Estudios Preliminares

PROSAS DEL AUTOR DE MARTIN FIERRO – JOSÉ HERNANDEZ

Selección, prólogo y notas de Enrique Herrero. Editorial Futuro - Año 1944
NOTA: Sólo transcribiremos el prólogo y las notas de Alvaro Yunque referidos a cada tema.

P R O L O G O

Este es un libro como hubiera deseado hacer muchos el autor de "Martín Fierro": es un libro útil. Contribuirá al conocimiento del hombre que escribió el gran poema gauchesco y explicará la génesis y realización de éste. Para quien desconociera a José Hernández, figura hoy borrosa en el escenario de las guerras civiles, periodísticas y parlamentarias; encontrarle, de súbito, escribiendo en quince días, "para entretener su ocio", el poema "Martín Fierro", constituye un milagro. Pero no hay milagros. Sólo José Hernández, habituado al peligro desde la niñez, criado en la pampa, compartiendo con el gaucho sus faenas mayúsculas (entre las cuales no era la menor esa de rechazar malones de los indios pampas, o sea araucanos y jinetes, es decir, ningún indio más temible), sólo José Hernández, joven de diez y nueve años y ya soldado de caballería en los entreveros gauchos – Rincón de San Gregorio, El Tala -, luego polemista de voz y pluma rebeldes, hombre de fogón y de parlamento, capaz de ganarse la vida como taquígrafo o como funcionario, como estanciero o como contador, como periodista o como librero de viejo; puede escribir tal poema.

A este hombre de curtida tez, de cabellera y barba negras y abundosas, hercúleo, de voz impresionante – según escribe José Roberto del Río, transcribiendo la impresión de Andrés Segovia, un contemporáneo – se le ve "con frecuencia en el mercado, donde se pasa oyendo los dichos y chistes gauchescos de os carniceros que entonces son todos criollos de pura cepa y de indumentaria campera…"

Es demócrata, sencillo, cordial, trabaja y sufre sin empaque, mirando y oyendo a todos, aprendiendo de todos, y dándose a la vida y recibiéndola cotidianamente: la actitud de Walt Whitman. El poeta americano del norte y el del sur, pueden decir con palabras de éste: "Todo el mundo es escuela", y asegurar de su obra: "Este no es un libro hecho con otros libros". Coincidencia sugestiva. Ambos, artistas plenos, devuelven a todos lo que de todos han bebido y devorado -¡y con qué sed, con qué hambruna de gigantes!

En Hernández se presenta el ejemplo del hombre que no escribe para rendir culto a la palabra. Se da a vivir, nada más, pero valientemente. Y su poema es una parte de su vida. Lo escribe como ciudadano afanoso de servir a su tierra, de contribuir a limpiarla de injusticias, no como literato, como persecutor del éxito. Y éste – lo natural toma, frecuentemente, aspectos paradojales – le llega, amplio. Y lo perpetúa. Frente a su originalidad, ¿qué son hoy, los literatos argentinos contemporáneos de este coloso?: El, su adversario político Sarmiento. ¡Y telón!

Al sentir el amor popular en torno a sus versos, regocijado, apunta: "Donde hay un lector y un cuaderno de "Martín Fierro" la baraja y la taba están ociosas" – 10ª edición, 1876. Fernán Silva Valdés, el poeta uruguayo de "Agua del Tiempo", nos ha narrado una anécdota de imprescindible reproducción. Indica ella cómo el pueblo tiene intuiciones a que no alcanzan los literatos contemporáneos de un gran escritor.

Siendo niño, narró Silva Valdés, en la cocina de una estancia, se puso a leer a los peones gauchos un trozo del "Fausto Criollo" de Estanislao del Campo. Al terminar, uno de los gauchos le dice: "¡Eso es cosa de dotores! Oiga esto, que es cosa de gauchos…" Y le recitó algunas sextinas del "Martín Fierro". El niño quedó deslumbrado. Y le faltó tiempo para hacerse del poema y aprendérselo de memoria. Y para leérselo a los peones, junto al fogón de la cocina… Porque en aquel tiempo, "Martín Fierro" estaba relegado a la cocina, en tanto el "Fausto" llenaba la sala y el escritorio. "Hoy – comentó al final Silva Valdés – el "Fausto" sigue en la sala y escritorio; pero el "Martín Fierro" ocupa toda la casa".

La anécdota hubiese regocijado al propio Hernández.

Porque la evidente utilidad de su libro, capaz de "levantar el nivel moral e intelectual de sus lectores", hincha de noble satisfacción su ancho tórax de buen hombre tan campechano, tan conversador, tan conservador, tan curioso de conocer hombres (el conocimiento más importante), tan sin parada… Y por esto mismo tan auténtico, tan artista.

Esa utilidad perseguida por Hernández, espada y péñola en puño, lazo y voz en alto, durante su múltiple acción; es la que alienta este libro. La mayor parte de él ha permanecido oculto en folletos y diarios difíciles de llegar al gran público. Y es imprescindible que éste lo alcance, y lo medite, pues, a profundas reflexiones se presta. Conocerlo a Hernández, más aún, estudiarlo, contribuirá a conocer y a estudiar en sus fuentes la verdadera historia argentina, la que corre por las arterias de su organismo, y a la que se ha sustituido, hábilmente, por la historiola pintoresca, la fácil, la que nutre el anecdotario novelesco y el folletín radial.

En su ahínco de ser útil, Hernández, fue a buscar la raíz dramática de la historia. De ella surgió el tronco duro de su prosa panfletaria y su áspero verso, fruto campesino. No pretendemos dejar aquí agotado el caudal de la prosa que Hernández derramó en las luchas de su vida aventurera. En diarios de Entre Ríos, Corrientes, Montevideo, de la misma Buenos Aires, hasta del Brasil tal vez, mucho quedará aún anónimo. ¿Y cómo rastrearlo? La época florecía en bravura. No era patrimonio exclusivo de Hernández la prosa vehemente que encontramos en sus artículos. Denso también ha de ser su epistolario. Algunas de sus cartas, aún hoy, sonarían ríspidamente. El estado de lucha en que vivió él hasta poco antes del 80, cuando lo vemos concretarse, legislador y propietario – una gran quinta en Belgrano y una estancia en Exaltación de la Cruz -, dispuesto a colaborar con la burguesía porteña, constructora de patria, pero antipopular; no es el más propicio para producir un epistolario sereno, aleccionador. Hernández, que nunca tuvo pelos en la lengua ni en la pluma, si fue así escribiendo para el público ¿qué sería en la intimidad? Sus adjetivos fulminan. Es condición de la humana flaqueza que el justiciero, cegado por su afán, sea injusto. Y Hernández, sensible al sacrificio del gaucho, fue esto sobre todo, aún sobre su calidad de poeta, un justiciero.

Téngase, pues, a este libro, como un anticipo de la obra que el tiempo y la colaboración – los dos grandes trabajadores – harán definitiva.

E. H. Buenos Aires, 1944.

1 | LAS DOS POLITICAS

Escribió Hernández este folleto – que puede hallarse n la Biblioteca Nacional, en la colección "The Colonies of Santa Fe". R.D. 31.014 – seguramente durante su residencia en Paraná. Año 1858. Entonces hubo de desterrarse de Buenos Aires por su actuación entre los "chupandinos", o sea los partidarios de la Confederación, contra los "pandilleros", o porteñistas, y después de haber sido redactor en "La Reforma Pacífica" de Nicolás Calvo. Antes de tomar la espada – o la lanza – para pelear en el ejército de Urquiza en Cepeda y Pavón; Hernández empuñó la péñola. Da este folleto vibrante y agudo. Asombra, en verdad, que hombre de aquel tiempo haya tenido una claridad de visión tan penetrante como para escudriñar las causas de las guerras civiles argentinas, y sacarlas a la luz de la historia esencial, la económica. Aparte la fronda de un estilo pomposo, influenciado tal vez en ese momento por lectura de los románticos franceses, rara en Hernández, siempre realista y sobria; "Las dos Políticas" constituye una obra maestra de perspicacia.

La búsqueda de historiadores contemporáneos – Juan Agustín García, Paul Groussac, José Ingenieros, Juan B. Justo, Aníbal Ponce, Juan Álvarez, Jacinto Oddone, Rodolfo Puigrós, Eduardo B. Artesano… - y las netas conclusiones a que, después de sus estudios fue posible llegar, no son otra cosa que haber profundizado o ampliado la senda encontrada por Hernández con vatídica genialidad.

2 | RASGOS BIOGRAFICOS DEL GENERAL DON ANGEL PEÑALOZA (EL CHACHO)

Este trabajo de Hernández, generalmente conocido por el nombre de "Vida del Chacho" – seudónimo del caudillo de La Rioja – apareció como una serie de artículos en "El Argentino", de Paraná, al saberse su asesinato en Olta (12, Noviembre, 1863) por soldados del ejército nacional.

Se editó en folleto, (Paraná, 1863) como segunda edición. La tercera, en Buenos Aires, año 1865. El diario "Reconquista" de Buenos Aires lo publicó en folletín, 1939, y, por último, en Mar del Plata se le recogió en un folleto – 1943. Pocas veces, "los ardientes arrebatos de la prosa política" – son palabras de Hernández- alcanzan la vehemencia y la valentía de que el autor de "Martín Fierro" da pruebas en estas páginas acusadoras y vindicatorias.

Como curiosidad, anotemos que Olegario V. Andrade cantó a "El Chacho". Pero a su poema, al hacerse la edición oficial de sus obras, se le cambió el título, dedicándoselo al General Lavalle. Conservo yo, proveniente de mi abuelo, el poema en su forma primitiva. Últimamente, la edición de las "Obras Poéticas" de Andrade, publicada por la Academia Argentina de Letras, bajo la dirección de Eleuterio Tiscornia, ha devuelto el poema al caudillo riojano.

3 | ARTICULOS DE "EL RIO DE LA PLATA"

Desde sus años mozos, cuando escribe el "La Reforma Pacífica" de Nicolás Calvo, ejerce Hernández el periodismo. Más tarde en Paraná, después en Buenos Aires, Corrientes y Montevideo. En esta última ciudad, desterrado, es redactor de "La Patria", que luego dirige. Pero sus mejores artículos se hallan en su propio diario: "El Río de la Plata". Su primer número aparece el 6 de agosto de 1869; antes de cumplir el año, el presidente Sarmiento, dictatorialmente, ordena su clausura. Con su manotazo, el cíclope demostró temerlo. Eran redactores de "El Río de la Plata": Guido Spano, Agustín de Vedia, Navarro Viola, Vicente Quesada, Mariano Pelliza, Estanislao Zeballos…

En los editoriales de su diario, con bríos de buen cuchillero y razonamientos de cabal patriota; expone y defiende Hernández las ideas que expondrá y defenderá pocos años después en su poema social "Martín Fierro". La orientación es la misma.

La llameante protesta y el encendido amor al campesino criollo, trabajador vejado, que iluminan las imperecederas sextinas de su poema; se hallan en estos artículos, forjados al correr de la pluma, ya con la indignada sinceridad que hará de él un poeta épico.

4 | CAMINO TRASANDINO

Este artículo fue publicado en 1872, por primera vez, en un periódico de Rosario. Lo reprodujo "La Pampa" de Buenos Aires. En él, exhibe Hernández sus conocimientos en la materia que estudia, a la par que su amplio aliento de civilizador.

5 | PROLOGOS AL POEMA "MARTIN FIERRO"

Hernández, Hombre de pelea, no podía dejar que pasasen en silencio las críticas hechas a su libro. Y en algunas ediciones, como si fueran obra de un editor, contesta, se defiende y ataca. Reproducimos sus páginas más interesantes, las que mejor aclaran muchos de los conceptos sintetizados en sus versos.

6 | DISCURSO PROPUGNANDO LA CAPITALIZACION DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

Hernández, diputado por la 2ª. Sección a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, actúa desde mayo de 1879 a fines de abril de 1881; luego senador por la 3ª. Sección a la misma Legislatura, ejerce por un año: 1881 – 1882. Es reelecto por el período 1882 – 1885. Vuelto a elegir, ocupa su banca hasta mayo de 1886 – año de su muerte, a los 52 años de edad. Es también convencional por la 1ª. Sección desde octubre de 1882 a diciembre de 1885.

Que Hernández es un legislador asiduo y preocupado por el cumplimiento de su misión, lo dicen los diarios de sesiones. Pero su discurso de más aliento es este que pronuncia en tres sesiones: 19, 22 y 23 de noviembre del año 1880, con motivo de la discusión del proyecto cediendo el municipio de Buenos Aires para capital de la República. En su discurso, Hernández refuta a Leandro Alem que se oponía a la capitalización de Buenos Aires.

A su vez, Alem refuta a Hernández en la sesión del 24 de noviembre. De todos sus contendores en ese debate que fue trascendental para la suerte de la democracia argentina, Alem, siempre en su tono espinado y arisco, responde dando preferencia especial a Hernández, que ha usado una manera un s no es humilde, con "agachadas". La contienda, por la actitud de uno y otro orador, trae al recuerdo la payada de Martín Fierro y el moreno, en la pulpería. Por su actitud, a Hernández le toca representar a éste, aunque el voto de la Cámara capitalizando la ciudad, le dio el triunfo.

Aparentemente Hernández, al apoyar el proyecto del presidente Avellaneda, concordaba con la línea federal que tuvo desde joven, cuando peleó en Cepeda y Pavón junto a Urquiza, luego en Ñaembé con el sublevado caudillo López Jordán. Pero quien veía claro en la realidad argentina esta vez, era el "lírico" Alem. Capitalizada Buenos Aires, dueño el gobierno central de los recursos poderosos de la aduana, centro de confluencia de la casi totalidad de la riqueza nacional, el Presidente de la Nación adquiría una fuerza omnipotente, y el federalismo de la República quedaba reducido a la letra de su Constitución, y a su lenta Cámara de Senadores. Que esto era verdad se vio enseguida, durante la inmediata presidencia del general Roca que avasalló las situaciones provinciales: el país estaba unitarizado. Y a las plantas de una oligarquía servidora del capitalismo extranjero.

Desde sus folletos "Las dos Políticas" y "Vida del Chacho" y sus artículos de "El Río de la Plata", hasta este discurso, notorio es el cambio producido en la orientación política de Hernández. La Pampa ya no tiene indios, el país se ha unificado, l capital y la inmigración europea afluyen, las guerras civiles se espacian y atenúan, los caudillos se domestican; Hernández – como Sarmiento o Gutiérrez o Alberdi – experimenta la alucinación de la grandeza norteamericana. Cree posible realizar en el sur del continente lo que es ya una realidad en el norte: la existencia de una gran nación. Se enrola en la falange burguesa. Su vigilia de ayer no oye la voz propiamente argentina, no ve los peligros que la sirena del oro, con sus adormecedores cánticos, oculta. En el prólogo de su "Instrucción del Estanciero", año 1882, escribe como porteñista. Escribe sólo pensando en la formación de Buenos Aires y en su porvenir: "Posee los elementos primordiales para el desarrollo industrial; está cruzada de telégrafos, y tiene extensos ferrocarriles que avanzan diariamente. Tiene un centro mercantil con extenso giro, y con toda la movilidad de una plaza comercial que se empeña por conservar su crédito y atraerse la confianza y los capitales extranjeros. Tiene bancos que facilitan a las empresas los capitales necesarios, bajo condiciones ventajosas… Está en nuestra mano el poder realizar las esperanzas que nos ofrece el porvenir… "… La paz y un buen régimen administrativo, han de hacer que muy pronto llamen la atención de los capitales y de la industria, desenvolviendo la prosperidad de la provincia… Alentemos a las empresas, no trabemos la iniciativa individual, no llevemos la acción oficial más allá de su misión y de su órbita, y veremos cómo las fuerzas vigorosas de la provincia se desenvuelven con increíble rapidez. Nuestras riquezas naturales fluyen por todas partes, llamando la atención de los capitales que buscan empleo lucrativo…"

En suma, las palabras de cuantos hombres que, de buena o mala fe, patriotas o no, demócratas u oligarcas, presentaron a la Argentina-Jauja, sin ver el soterraño y complejo número de intereses, nacionales y extranjeros sobre todo, que obstaban la realización de ese ensueño, fácil para quienes creían resolver el problema argentino con sólo darle capital a la República y fuerza a su poder central. En adelante, no dejaría de haber revoluciones políticas, pero bastaría apoderarse de la plaza de Mayo…

Este discurso, cuanto sus frecuentes intervenciones en ambas cámaras, dejan ver que Hernández, poseedor de una voz llena, sonora y vibrante que le trae el apodo de "matraca", es un parlamentario de primera línea. Había aprendido a serlo en Paraná, de cuyo congreso fue taquígrafo, oyendo a oradores, como Subiría, Colodrero, Gorostiaga, Juan María Gutiérrez, Zavalía. "A mi lápiz de taquígrafo – solía decir él – debo mis estudios constitucionales". También fue secretario de la Cámara Legislativa de Corrientes (1867), en el gobierno de Evaristo López, del cual llegó a Ministro de Hacienda, hasta ser derribado por una revolución que el gobierno nacional fomentara y contra la cual Hernández luchó con pluma y espada, como siempre.

Desde el año 1879, cuando aparece "La vuelta del gaucho Martín Fierro", comienza a producirse su evolución política. Ese año se halla con librería de viejo – Librería El Plata", Tacuarí17 – y en la misma tiene instalada su oficina de compra y venta de campos. Este es el año también en que Hernández se reconcilia con hombres como Mitre, a quien le dedica la 11ª. Edición de su libro, y por vez primera. En la biblioteca del Museo Mitre se guarda el ejemplar de esta 11ª. Edición de "Martín Fierro" que Hernández enviara a Mitre junto con la 1ª. Edición de "La Vuelta de Martín Fierro".

Dice la dedicatoria: "Hace 25 años que formo n las filas de sus adversarios políticos – pocos argentinos pueden decir lo mismo; pero pocos también se atreverían como yo, a saltar por sobre ese recuerdo, para pedirle al ilustrado escritor, que conceda un pequeño espacio de su biblioteca a este modesto libro.

Le pide que lo acepte como un testimonio de respeto de su compatriota." JOSE HERNANDEZ. Buenos Aires, marzo de 1879 Hernández siempre tuvo la idea de escribir la 3ª. Y última parte de su poema.

"En mi obra he de continuar
"Hasta dárselas concluida,
"Si el ingenio, o si la vida
"No me llegan a faltar".

La vida le faltó. Queda la incógnita de cómo hubiere evolucionado su protagonista. De matrero – como su autor - ¿se "arreglaría con el juez", se haría hombre de trabajo, según lo fuera en su juventud? Es lo posible, ya que tampoco hubiera sido imposible que su autor, el "Senador Fierro", llegase a la gobernación de la provincia. Tal terminación corría el peligro de hacer que el poema se desbarrancara hasta dar en la moraleja.

A pesar de todo, nuestra fe en el estro de Hernández nos lleva a recordar que si él, en su canto postrero dice:
"Debe el gaucho tener casa,
"Escuela, iglesia y derechos…"
También dice:
"Pero se ha de recordar
"Para hacer bien el trabajo
"Que el fuego pa calentar
"Debe ir siempre por abajo".
Y que é, como poeta, nos promete:
"Siempre corta por lo blando
"El que busca lo seguro;
"Mas yo corto por lo duro,
Y ansí he de seguir cortando…"

7 | FRAGMENTOS DEL LIBRO "INSTRUCCIÓN DEL ESTANCIERO" (1882)

"Instrucción del Estanciero" – Tratado completo para la planteación y manejo de un establecimiento de campo destinado a la cría de hacienda vacuna, lanar y caballar -; es – su título lo indica – un libro técnico. Lo editó Carlos Casavalle el año 1882. Por aquella época, José Hernández era senador provincial (se le decía: "el senador Martín Fierro"). "Reconocida su competencia en asuntos campestres", el gobernador Dardo Rocha lo designó para hacer un viaje por Europa y Australia a fin de estudiar métodos pecuarios y razas animales que pudieran ser aplicados e introducidos en el medio rural bonaerense. Hernández no acepta, pues, no cree que "las formas y prácticas europeas" sean "aplicables todavía a nuestro país por las distintas condiciones naturales e industriales". Ofrece, en cambio, que, "en pocos días, sin salir de su casa ni agravar el erario, escribirá el libro que se necesita". (Va otro, escribe un informe de diez tomos y lo edita el gobierno en una tirada de cinco mil ejemplares. Todo se olvida). José Hernández publica "Instrucción del Estanciero". En este libro, con páginas tan pintorescas como las que consagra a la cocina, por ejemplo, el autor de "Martín Fierro" exhibe sus profundos y vastos conocimientos de campo, su amor al nativo que en él trabaja, su visión del futuro asentada en una segura realidad. El poeta del "Martín Fierro" aparece a cada instante en este libro útil. Sus consejos al mayordomo y al capataz, son dignos de estar en boca de Fierro… y a veces de Vizcacha.

En la imposibilidad de incluir ese libro de 422 páginas, hemos extraído algunos fragmentos capaces de despertar el deseo de los lectores. Valdría la pena cotejar este libro de un idealista con amplia visión de los intereses nacionales y las "Instrucciones" de Rosas, señor feudal, sólo atento a sus propios intereses.

8 | VIDA DE JOSE HERNANDEZ, POR SU HERMANO RAFAEL HERNANDEZ

Al darse a una de las calles de Pehuajó, el nombre de José Hernández, el Consejo Deliberante de aquella ciudad encargó a su presidente, Rafael Hernández, que escribiese sobre el poeta, su hermano. La biografía de aquel fue inserta en un folleto: "Pehuajó, nomenclatura de las calles", publicado en 1896, donde se da noticias de veintiocho poeta argentinos.

Rafael Hernández – nacido el 1º de setiembre de 1840 – tuvo, como su hermano mayor, de quien fue devoto, la inquietud política y la predisposición para las más diversas actividades. Fue legislador, agricultura, estanciero, industrial, explorador, periodista, fundador de pueblos, conferencista, guerrero. Sus escritos son los de un publicista que tan pronto se entrega a la propaganda de los pozos artesianos, como a la del cultivo de una nueva planta, como a la defensa de sus convicciones espiritas. Igual que su hermano, fue luchador, generoso, multiforme, abierto a las más inesperadas iniciativas, pero, fundamentalmente, un hombre de progreso. Escribió mucho, y casi todo quedó disperso. Colaboró en "El Río de la Plata", "Tribuna", "La Nación", "El Día". Publicó libros como "Cartas Misioneras" o "Materialismo y Espiritualismo", "La Verdad Electoral" – Procedimiento eficaz para hacerla práctica con las mismas leyes que están en vigencia…-.

Murió Rafael Hernández en su ciudad nativa el 21 de marzo de 1903, cuando preparaba una edición comentada por él de "Martín Fierro". Su crítica al "Fausto Criollo" de Estanislao del Campo, tan certera, nos anuncia el valor que pudo alcanzar aquel propósito.

1944