Ensayos y recopilaciones

LA POESIA GAUCHESCA Y NATIVISTA RIOPLATENSE

Primer manuscrito de la Introducción al Ensayo publicado por Editorial Periplo - Buenos Aires - Argentina. Año 1952.

Bajo este dintel irán pasando, por orden cronológico, los poetas que, cultivadores de la poesía gauchesca en el Río de la Plata - o sea: Uruguay y Argentina dejaron una labor notoria, ya sea en lengua dialectal o en idioma culto.

Son ellos: Hidalgo, Ascasubi, Del Campo, Hernández, Obligado, Alonso Trelles, Luna, Quadri, Miguel Camino, Silva Valdés, Novillo Quiroga, Serafín García, Villanueva y Atahualpa Yupanqui.

Sólo con estos nombres no se termina la nomenclatura de la poesía gauchesca, por cierto. Muchos más podrían agregarse. Ya en idioma culto o en dialecto hispano-indo-gauchesco, rastreamos más de un centenar de nombres.

Muchos de ellos publicaron libros o se agruparon en revistas como "El Fogón" de Montevideo director Alcides De María - o "Nativa" de Buenos Aires director Julio Díaz Usandivaras. El movimiento montevideano fue más intenso. Reunió en torno a "El Fogón" muchos hombres cultos, Rectores de la Universidad como Elías Regules, periodistas como Orosmán Moratorio, legisladores como Eduardo Acevedo Díaz. Todo ello allá por el 1900. Sobre este movimiento escribe Zum Felde, historiador de la literatura uruguaya: "La revista El Fogón congregó durante muchos años, en ágape recreativo-sentimental, a los más caracterizados cultivadores del género, entre las personas cultas y urbanas: abogados, médicos, magistrados, burócratas, hombres de negocios. Usando un pseudónimo criollo de "mi flor", los colaboradores de la revista versificaban su inocente afición al mate, al asado, al palenque, a los parejeros, al pericón, a la golilla, al rancho y demás elementos tradicionales de nuestra campaña. Fingiéndose criollos viejos, sostuvieron contrapuntos ingeniosos, de suelta versificación y ameno humorismo. Todo ello, como es natural, sin trascendencia alguna para las letras nacionales. No estaba allí la poesía del gaucho, puesto que no estaba el gaucho y esas payadas domingueras no han pasado del modesto papel de un juego de ingenio".

En este breve ensayo no es posible dar cabida a todos los que han intentado, con más o menos felicidad, el logro del tema más original de nuestra poesía. Con decir que hasta Rubén Darío, el exótico y cosmopolita, lo roza:

"De pronto se oye el eco del grito de la pampa,
brilla como una puesta del argentino sol;
y un espectral jinete, como una sombra cruza.
Sobre su espalda un poncho, sobre su faz, dolor.

- Quién eres, solitario viajero de la noche?
- Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó:
Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre,
de nuestra vieja patria llevando el corazón".

(Del Campo "Prosas Profanas")

El cantor, personaje gaucho al que en su biografía de "Facundo", dedicándole Sarmiento algunas páginas llenas de calor, lo delineó con firmes trazos, fue un elemento importantísimo. Tan importante como el "rastreador" o el "baquiano" que jugaran un papel de primera fila en las guerras gauchas lo fueron todas nuestras guerras civiles y las llevadas contra el indígena. Además de aquellos arquetipos, está el "gaucho malo", pero no se concibe después de Martín Fierro un gaucho malo que no sea cantor. Lo es Juan Moreira no el real, sino el personaje del folletín de Eduardo Gutiérrez y lo es Santos Vega, que ascendió a la categoría de mito. Sobre Santos Vega, el payador por antonomasia; además de Bartolomé Mitre que desfloró el tema en sus "Armonías de la Pampa", además de Ascasubi "Santos Vega o los mellizos de la flor" y de Obligado "Tradiciones argentinas" y de Lehman Nitsche que le dedicó un copioso estudio, se ha escrito profusamente, no sólo poesía, sino dramas, novelas, cuentos, ensayos.

Santos Vega, el payador de los pagos del Tuyú, es ya un personaje legendario, la encarnación del espíritu de la pampa, contendor del Demonio. El payador es tan importante que, en los fogones de estancia, en los vivaques de la tropa más gaucha que milica, en guerra contra otros gauchimilicos o contra indomables araucanos, recibe como homenaje el primer mate o el más selecto trozo de asado, cuando no, las más tiernas miradas de la "china" cebadora, si es en estancia o poblado adonde él llegó, ¿de dónde? ¿Y parte, hacia dónde? Dice una copla popular:

"Santos Vega, el payador,
aquel de la larga fama,
murió cantando su amor
como el pájaro en la rama".

A su vez, se le atribuye la siguiente redondilla, que después se transformó en décima:

"No me entierren en sagrado
donde una cruz me recuerde;
entiérrenme en campo verde
donde me pise el ganado."

Pero en realidad la estrofa no pertenece al gaucho bonaerense que dio origen al mito. Variantes de ella se han encontrado en Asturias, Guadalcanal, Zaragoza, Venezuela, México, las Islas Azores y en Portugal:

"Nao me enterren na egreja
e nem tampoco en sagrado:
N´aquelle prado me enterren
onde se faz o mercado."

De estas contiendas guitarra en mano y canto al viento que iluminaban la vida trabajosa, misérrima y peligrosísima de los gauchos o de las gentes del suburbio: matarifes, carreteros, mayorales de diligencias, charques - ha quedado el recuerdo de Santos Vega, sólo vencido por el "Diablo en persona", de otro cantar correntino que venció él al Diablo haciéndole explotar la Salamanca, su guarida, y el de la payada que de Chile pasó a Cuyo entre el indio o mulato Taguá con Javier de la Rosa, cantor de fama. En la literatura, aquellas "topadas" en verso quedan perpetuadas por la que, en una pulpería, tuvieran Martín Fierro y un moreno. Nada se ha hecho superior a ella. Viven aún gentes que escucharon a Gabino Ezeiza, negro payador de popularidad inigualada, y hay quien conserva cuadernillos con los versos que se cruzaran él y Pablo Vázquez dos noches consecutivas duró la contienda o con Nemesio Trejo o Juan Navas.

Es curioso constatar la similitud que con el moreno rioplatense guarda José Vasconcelos, un negro mexicano, también improvisador repentista, popular en México, allá por los tiempos de la colonia (murió en 1760). Nos habla de él y con elogio de su ingenio, Fernández de Lizardi el autor de "El Periquillo Sarmiento". El negro mexicano era analfabeto, aunque de él, en "Calendarios" aparecidos en 1856, 1872, 1888, 1889, 1890 y aún en 1912 se ha recogido la mayor parte de su musa ingeniosa, dicaz, a veces tan satírica, que fue capaz de atreverse con virreyes como el empinado Horcacitas, a quién dedicó este epigrama anteponiendo la severidad de Horcacitas a la benevolencia del virrey Gálvez, su antecesor:

"Todo lo haces al revés
de Gálvez a quien no imitas;
quitó aquel de la horca tres
y tu tres a la horca citas."

La diferencia entre el moreno mexicano y el argentino está en que aquél es risueño y éste grave, como cuadra a un gaucho. Gabino Ezeiza, no pocas veces, tienta la musa heroica y la pone al servicio de patriadas y contiendas cívicas.

Porque el gaucho se prolongó en el suburbio de las ciudades Montevideo y Buenos Aires sobre todo -, y el compadre, o compadrón o compadrito muy semejante al chulo madrileño -, su hijo, o su eco, también guitarreó, bailó, cantó y tuvo sus payadores célebres: Gabino Ezeiza (1858-1916), del cual se cantó hasta el cansancio su "Saludo a Paysandú", su contendor Pablo Vázquez, José Mará Silva, José Betinoti - quién no sabe aún su "Pobre mi madre querida" de cuya existencia real o forzada se ha hecho una película. Higinio Cazón, también moreno, Luis Acosta García, Nicodemo Galíndez, Federico Curlando, Generoso D'Amato, Antonio Caggiano que llevó la payada a la radiotelefonía José Agustín Dillon, Donato Sierra, Cayetano Daglio, Víctor Gaglieri, Luis García, Ambrosio Río, Ramón Vieytes, Nemesio Trejo que después llegó a estrenar algunos sainetes plenos de gracia y picardía - , Martín Castro, Juan Fulginitti (obsérvese cuántos nombres italianos, hijos de meridionales entre estos continuadores del gaucho cantor). Hubo quien, como Francisco Bianco, llevó a Europa la milonga y el tango de los "peringudines" arrabaleros. Y no sólo payadores dio el arrabal, dio poetas. Mario López Osornio, en "Oro Nativo", nombra a Andrés Cepeda, Félix Hidalgo y Fernández Medina. Editados en folletos, a millares, por empresas a este lucro dedicadas, sus versos corrían de mano en mano, saltaban los límites de la ciudad, invadían los pueblos provincianos. Hasta un periódico, "La Pampa Argentina". Llevó durante años al pueblo las composiciones entre gauchescas y arrabaleras de Manuel Cientofante o de Silverio Manco que comentaban los hechos policiales en tono de milonga.

Fray Mocho en sus "Cuentos" y José González Castillo en piezas de teatro breve como "Entre bueyes no hay cornadas" y "El retrato del pibe"; dan una visión pintoresca y cabal, aunque más risueña que dramática, de lo que fueron aquellos personajes del suburbio, enlabiadores de mucamas y fabriqueras, matones de bailongos o de atrios en día de elecciones, ecos de Pastor Luna, de los hermanos Barrientos y otros gauchos cantores y cuchilleros, algunos de carne y hueso como el Tigre del Quequén, el cual, ya anciano, se asombraba de las proezas y crímenes que le atribuían quienes, cantando, se habían convertido en clarines de su celebridad entre el pueblo.

En sus "Misas Herejes" incluye Evaristo Carriego, ya poeta de jerarquía superior a los antes nombrados, composiciones que retratan al "orillero" o "compadre" "el eco del gaucho" - y sus costumbres. Pinta al "guapo", o sea al gaucho malo del suburbio:

"Con ese sombrero que inclinó a los ojos,
con esa melena que peinó al descuido,
cantando aventuras de relatos rojos,
parece un poeta que fuese bandido."

Porque si la pampa tuvo su Julián Jiménez, o su Hormiga Negra, el suburbio tuvo su Atanasio Peralta o su Juan Olave, también peleadores, cuchillo en mano, y capaces de enfrentar a los policías como aquellos.

Y si la pampa deformó el idioma español culto con arcaísmos, solecismos y neologismos, si en Hidalgo, Ascasubi y Hernández se apropió de aquel dialecto hasta realizar con él obras de arte; también el suburbio hizo algo que se le asemeja, y escribió en "lunfardo" o sea en "orre" en reo en "canyengue" con la pluma de periodistas como Carlos de la Púa ("el malevo Muñoz") o Felipe H. Fernández (Yacaré), algunos poemas que merecen más atención de la que hasta ahora le ha prestado la "gente de letras". (Léase "La Crencha engrasada" de Muñoz y "Versos Rantifusos" de Yacaré.)

Popular en los barrios porteños del sur barrios gringos fue Francisco Rímoli (Dante Linyera), autor de "Semos hermanos", de "Musa Rasposa" y director de revistas como "El Alma que canta" y "La Canción Moderna". Dante Linyera no se limitó a hacer versos sentimentales. Su musa arrostró la protesta social, como la arrostró entre los payadores y guitarreros Martín Castro.

Por fin, lo que fue para la pampa Santos Vega, lo fue para los pueblos y suburbios Gabino Ezeiza. Ya es casi también un mito este moreno cantor que intervino en patriadas cívicas en pos del caudillo Leandro Alem o en la refundación del teatro rioplatense junto al payaso criollo "Pepino el 88", representando en un circo la pantomima de Juan Moreira, el "bandido generoso", reinvindicador de los derechos del humilde, ultrajados por la justicia arbitraria y prepotente o por el rapaz pulpero.

De Gabino Ezeiza se narran proezas de improvisador casi increíbles. Por ejemplo, el pedagogo Rodolfo Senet, hizo pasar ante el payador proyecciones luminosas con vistas de paisajes, y Ezeiza, vihuela en mano, improvisaba rápidamente. Otra hazaña: El caricaturista José María Cao lo interrogó, un poco risueñamente, acerca de los logaritmos. Ezeiza, hombre de pocas letras y de menos números, pidió permiso para informarse. Enseguida cantó:

Señores, voy a explicar
La ciencia del logaritmo,
Si acierto a cantar el ritmo
De mi modesto payar.
Pongamos para empezar,
Dos progresiones enfrente,
Por diferente y cosiente
Correspondiendo entre sí,
Y, ¡ay juna!, saldrá de aquí
Un sistema sorprendente.
Si digo cero, uno, dos
Y tres, cuatro, cinco, seis,
Esta progresión veréis
Como concuerda con los
Términos de otra, uno, dos,
Cuatro, ocho y dieciséis
Analogías tendréis,
Según Juan Nepper dedujo,
Explicándonos por lujo
Lo que ahora observaréis

Y así continuó hasta satisfacer al demandante, sin fatiga, pues Gabino Ezeiza muy capaz era de estarse una noche hasta la alborada cantando.

Esto visto por nosotros, en nuestros días, da una idea de lo que pudo ser en los de antaño, por pampas, serranías y selvas, en tiempos en que hasta generales como Lamadrid eran temerarios y cantores.

Cuando apareció la poesía gauchesca en el Río de la Plata, en las cuchillas del Uruguay, la pampa de Buenos Aires y Santa Fe, los bosques de Entre Ríos y Corrientes, las serranías de las provincias mediterráneas en Río Grande do Sul, Brasil?.

Indios calchaquíes, guaraníes y araucanos poseían arte. El conquistador venido de España traía sus coplas y romances castellanos y andaluces. Azara y Concolorcorvo, en sus viajes, oyeron cantores gauchos. Tres nombres aparecen saliendo de esa masa anónima. Son el de Baltazar Maciel, autor de un romance que comienza con el clásico "aquí me pongo a cantar", en honor del Virrey Ceballos por su campaña contra los portugueses; el de Juan Gualberto Godoy de cuyo poema "Corro" trae referencias Domingo Faustino Sarmiento, hijo, pues se perdió, y que al parecer era un relato de la sublevación del coronel Corro en Salta quizás algo similar a "Los tres Gauchos Orientales" de Antonio Lussich -; por último, el nombre de Bartolomé Hidalgo, autor de "diálogos" y "cielitos" gauchescos, muy superiores a cuanto se conoce de Maciel y Godoy.

Me inclino a considerar a Hidalgo como al iniciador del género en el Río de la Plata. Es, sin duda, el primer poeta gauchesco que escribió composiciones perdurables. De él parte la línea que continúan Ascasubi y Hernández.

Los payadores de la pampa se expresaron siempre en octosílabos que les llegaba, naturalmente, de los romanceadores y copleros peninsulares. En cuanto a la estrofa, cristalizaba ya en redondillas y serventesios, ya en décimas o sextinas, ya en romances. No pocas veces, como se comprueba en el cantar de baile que aparece en "Martín Fierro", emplearon la seguidilla:

"Muchos gauchos presumen de tener damas."

O en canciones como la vidalita o la media caña, el hexasílabo. Los poetas gauchescos continuaron con el octosílabo clásico. Lo emplean exclusivamente Hidalgo, Ascasubi y Hernández. Los posteriores ya usan también el endecasílabo y aún el alejandrino, y sus combinaciones con el heptasílabo.

Mucho se ha escrito en pro o en contra del gaucho como individuo y aún como entidad social. Nos limitaremos aquí a reproducir dos opiniones nada más, las dos valiosas. Dice en sus "Memorias" el general español García Camba que hizo la guerra contra los gauchos del norte: "Eran hombres extraordinarios a caballo, diestros en todas las armas, individualmente valerosos, hábiles para dispersarse y volver de nuevo al ataque, con una confianza, soltura y sangre fría que admiraba a los militares europeos, tanto o más jinetes que los cosacos o los mamelucos"Š Y el gran Darwin, en su "Viaje de un naturalista alrededor del mundo" escribe sobre los gauchos del sur: "Los gauchos o campesinos son muy superiores a los habitantes de la ciudad". Y reconoce al gaucho estas condiciones morales: "Servicial, cortés, hospitalario, humilde, audaz y valeroso".

No he traído a la ventura la opinión de García Camba y de Darwin sobre los gauchos del norte y los del sur. Se diferencian. Habitante el uno de montañas y selvas, de cuchillas y pampas el otro, descendiente el uno de españoles y calchaquíes, de araucanos y españoles o de españoles y guaraníes o solamente de españoles de andaluces - el otro, sin olvidar que hubo gauchos negros y mulatos, zambos y cuarterones; el gaucho del sur, el de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Uruguay como el brasileño de Sao Paulo do Sul, presenta un tipo étnico diferente al de las provincias mediterráneas y norteñas de la Argentina. Y aún entre éstas podría encontrarse distingos. Un gaucho de Cuyo y otro de Catamarca, por ejemplo, no cantan lo mismo, ni bailan las mismas danzas, ni usan los mismos instrumentos, ni emplean los mismos vocablos de su "presunto idioma" gauchesco. Los barbarismos y neologismos, contracciones y alteraciones fonéticas con que adulteran su español un español matizado de arcaísmos no es idéntico ni con mucho. En su "Historia de la Literatura Argentina" trae Ricardo Rojas una colección de coplas bilingües o sólo quichuas oídas a payadores norteños o de guaraníes e hispano-guaraníes oídas a payadores del literal. Por su parte, misioneros como Falkner o viajeros como Zeballos, han reconocido versos araucanos o arauco-españoles en sus andanzas pampeano-patagónicas.

Puede verse en los poetas dialectales de hoy, Novillo Quiroga y García, Atahualpa Yupanqui y Luna sur y norte, respectivamente la bien marcada diferencia de lenguaje, ya que en Luna y Atahualpa Yupanqui lo indígena es más evidente.

El gaucho de la colonia cantó sus amores y sus pesares, también, zumbonamente, con intención picaresca, sus alegrías. Pero llegan las luchas por la independencia y su musa se torna épica. El "cielo" y aún la "vidala", composiciones amorosas, se convierten en combativas, y así continúan durante las guerras civiles hasta intensificarse con la gesta de unitarios contra federales y en el Uruguay de "colorados" contra "blancos". El "triste" el "yaraví" de las alegrías se embravece. La "cifra" el "trovo", cantados antes para elogiar la belleza femenina, se convierten en armas, con ellos se elogia al caudillo de su bando o se denuesta al del enemigo.

De esta copiosa poesía circunstancial, improvisada, poco ha quedado. Excepción hecha de Hidalgo en la lucha por la independencia y de Ascasubi en la de unitarios contra federales, no se conservan más nombres. Aunque examinados con rigor poco queda también de los poetas cultos de la misma época.

En el libro que antes mencioné - Historia de la Literatura Argentina de Ricardo Rojas - se recogen coplas y canciones del pueblo y de poetas, que han legado su nombre, siempre con espíritu de selección. (Dados sólo a exponer, el volumen de este libro se multiplicaría.) En él se incluyen poetas gauchescos dialectales y cultos, a los que se ha llamado nativistas. Bartolomé Hidalgo con sus "diálogos" y "cielos" y Esteban Echeverría - con "La Cautiva" - son los iniciadores de ambas corrientes.

Cabrían otros distingos. Hay quien ha escrito literatura gauchesca "para divertir" a los puebleros y quien la ha escrito para pintar con indignada justeza la explotación y la injusticia que sobre el gaucho pesaban: Del Campo y Hernández. Hay quien ha falseado el personaje, lo ha trajeado de romanticismo, ha ocultado las penurias de su vida "él nada gana en la paz y es el primero en la guerra": Magariños Cervantes con "Celiar", Ricardo Gutiérrez con "Lázaro", Obligado con "Santos Vega", Soto y Calvo con "Nostalgia", Ricardo Guiraldez con "Don Segundo Sombra"ŠEstá frente a ellos, mostrándonos el gaucho de verdad, el "gaucho rotoso", el que peleó con Guemes, con Belgrano y con San Martín primero, el que se desangró en las guerras civiles, tras de Artigas o los demás caudillos o en los fortines para enfrentar malones después, el que dejó su juventud en las estancias, trabajador de sol a sol ejecutando las más rudas y peligrosas tareas, para siempre morir miserable; Quién va a ser el cantor del verdadero gaucho sino Hernández, siempre Hernández?

Hay un gauchismo exterior, descriptivo, tradicional, pintoresco y costumbrista, hecho por literatos para literatos. Este gauchismo oculta en su fondo una idea conservadora, ya que levanta culto a un ayer superado por nuevas expresiones de civilización y se opone a lo foráneo, ridiculiza al gringo, lo personifica en Sordetti, el pulpero, o en el bufón Cocoliche. Pero hay otro gauchismo que se abre a las posibilidades que el tiempo renovador aporta. Un atisbo de él hallamos en dos décimas del "Santos Vega" de Obligado, al hablar de "Juan Sin Ropa", el misterioso contendor de aquél:

"Era el grito poderoso
del progreso dado al viento:
el solemne llamamiento
al combate más glorioso.
Era, en medio del reposo
de la pampa ayer dormida,
la visión ennoblecida
del trabajo antes no honrado;
la promesa del arado
que abre cauces a la vida.
Como el mágico espejismo
al compás de ese concierto,
mil ciudades el desierto
levantaba de sí mismo.
Y a la par que en el abismo
una edad se desmorona,
al conjuro en la ancha zona
derramábase la Europa,
que sin duda Juan Sin Ropa
era la ciencia en persona."

(Rafael Obligado La Muerte del Payador)

Con más insistencia, ese tópico de evolución de lo gauchesco, tópico constructivo, lo hallamos en Fernán Siva Valdés, en composiciones como "Hombres rubios en nuestros campos", "Mi nuevo nativismo", "Bienvenida al gringo","Poema a la extranjera", "Cruza" y otros:

"Recibir a los gringos con los brazos abiertos y en un abrazo estrecho dejarlos acriollados. Modernizar la estética y ampliar el panorama del viejo criollismo poner dentro del hueco de la vieja guitarra germen de cantos nuevos."

Tal el programa que se propone el poeta uruguayo.

Con él coloca su inspiración gauchesca al ritmo del hoy que arriba segundo tras segundo en cada ola del Atlántico. El gauchismo rioplatense, abierto a sus vientos vivificadores, no podía amurallarse en lo tradicional. Su inmovilidad le hubiera traído la definitiva muerte. Por eso nacen muertos la mayoría de los poemas gauchescos de quienes intentan cantar hoy como lo hicieron los poetas de ayer. Estos cantaban entonces lo que vivían y los de hoy no pueden dar vida al recuerdo. Nada más de vanguardia que la poesía. O es atalayadora del futuro o no es poesía.

Quiero imaginar a Hernández componiendo la tercera parte de su poema. Quiero imaginar al hombre del progreso, al constructor que él era, según puede comprobarse echando un vistazo a su vida desde 1880 en adelante: Sus ideas sobre colonias (prólogo al libro de Carlos del Vasco), su fundación de la primera compañía de seguros que existió en el país, sus proyectos sobre un camino al través de Los Andes, su proposición de fundar una universidad en La Plata, ciudad en cuya creación tomó activa parte, su defensa de la federalización de Buenos Aires para unificar el país dividido en feudos, sus ataques a la rémora del latifundio y tantos otros proyectos que señalan su paso como hombre de acción por la Legislatura de la Provincia. Esa acción, me imagino, se hubiese proyectado sobre esa tercera parte del poema que la muerte no le dejó realizar, así como la acción de toda su vida se proyectó sobre las primeras partes. Entonces hubiésemos tenido, además de la obra completa, la norma de un gauchismo orientado hacia el horizonte que se abre al oriente, el que nos trae el cotidiano sol, por donde llegaron las Carabelas de los hombres blancos, los civilizadores de ayer y por donde hoy nos llegan maquinarias y libros.