. ¡Y no es el llanto de las flores! Ya lo sabes, papá. ¡Te creo un gran mentiroso!
- Bien, hija, lo soy; pero un gran mentiroso no es un mentiroso. Tiene otro nombre: un gran mentiroso es un imaginativo. Y si en el mundo no existiesen seres imaginativos, el mundo sería tan seco y tan duro como esa terrible palabra que tanto te enorgullece y que, recién aprendida, ya me la arrojas a la cara como si fuese una pelota de papel: ¡Bo-tá-ni-ca!... Los imaginativos son seres blandos y jugosos que ablandan y refrescan el mundo. No son mentirosos simples. Son grandes mentirosos. Una simple mentira es un delito, una gran mentira, no. Al gran mentiroso debemos agradecerle sus invenciones. ¿Comprendes, hija?
- Algo, pero te voy a decir: yo, desde hace mucho, ¡desde hace más de un año!, sé que tus cuentos de estrellas, flores, animales que hablan, vientos que discuten con chimeneas, y qué sé yo cuántas locuras más... son mentiras...
- Son mentiras grandes, son invenciones...
- Pero me entretiene escuchártelas. Y te diré: me gusta más escucharte a ti, el gran mentiroso, que a la maestra... Por ejemplo, hablándonos del rocío, nos aburrió un poco y, sin embargo, yo ayer te escuché a ti más de una hora y era como si estuviese viendo una película en colores de dibujos animados.
- Esto quiere decir...
- Que me sigas contando tus grandes mentiras, papá gran mentiroso... Sólo quería que supieras que yo no te las creo.
- Pues te diré un secreto, hija: nunca supuse que tu creyeras mis cuentos de gran mentiroso, ni aún cuando eras una chica muy chica, porque si hubiese supuesto que los creías verdades, no te los hubiera contado nunca.
- ¡Qué papá más raro tengo yo!