Estudios Preliminares

HISTORIA DE AMÉRICA

de DIEGO BARROS ARANA

INTRODUCCIÓN

Este libro, en el cual tantas generaciones de estudiantes de los colegios nacionales hemos tomado el primer conocimiento con la historia de América es, como compendio que abarca desde sus orígenes hasta la Revolución de la Independencia, insustituible. Tiempo hace que se halla agotada .La reedición era necesaria, sobretodo añadiéndole algunas acotaciones, ya imprescindible por la época en la que lo publicó el historiador chileno, Diego Barros Arana.

Como las de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López para los estudios históricos en la Argentina, fueron los libros de Barros Arana la piedra fundamental de la historia en Chile. Ya lo vio así, en 1850, el poeta y periodista Juan Carlos Gómez, cuando el autor de ese libro publicó su primer ensayo. Vio en el autor de Estudios históricos sobre Vicente Benavídez y las campañas del Sur al futuro historiador chileno. La larga y múltiple obra de Barros Arana, no sólo como historiador, sino como periodista y profesor – actividades que él, hombre de vocación, hizo afines de la historia – justificaron el vaticinio.

Nació Diego Barros Arana en1830 y murió en 1908. Fue la suya una inquieta y proficua existencia. Investigó, escribió, polemizó. Todo apasionadamente. Había heredado del padre el ardor para entregarse a una causa. Diego Antonio Arana, el padre, establecido en el Plata luego del desastre de Rancagua, fundó en Buenos Aires El Censor, donde colaboraron algunos destacados chilenos, contribuyó con su capital a la creación de la flotilla de Guillermo Brown y con su capital y su entusiasmo a la organización del ejército con que San Martín iba a emancipar a Chile. Después de Maipú retornó a la tierra natal y ocupó prominentes cargos públicos. A ejemplo del padre, Diego Barros Arana también fundó revistas y periódicos: El Museo, El Correo del Domingo, La Revista Chilena, La Libertad Electoral… Colaborador vehemente, por sus artículos publicados en La Actualidad, fue exilado de su patria en 1853.

Además del primer libro, ya citado, sobre Vicente Benavídez (1850), Barros Arana publicó: Biografía del general Ramón Freyre (1831), Historia de la Independencia de Chile (1854), Purén indómito (1860), Poema de Fernando Álvarez de Toledo que, a manera de La Araucana de Ercilla y El Arauco Domado de Pedro Oña, canta las luchas de los aborígenes de Chile contra los conquistadores. Este poema permanecía inédito, sepultado en un archivo de España, allí lo descubrió y lo publicó Barros Arana, precediéndole de un trabajado estudio. Entre otros libros del autor de esta Historia de América, cabe mencionarse: Colección de historiadores chilenos (1860), Vida y viajes de Hernando de Magallanes (1864), Biografía de Miguel Luis Amunátegui y Las riquezas de los antiguos jesuitas de Chile (1870). Ejerció la enseñanza, ocupó el decanato de la Facultad de Humanidades, y esto lo llevó a escribir libros de texto como una Geografía, una Historia literaria, y un Manual de composición literaria. Se puede agregar a la vasta lista su Epistolario y sus Polémicas, aquel y éstas con escritores argentinos, ya cordiales, ya enconadas debido al debate que en aquella época (1876) se sostenía acerca de los derechos de Chile sobre la Patagonia. Fue amigo y a la vez contendor de Juan María Gutiérrez, de Mitre, de Trilles, de Quesada…

En 1858, al ser desterrado por la violencia de sus artículos, pasó Barros Arana a la Argentina, luego al Uruguay, Brasil, Inglaterra, Francia y España. Este viaje le fue utilísimo. Se hundió entre los tesoros documentales de los archivos de bibliófilo y erudito. Regresó colmado, dispuesto de sacar a la luz el pasado de su tierra. La Historia general de Chile fue el fruto de sus últimas investigaciones y de su jamás eclipsado amor a los estudios históricos. En su prólogo al libro de Magallanes, y haciendo el elogio de aquella biografía por lo bien documentada, por lo prolijamente compulsada y por lo elegantemente escrita, Ernesto Morales dice: "…muchas veces, más cuenta traer a la imaginación de los lectores leer uno de estos libros reales, sin adorno de fantasías, que un libro de aventuras jamás acaecidas o amplificadas por la retórica del escritor"… En efecto, los libros de Barros Arana, dejan entrever a sus lectores cuánto hubiera podido hacer su autor si, en vez de aplicarse a la fecha exacta y ajustarse al dato ineludible, hubiera querido revolotear sobre ellos e imaginar, a modo de los románticos – sea Hugo, sea Dumas, sea el mismo Vicente Fidel López en La novia del hereje – adulteradores, pero también si se quiere, colaboradores de la historia. Ésta, para barras arana, es una ciencia y como tal la estudia y la escribe. Su estilo así lo denuncia. Es un estilo escueto, vigoroso, sin artilugios. Además, pese a lo apasionado de su temperamento, deja al polemista, se enfrenta a la verdad de los hechos y juzga a sus actores con ecuanimidad, aún, en ocasiones, harto generosamente.

Pero Barros Arana es un hombre de su clase y de su tiempo. Como Vicente López y menos que Mitre, es un hombre de centro.

En esta nueva edición de su Historia de América hemos creído útil esbozar algunas acotaciones. ¿Porqué Barros Arana, sea el caso, no dedica un capítulo a la lucha de los comuneros de Nueva granada, de Venezuela y de Paraguay? Son hechos de origen económico, importantes en la historia de América, como lo fue, y fatal, para la España, la derrota de los comuneros de Castilla (1521). Éstos y aquéllos representaban el nuevo espíritu, o sea el de la clase burguesa, que entonces traía gérmenes revolucionarios, contra la clase feudal, su monarquía absoluta y su contrarreforma – Compañía de Jesús, 1534. Tampoco estudia Barros Arana, dándole la importancia que tienen, las guerras llamadas de las Republiquetas – Mitre lo hace, y muy bien, en su Historia de Belgrano, ni la insurrección del pueblo de Cangallo o a las excursiones de los piratas holandeses e ingleses, que tanto influyeron en el despertar ideológico de la clase intelectual criollo-burguesa de las colonias. Hubiese sido interesante asimismo, que Barros Arana, paralelamente, mientras narraba las contiendas y los acontecimientos de la conquista y la colonia, hubiese ido enumerando la literatura que en toda América iba naciendo. Más aún, dando cabida a muchas leyendas que, como la de El Dorado o La ciudad encantada de la Patagonia, tanto contribuyeron, a manera de acicate para aquellos portentosos aventureros, descubridores y conquistadores cuyo valor y audacia sólo tenían pares con su crueldad y su codicia.

Pero sea con omisiones – que nosotros hemos tratado de suplir en la medida de lo posible* - o puntos de vista que, naturalmente, no pueden ya ser totalmente los nuestros, esta Historia de América, merecía ser reeditada y leída por las nuevas generaciones.

*El autor se refiere a las acotaciones hechas por él y que se registran al final de cada capítulo en la versión impresa.

1962