Historia

BREVE HISTORIA DE LOS ARGENTINOS

EN LA INTRODUCCION DE BREVE HISTORIA DE LOS ARGENTINOS (1492-1956), ALVARO YUNQUE DICE:

"La historia estudiada en sus causas es una fuente de sabiduría y un acicate a la acción: orienta. Así el pasado se transforma en maestro del futuro. Le brinda su dolorosa experiencia y con ella lo nutre y vigoriza. La historia es crítica y construcción"... "La historia es arte en cuanto a su expresión, pero también es ciencia .La historia esta llena de acciones concretas, tiene causas Estas son múltiples, diversas, contradictorias y ocultas muchas veces. Los hechos históricos nunca son súbitos. Poseen raíces hondas. Son grandes arboles."... "El hombre se apropia de la verdad trabajosamente, con esfuerzo. Los héroes no aparecen porque si, son un resultado de los pueblos. Los altos algarrobos no nacen en el arenal, sino en la tierra rica en humus de las selvas, nutridos con los jugos de millones y millones de pequeñas, insignificantes plantas anónimas."... "Desear saber es una forma de amar. Y sin amar a la Argentina, los argentinos no serán capaces de hacer historia argentina. Porque hacer historia es trabajar por el progreso y la libertad del pueblo donde se vive.

Capítulo XXIX

MANUEL BELGRANO

El 20 de junio de 1820, el día llamado de “los tres gobernadores”, murió en Buenos Aires, enfermo y pobre, Manuel Belgrano, uno de los servidores más virtuosos de la Revolución. Tenía 50 años. Antes de las invasiones inglesas y del 25 de mayo y durante los primeros diez años de lucha, se dio todo él, abnegada y heroicamente, a la obra de la independencia. La preparó con sus escritos como economista y periodista avanzado, la forjó con su espada, su celo, su obra de legislador y de gobernante. Lo fue todo, porque todo le exigía que fuese la Revolución. Fue abogado, economista, periodista, diplomático, guerrero. Expresiones distintas del heroísmo de su gran alma. La revolución lo encuentra siendo abogado, y lo improvisa guerrero y no es ser vencedor en Tucumán y Salta lo que más enaltece su gloria. Es el revolucionario, el economista, el hombre de pluma, el pensador, el consejero, el ciudadano capaz de olvidarse en todo momento de sí mismo para sacrificarse por el bien de todos. No es el general, ganador y perdedor de batallas lo que constituye su grandeza, es el hombre superior, generoso, desinteresado, entusiasta, ejemplo de próceres. “Belgrano – ha escrito Mitre en su “Historia de Belgrano y de la independencia argentina” – es uno de aquellos personajes históricos que ganan con ser vistos y oídos de cerca, porque hasta sus mismos errores y debilidades, asimilándolos más a la naturaleza humana, contribuyen a despertar la simpatía”.

No es un semidiós capaz del bien y del mal. Es un hombre, pero un gran hombre, sólo apto para el bien.

Escribe Joaquín V. González:

“Creo que el conjunto de cualidades morales que formaban su carácter fue la fuerza más poderosa que salvó la revolución argentina hasta que San Martín vino a imprimirle otra dirección y otros métodos. Y la más excelsa de aquellas cualidades, en la cual coinciden estos dos personajes, destinados a fundirse con el tiempo en un solo tipo moral, fue la de su absoluta consagración al bien público, hasta el grado de la renuncia. Más bien: la renunciación de la propia personalidad, en aras de la nacionalidad y de la causa suprema de su independencia y seguridad futuras”…

Belgrano merece la veneración del pueblo porque llegó al sacrificio de sí en bien de ese pueblo al que soñaba libre.

Toda su vida está sembrada de anécdotas que denuncian cuánto amaba al pueblo por cuya libertad había dejado su pluma de economista para tomar la espada del guerrero. Después de sus triunfos se le obsequian 40 mil pesos. Es pobre, lo será hasta su muerte. Con esos 40 mil pesos él funda cuatro escuelas a fin de que los hijos del pueblo aprendan a leer y escribir. Está en sus últimos días, ya muy grave. Se le deben miles de pesos. Pide sólo una parte para poder asistirse. El gobierno le da algo. Al morir, la Patria le queda debiendo aún 8.400 pesos. Como todo hombre verdaderamente grande, de grandeza moral, fue un hombre sin rencores. Lo prueba su actitud para con el desordenado y burlón coronel Borrego. Éste, hombre de vivaz inteligencia y dotado de condiciones militares, jactancioso, no oculta la poca consideración que le merece Belgrano como general en jefe. Tanta es su indisciplina que es preciso apartarlo del ejército. Después del desastre de Ayohuma, en lo primero que piensa Belgrano es en Dorrego. “Si hubiera estado aquí Dorrego no ocurre lo que ha ocurrido” – dice -. Lo importante para él no es él mismo, la ofensa que el subordinado pudo haberle hecho a él: lo importante está en que este subordinado es un buen militar y pudo evitar el desastre. El bien público, la causa de la Revolución, siempre están para Belgrano por sobre su propia personalidad.

San Martín, gran conocedor de hombres, se dio enseguida cuenta del valor de Belgrano. “Es el más metódico de los que conozco en nuestra América – escribe al Gobierno, pidiéndole que no lo saque de su lado cuando a él lo nombran, para sustituirle como jefe del ejército del Norte -. Está lleno de integridad y de natural talento.

Las relaciones entre Belgrano y San Martín, dos espíritus superiores, son de una grandeza que conmueve. San Martín es nombrado jefe del ejército derrotado en Vilcapugio y Ayohuma. Se encuentran en Yatasto. San Martín lo abraza en presencia del ejército. Y no deja de mostrar en toda ocasión, delante de los demás jefes, el respeto que le merece el vencedor de Tucumán y Salta. Belgrano, ejemplar en la desgracia como lo fue en la fortuna, no abandona el ejército y acepta la jefatura de un regimiento allí donde fuera general en jefe. No tiene soberbia alguna. Sólo quiere servir a la Revolución. Asiste como discípulo a la academia que San Martín dicta a los oficiales. Reconoce la superioridad técnica de este militar que ha aprendido en Europa, entre los generales españoles y peleando contra los veteranos de Napoleón. “Es un espectáculo digno de atención de la posteridad – apunta Mitre – el momento en que los dos hombres eminentes se encuentran en la historia a la sombra de una misma bandera; y si ambos llegan a comprenderse y estimarse, haciéndose superiores a las innobles pasiones que les impiden hacerse recíproca justicia, entonces la escena es tan interesante como moral. Tal sucedió con san Martín y Belgrano, dos hombres verdaderamente grandes de la revolución argentina, y que merecen el título de fundadores de la Independencia”.

El gobierno de Buenos Aires se obstina en hacer que a Belgrano se lo juzgue por Vilcapugio y Ayohuma y quiere que se presente ante la comisión nombrada para ello. San Martín hace lo posible para evitar esta humillación al hombre que en un momento de peligro salvó a la libertad en dos batallas memorables. Y escribe al Gobierno…”De ninguna manera es conveniente la separación del general Belgrano de este ejército: En primer lugar porque no encuentro otro oficial de bastante suficiencia y actividad que le sustituya en el mundo de su regimiento, ni quién me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que deseo, e instruir la oficialidad… Me hallo en un país cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas y cuya topografía ignoro; y siendo estos conocimientos de absoluta necesidad para hacer la guerra, sólo el general Belgrano puede suplir esta falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco (como lo ha hecho hasta aquí)… Su buena opinión entre los principales vecinos del interior y habitantes del pueblo, es grande. A pesar de los contrastes que han sufrido nuestras armas a sus órdenes lo consideran como un hombre útil y necesario en el ejército, porque saben su contracción y empeño y conocen sus talentos y su conducta irreprensible… En obsequio de la salvación del Estado dígnese V.E. conservar en este ejército al brigadier Belgrano”.

Comenta Juan María Gutiérrez:

“Bien mirado este documento., se hallará que no sólo honra sobremanera a su autor por la generosidad y sentimientos de justicia de que da muestra, sino porque encierra un sacrificio del amor propio, hecho en obsequio de la verdad y de los intereses de la patria. San Martín no vacila en presentarse despojado de un prestigio ante la opinión, que cualquier otro, menos honrado, habría exagerado o fingido, y declara que las simpatías de la gente del país no le llegaban a él sino reflejadas por la digna persona del héroe abatido a quien con tanta nobleza sostenía, aunque sin fruto”.

El Gobierno de Buenos Aires, torpe, insiste en juzgar a Belgrano. Éste se aparta del ejército. Las circunstancias hacen que no sea juzgado y que se rehabilite. Después de la renuncia de San Martín y de nuevas derrotas, Belgrano vuelve al norte, a reorganizar el ejército desbaratado en Sipe-Sipe. Todo lo acepta, sin orgullo. Su afán es ser útil, servir a la causa de mayo, emplear sus talentos de pensador, sus consejos de hombre maduro y prudente, su valor de guerrero en el logro de la libertad.

Otra expresión de la grandeza de Belgrano se halla en lo que convirtió al ejército cuando él tomó su jefatura.

El ejército de Belgrano – como el de San Martín, como fueron los de la Revolución Francesa – era un ejército del pueblo. Los realistas entraban oprimiendo y vejando. Comprendió Belgrano entonces que debía conquistar a los pueblos no por las armas como los realistas despóticos. Estos rbaban, él castigó severamente el robo entre sus soldados. Respetó a los pueblos conquistados y hasta respetó a los prisioneros realistas, muchos de los cuales eran criollos. Sustituyó la guerra a sangre y fuego, de venganzas y crueldades, instituida por los militares del Rey, por una guerra diferente de respeto al vencido. Y allí donde el ejército de Belgrano pisó, vencedor de los opresores, fue recibido por el pueblo con júbilo. Con él y su ejército llegaba una vida nueva, una idea de libertad. Esto equivale a ganar la batalla decisiva.

Pocos hombres pueden presentarse en la historia de América como Belgrano, héroe de la abnegación y mártir del desinterés. Su ejemplo moral no lo supera ninguno.