Ensayos y recopilaciones

LA POESIA DIALECTAL PORTEÑA

Editorial Peña Lillo - Año 1961 - Buenos Aires

AMBIENTE

La Argentina es un mundo. La Argentina es, como México o como brasil, un mundo de realidades y más aún de posibilidades maravillosas. Falta descubrirlo y conquistarlo. La Argentina posee todos los climas, desde el subtropical al norte, hasta el polar al sur. Y enormes pampas fértiles, selvas vírgenes, montañas que guardan tesoros, ríos potentes, lo imprevisto en sus lagos patagónicos y un futuro de riquezas en el subsuelo. Está poblada – o casi poblada -, pues, Portu extensión, admite diez veces más seres humanos de los que posee - está poblada por hombres de las más diversas razas que se han mestizado. Se ven en ella hijos de inglés y criolla o de turca e indio guaraní o de francesa y español o de italiano y negra… Un país así habitado, por fuerza, ha de expresarse con los poetas más diversos y antagónicos. Se dijera que no son de un mismo país, a veces, quienes versifican los misterios de las cumbres andinas o las soledades pampeanas o las "agachadas" del arrabal de Buenos Aires.

Las lenguas aborígenes, ya sea la de los quichuas o calchaquíes o guaraníes o araucanos o tehuelches, han incidido poderosamente. Esto y los neologismos, los solecismos y hasta los arcaísmos dejados por el conquistador y que se perpetúan en las campiñas cuando en las ciudades, y en la propia España, ya han desaparecido del habla común. Ahí está ese vos en lugar de tú, ese confianzudo vení, ahí está ese che tan usado aún por la gente culta de las ciudades del litoral que en algún país, en Chile por ejemplo, a los argentinos se los llama "los che".

Nuestro propósito, en este ensayo, es hablar de la poesía arrabalera y no de la escrita en idioma culto. Precisamente, en la que el arrabal sólo es el tema, como la poesía de Evaristo Carriego y otros, sino de la poesía expresada en el caló porteño o, por otros nombres, en lunfardo o lunfa o rasposo o canyengue o rante o rantifuso u orre o vesrre… que todos estos nombres toma el dialecto de Buenos Aires. Lo que en Madrid se llama "germanía" o en París "argot".

EL INDO – GAUCHO – ESPAÑOL

Antes de entrar en materia, para mejor orientarnos en las regiones no bien delimitadas del lunfardo que, nacido en los mal empedrados suburbios invadió las calles asfaltadas, cotejemos algunas poesías compuestas, no pocas veces por hombres cultos en lenguaje indo-español por así llamarle. He aquí como escribe Santos Garrido (autor de "Madreselvas" y "El agregao", expresión típica de la musa gauchesca pampeana:

"¡Andate, chinita! Mi fogón es chico
dejá quieto el juego. No soplés ansina
no sean que güelen
tuitas las senisas
con que y'hase mucho
lo tapó la bida…

El mester de gauchería, el pampeano, ha tenido una singular influencia en la conformación del dialecto bonaerense. En los versos de Santos Garrido observamos que el fuego es juego, que vueles es güeles, que no existen ces ni zetas. Todas son eses (senisas) que la v es sustituida por la b (bida) y que aparecen los arcaísmos ansina por así, tuitas por todas.

Si nos corremos más al sur, a la Patagonia, encontramos en San Martín de los Andes (Neuquén) al poeta Miguel Andrés Camino, hombre culto, periodista, conocedor de idiomas extranjeros, autor de "Chacayaleras" y de "Chaquiras":

- ¿Cómo es eso m'hijo
que te habís metio
con la Felicinda?
- Yo que sé
lo que sé decile
es que Felicinda
me robó el pañuelo;
yo, por recobrarlo,
l,estaquié los brazos
contra la paré;
ella muerta'e risa,
me ofreció sus labios…
La besé
La monea aquella
Me supo tan güena
Q'el pago aceté.
Así jué.

Vemos aquí la sustitución de la f por la j (jué en lugar de fue como el pampeano anterior), la supresión de la d final (paré en lugar de pared), la contracción: muerta'e risa, en lugar de muerta de risa. Y monea por moneda, aceté por acepté, metío por metido. Todas modificaciones comunes con los pampeanos. Muchas las hereda el dialecto de la ciudad. Pero en Camino aparece un habís en lugar de has que encontramos en los poetas del norte, los influidos por calchaquíes:

Dormite, m'hijito,
pues tengo que hacer;
hilar mucha lana
ponerme a tejer.

Vos en tu hamaquita,
m'hijito dormí
que yo p'al trabajo
me tengo que dir.

Tu mansa cabrita
leche te dará,
tomala, m'hijito,
tu madre se va.

El patrón se enoja
si te llevo a vos…
¿Qué hacer? ¡Ay, m'hijito,
llorando me voy!

En esta canción de Cuna calchaquí, anónima, vemos ese pa en vez de para, dormíte, en vez de duérmete, tomala, en vez de tómala… Modalidades comunes de los poetas pampeanos y los dialectales arrabaleros.

Siempre en el norte, encontramos a José Ramón Luna, en la Catamarca andina, periodista, autor de películas cinematográficas, de novelas como "Huaira Pucá" y de colecciones poéticas tan meritorias como "Guascha locro", "Caja chayera" y "Tinajero soy"…

Y sí, señor, m'hi machao
con aguardiente y aloja…
Habiendo vida y salú
lo demás nada me importa.

Y sí, señor, ya me ve
trompezando en lo parejo
y peliando a topetazos
con la sombra y con el viento.

Y sí, señor, m'hi machao
pero hi chupao con mi plata;
el tintillo q'hi bebio
me ha brotao de las espaldas…

En vez de machado (o sea embriagado) machao, la i sustituyendo a la e (m'hi en lugar de me he, peliando en lugar de peleando).
Más al norte aún, en Jujuy, ya en los límites con Bolivia, encontramos a Gaspar Medrano Rosso, autor de novelas, piezas teatrales, leyendas y poesías:

¡Alalau tatita!, que no más haremos,
de los Andes sopla un friyo muy juerte,
¡Juyamos, juyamos!, ¿dónde mismo iremos?
Porque este es el friyo que traye la muerte…

Y ese friyo en lugar de frío, ese traye en lugar de trae ya son cosas ajenas a los pampeanos del litoral y a los dialectales porteños. El de aquellas latitudes argentinas es otro hombre, su raza, su psicología, su idioma, su reacción frente a los embates de la vida son otros.

EL MUNDO DE BUENOS AIRES

Así como la Argentina es un mundo, puede decirse que Buenos Aires – lo es toda gran urbe – también es un mundo. "Buenos Aires es una y es múltiple – escribe donosamente el poeta Miguel Etchebarne – tendida entre la pampa y el Plata, entre la aspereza y la esperanza"… Buenos Aires ha sido siempre una ciudad múltiple, como hecha con retazos de pueblos transformados en suburbios. Ya lo observa así Juan Agustín García en "La ciudad indiana", estudiando la Buenos Aires de la Colonia. Cada barrio es como si fuese otra ciudad. Tiene sus características propias. Belgrano es distinto de Flores, Palermo distinto de Constitución, Boedo distinto de la Boca. Unos son laboriosos y tranquilos, otros, como el antiguo Palermo, son amenazantes, sigilosos. De este barrio, ayer suburbio y hoy centro de la ciudad, llamado antes "Tierra del Fuego", escribe el cronista francés Taullard: "Sus elementos eran quisquillosos y pendencieros. Las serenatas solían terminar a garrotazos y las rencillas a puñaladas". "Después de todo – decía, ingeniosamente, un un viejo caudillo electoral – en la "Tierra del Fuego" tenemos las tres cosas necesarias para la vida de aventuras: Tenemos hospital, tenemos cárcel y tenemos cementerio". Un coplador anónimo resume en un dístico la conciencia que de su temeridad poseía el hombre de ese barrio. Dice:

Hágase a un lao, se lo ruego,
que soy de la Tierra'el Fuego.

El hombre se siente tan bravo que se teme a sí mismo; al parecer teme "desgraciarse" como llamaba el gaucho a la acción de matar en pelea. (Dato curioso: así también lo llama el mujik ruso). Y como Palermo, otros barrios: Nueva Pompeya, Mataderos, frecuentados por gente cuyo propio oficio les ponía el facón en la mano y por reseros que venían de la pampa trayendo hacienda. La Boca es algo muy diferente. Es un barrio de italianos, de genoveses marineros, y ha dado un gran acopio de artistas plásticos. Un visitante italiano escribe sobre este barrio de "yeneises": "Los hombres son en la Boca fuertes y suspicaces, las mujeres no lo sé, porque con hombres así me he cuidado muy bien de conocerlas demasiado. Sé con oda certeza lo siguiente: que en la Boca hallarán muchísimos hombres animosos, pues, también existen, en esa especie de transtíber, una colección de almas fuertes y generosas, de sentimientos evidentes italianos, que en las grandes ocasiones se manifiestan de un modo admirable, porque aquí la población es en gran parte de italianos; pero hay también buena cantidad de bandidos, de cumplidos o fugados de las prisiones patrias, de condenados en rebeldía, de aspirantes al presidio"… Fernando Ressaco escribe esto en 1891 en su libro "En las riberas del Plata". Desde entonces, la Boca, como Palermo, los Mataderos, los Corrales o Puente Alsina se han modificado, por supuesto. Las relaciones mutuas, como que hay más civilización, se han aceitado, los engranajes crujen menos.

EL ORILLERO

El "compadre", el "malevo", el "orillero", o sea el habitante de los suburbios cuya vida ha dado origen a milongas y tangos y, por último, a la poesía dialectal porteña de un Felipe Hernández (Yacaré), de un Carlos de la Púa, de un Dante A. Linyera, o de un Alcides Gandolfi Herrero; es, como el gaucho, un personaje histórico. Como el gaucho tomó parte en las guerras civiles y en las contiendas electorales, estas últimas resueltas más a tiros que a votos. Aparece ya el compadre en el motín del 5 y 6 de abril de 1811, llegando a los Corrales de Miserere, a caballo, para derrocar al primer gobierno constituido. ¿Y qué fueron sino de compadres, de orilleros, las masas que apoyaban a Borrego, Rosas, Mitre, Alsina, Alem, Tejedor, y a todos los caudillos ciudadanos? El propio sarmiento, hablando de Adolfo Alsina, su vicepresidente, con quien el belicoso primer mandatario chocó a la primera "topada", decía: ¿"Se cree que me va a llevar por delante ese compadrito porteño"? y no le faltaba razón.

Los hombres de frac y de galera alta, antes del 900, los "caballeros" del club del Progreso y del Jockey Club, por un quítame esas pajas, se asesinaban en duelo con balas de verdad; tenían mucho de compadre que, por una mirada de soslayo, desenfundaba el facón de la cintura o lo extraía de la sisa del chaleco, y en el primer baldío, como los Martín Fierro o los Juan Cuello gauchos, se partía el corazón o se dejaba "mostrando el sebo" de las tripas. Ya más armonizado con los tiempos en que las calles tenían no sólo luz de luna y en que los vigilantes ya eran también crioyos, capaces de "pelar el machete" y partirle el "mate"al más "pintao"; son los cazurros compadres que encontramos en los cuentos de Fray Mocho o en los brochazos de Felipe Luna, de Enrique González Muñón o de Last Reason, en los sainetes de Florencio Sánchez, Carlos Pacheco, Nemesio Trejo y González Castillo. En un cuento de Fray Mocho, un compadre se pinta a sí mismo: "Aquí ande me ves, con mi sombrero requintao y mi pañuelo en el pescuezo, soy hombre que lo mesmo me siento en el pescante de un coche particular de esos que tienen caballos como los de aura, que se estiran en cuanto se paran y levantas la cabeza con orguyo, como si jueran dotores, que entre el molinete de una chata con cola. Yo nací en la calle Maipú, ¿sabés?... En la casa'e los García y h'estao acostumbrao a darme con gente, no con basura"…

Repárese en los arcaísmos ande por adonde y mesmo por mismo, como en otras gaucherías de su lenguaje (aura por ahora), algunas de estas típicamente andaluzas. Yo mismo he escuchado hablar así a campesinos andaluces, hace pocos años, en la Patagonia, campesinos llegados de su tierra natal y enseguida hundidos en una chacra de Río negro sin diarios y sin radio siquiera. El compadre u orillero, cuando ascendido a matón llegaba a ser malevo o pesao o taita o guapo o taura; oscilaba entre dos tipos: el gaucho de la pampa y el chulo madrileño. ¿Su indumentaria?: traje negro, saco cortón con altas hombreras, chaleco cruzado, pantalón a la francesa – o sea a lo obrero francés, abombachado -, a fin de dejar ver el fino botín con tacos altos, pañuelo de seda al cuello – o sea la "golilla" del gaucho – chambergo requintado, melena, bigote, clavel en la oreja o en la cinta del sombrero; a veces en lugar del clavel en la oreja, un pucho de cigarrillo o un escarbadientes. Como detalle: la longitud de las uñas en los dedos meñiques"…

El compadre, según la edad, compadrito cuando muy joven, compadrón cuando ya era hombre maduro y aún canoso; no siempre es un haragán de "esquinas" – almacenes de barrio descendientes de la pulpería -. Trabaja de carrero, de matarife, de vendedor de resaca, de frutero, de mayoral o conductor de tranvías a caballo… y no pocas veces de "guardaespaldas" de un caudillo o caudillejo. Las esquinas donde bebe y juega a los naipes, los "peringundines" – bailes de baja estofa donde baila valses, mazurcas, milongas, polcas, después tangos, casi exclusivamente tangos -, los reñideros de gallo y las carreras son sus diversiones. Y si la tradición gaucha dejó los nombres de un Juan Cuello o de un Juan Moreira o de un Tigre del Quequén como guapos, capaces de enfrentar a la policía y pelear uno solo contra muchos, la tradición arrabalera ha dejado nombres como el de Juan Muraña o José Olave o Avelino Galiano o Anastasio Peralta o Juan Tink, éste de origen inglés, - como hubo ingleses bien agauchados. Yo, siendo adolescente, por los barrios del sur, antes de ayer barrios de negros y hoy de gringos, conocí a "Braso'e fierro" como le decíamos. Se llamaba Domingo Brignoli, era hijo de un albañil y de una lavandera italianos. Cuando se emborrachaba, tomaba una guitarra y un poncho y salía a la calle, provocativo, con el poncho arrastrando, a ver quién se le animaba a "pisarle el poncho" para achurarlo. Sin borrachera se le iba el matonismo y volvía a ser un pacífico obrero, como el padre. El folclore suburbano ha recogido algunas coplas de compadres verseadores. Por ejemplo éstas, provocativas:

"Vení no más, compadrito,
Cuchillito a la cintura,
Salí al medio de la calle,
Te deshago la figura".

"Qué estrilo le da al talón
cuando la media está rota
pero más le da a la bota
cuando es corto el pantalón".

O éstas, burlonas:
"Mi madre se llama Clara
y mi hermana Claridá;
yo me llamo francamente…
¡Miren qué casualidá"!

"Como soy canchero viejo
me requinto el chamberguito
y la polca del espiante
es mi baile favorito".

O ésta, amorosa:
"Mañana por la mañana
me voy a las cinco esquinas,
a tomar un mate amargo
de la mano de mi china".

O ésta, profesional:
"Soy carrero de l'Aduana,
tengo una chata de lay,
mi chata es chata con cola,
¡solo le falta cantar!

O éstas, jactantes:
"Yo soy del barrio del Alto,
donde llueve y no gotea,
a mí no me asustan sombras
ni bultos que se menean".

"Soy del barrio'e Monserrá
donde relumbra el acero,
lo que dije con el pico
lo sostengo con el cuero".

El compadre, o compadrito o compadrón se "floriaba" con las inscripciones de su carro: "Me alquilo, pero no me vendo", "Por tu mirada, la vida", "El que me envidie, reviente", "Donde para este varón, hacen fila las mujeres", "¡Macho!, gritó la partera". Siempre la compadrada jactante y provocativa, a lo chulo de Madrid o a lo gaucho matrero. Cuando el tráfico de Buenos Aires se hizo molesto a causa de los innumerables vehículos, detrás de las chatas y camiones apareció este letrero: ¡Sufra! Siempre la agresividad y la prepotencia, la "prepo" dialectal. El compadre, que trae su nombre de un tratamiento, de algo así como el "amigo" o "aparcero" o "cuñao" de los gauchos; tuvo sus héroes del cuchillo y tuvo sus cantores. Si al "Juan Moreira" – el creado por Eduardo Gutiérrez, el que pasó a la tradición, no el real, corresponde un José Clave, para el mítico Santos Vega pampeano está Gabino Ezeiza, cantor del suburbio, como el payador y el guitarrero y para el tango Carlos Gardel, de perdurable memoria en discos, radios y orquestas típicas.

GABINO EZEIZA

De los antiguos payadores que, a veces, como Gabino Ezeiza, escribían sus versos; éste es el más recordado. Puso su voy su guitarra al servicio de campañas cívicas o de luchas civiles, como su "Canto a Paysandú", cantó en teatros y circos. La popularidad aureoló su vejez. Se cuentan de él hazañas como ésta: Le pasaban con linterna proyecciones luminosas y él las comentaba en verso improvisando sobre lo que por primera vez veía. En otra ocasión se le pidió un poco risueñamente, una explicación sobre lo que eran los logaritmos. Ezeiza, hombre de pocas lecturas, rogó que se le informase acerca de esa palabra, seguramente oída por primera vez. Y entonces se puso a cantar esto:

Señores, voy a explicar
la ciencia del logaritmo,
si acierto a cantar el ritmo
de mi modesto payar:
pongamos para empezar
dos progresiones enfrente,
por diferencia y cociente
correspondiendo entre sí.
Y ¡ahijuja!, saldrá de aquí
un sistema sorprendente.

Si digo cero, uno, dos
y tres, cuatro cinco y seis
esta progresión veréis
como concuerda con los
términos de otra, uno, dos,
cuatro, ocho y dieciséis…
Analogía tendréis
según Juan Nepper dedujo,
explicándonos por lujo
lo que ahora observaréis…

Y así continuó hasta satisfacer la pregunta, sin fatiga, pues Gabino Ezeiza muy capaz era de estarse toda una noche cantando hasta la alborada. ¿Hubo poesía en los versos de tales repentistas? Poca, seguramente. Pero hubo ingenio, fuera de dudas. A otro payador, el mulato Silvino, se le solicitó que hablara sobre la metempsicosis. No se inmutó. Y salió del paso de este modo, a fuerza de guitarrazos, (¡rum, rum!) que le daban tiempo para cavilar su respuesta;

Al que me mete en sicosis (¡rum!)
al que me mete en sicosis (¡rum!)
al que me mete en sicosis
le digo en estilo vario (¡rum, rum!)
le digo en estilo vario
le digo en estilo vario (¡rum, rum!)
al que me mete en sicosis
le digo en estilo vario,
¿por qué al mandar la pregunta
no me mandó el diccionario? (¡rum!)

Vaya otra anécdota para demostrar lo frescorales que eran estos payadores. En una gira electoral, el doctor Rodolfo Moreno, gobernador de Buenos Aires, llegó a un pueblito donde se le esperaba con asado y empanadas. Al llegar él, un infaltable payador fue a saludarle:

"Llega Mariano Moreno"…
Alguien le susurró:
"No se llama Mariano, se llama Rodolfo"…
Y el de la guitarra siguió tranquilo:
"Llega Mariano Moreno;
llega Mariano Moreno;
aunque se llama Rodolfo
según me lo están diciendo"…

LA POESÍA ARRABALERA

¿Cuándo apareció la poesía arrabalera? Sería difícil responder a tal pregunta. No han quedado crónicas de ello, como quedaron las páginas del naturalista Azara o del cronista Concolorcorvo que nos hablan de los payadores gauchescos encontrados en las vaquerías coloniales. Las payadas pasaron de la pulpería pampeana a las esquinas o boliches suburbanos, a los teatros y salones de baile. En unos y otros sostuvo payadas célebres Gabino Ezeiza (1858-1916) con Pablo Vázquez o Juan Navas. Otros nombres de cantores o guitarreros suburbanos tenemos en Higinio Cazón, moreno como Ezeiza, en José Betinotti, en Luis Acosta García, en Federico Curlando en Generoso D'Amato, en José Agustín Dillon, en Antonio Caggiano, en Donato Serra, en Cayetano Daglio, en Ambrosio Río, en Martín Castro, en Juan Fulginitti, en Francisco Biando que llevó a Europa el tango y la milonga. Obsérvese cuántos apellidos italianos descendientes de meridionales persisten entre estos cantores de suburbio que presumían de muy gauchos. Hubo hasta un periódico, "La Pampa Argentina", y una editorial dedicados a publicar sus versos. Ya con más pretensiones, aparecen nombres de poetas de arrabal, por ejemplo: Manuel Cientofante, Silverio Manco, que comentaba en verso las noticias policiales, Félix Hidalgo, Fernández Medina, Andrés Cepeda, cultores de la milonga. En 1910 Cepeda publicó "Gorjeos" en los que hallamos décimas bien construidas:

"Tiene muy lindos colores
la mariposa liviana,
mil encantos la mañana,
tiene la estrella fulgores,
perfume tienen las flores,
misterio la fuente pura
el campo tiene frescura
el viento canciones suaves,
gorjeos tienen las aves…
¡Sólo yo tengo amargura!"

Los payadores no han desaparecido. Por Radio Solís, de Montevideo, sea el caso, diariamente se trasmitía un concurso de payadas. Los vencedores – argentinos y uruguayos – pasaban a formar parte de los elencos de radios y peñas.

MILONGA Y TANGO

Estos payadores de "esquinas", autores de milongas, nos conducen a los letristas de tango y éstos, a su vez, a los poetas dialectales. Vicente Rossi en su pintoresco libro "Cosas de negros", aparecido en 1926, afirma que el tango, descendiente de la milonga, nació en las academias, como se llamaba a los salones de baile en Montevideo. Y conste que la más frecuentada de tales "academias", la de San Felipe, se clausuró en 1879, lo cual indica su edad remota. Según el autor de "Cosas de negros", la milonga aunó la sentimentalidad africana con la ingeniosidad rioplatense; en ella todo es propio – dice – nombre, ritmo, técnica, ritual y lenguaje. Emulación de la danza cubana, se plasmó en su música, pero cuando triunfaron sus originalidades se fue creando la propia, instrumentada por los maestros del suburbio. Entonces tuvo sus títulos, y ellos nos dan otra prueba de que la milonga no fue sensual: "Mate amargo", "Cara pelada", "Kyrie Eleison", "Pejerrey con papas", "Señor comisario"…

A la milonga de "meta y ponga", en peringundines, vocablo de origen genovés, la sustituyó el tango "con corte y quebrada", el "tango milongón, corazón del arrabal, viruta musical, viruta de bandoneón"… como lo define, acariciante, el poeta nativista Silva Valdés. Sigamos oyendo voces de poetas para la definición del tango. Escribe Julián Enciso:

"Antípodas cadencias riman tu exordio
y llegan a conjuros de tu molicie,
los motivos hidalgos del clavicordio
y las torpes matracas de la negricie.

Tú robaste a la jota todo su fuego,
a la ingenua milonga su alma pampeana,
las curvas elegantes al baile griego
los giros solapados, a una gitana"…

Otro poeta, Miguel Camino, habla en una de sus "chaquiras" sobre el origen del tango, y se lo atribuye a los Corrales, barrio bonaerense:

"Nació en los Corrales viejos,
allá por el año 80.
Hijo fue de una milonga
y un pesao del arrabal.
Lo apadrinó la corneta
del mayoral del tranvía
y los duelos a cuchillo
le enseñaron a bailar.
Así en el ocho
y en la sentada
la media luna
y el paso atrás,
puso el reflejo
de la embestida
y las cuerpeadas
del que se juega
con el puñal"…

Pero el tango nacido en los arrabales pasó al teatro, a los cabarets, a los salones, se urbanizó, y quienes antes lo rechazaban lo cantaron y bailaron. El poeta José Sebastián Tallon que conoció a Grecco y otros compositores de la primera hora en su libro: "El tango en su etapa de música prohibida", habla de esta traslación del tango desde el suburbio al centro de Buenos Aires, a los cafés de la calle Corrientes y peñas de la Avenida de Mayo. El tango llegó a Europa. Vemos entonces que el Kaiser prohíbe bailarlo a los oficiales del ejército alemán, que el Arzobispo de París lo fulmina con su anatema, que un escritor argentino, Enrique Larreta, en 1914 cónsul en París, lo condena a muerte: "El tango – escribe Larreta – es en Buenos Aires una danza privativa de las casas de mala fama y de los bodegones de peor especie. No se halla nunca en los salones de buen tono ni entre personas distinguidas"… Al pueblo y a los poetas, poco les importan los escrúpulos entre falsimorales y tontiestéticos de monarcas, arzobispos y escritores ajenos a él, engolados.

El tango triunfa.

El escritor Roberto Cunningham Graham, un inglés muy agauchado, en su libro "El Río de la Plata" nos da sus impresiones sobre el tango, después de haberlo visto bailar en un hotel lujoso. Escribe: "Eran los primeros días del advenimiento del tango argentino, la danza que ha dado vuelta al mundo en un contoneo de caderas. Las señoras lo declaraban encantador, cerrando los ojos y dejando posar un ligero temblor de emoción por sobre sus labios. Los hombres afirmaban que era la única danza de ser bailada. Era tan española, tan sin convenciones, combinaba todos los movimientos estéticos de las imágenes que aparecen en los vasos etruscos, con la gracia extraña de los gitanos húngaros"… El español José María Salaverría escribe: "Para el público de París o de Londres, el tango no es más que una danza exótica, vagamente pecaminosa, que se baila por lo que tiene de sensual, pervertida y algo bárbara. En Madrid gusta el tango por el canto. He aquí la diferencia esencial que conviene advertir". Así es, lo que nos interesa para seguir la línea que va del "mester de gauchería" al "mester de lunfardía", desde Bartolomé Hidalgo y Hernández, gauchescos, a "Yacaré", dialectal, pasando por gabino Ezeiza, payador, y Celedonio Flores, letrista; es el canto, no sólo la danza y la música, es qué se dice en los versos y cómo se dice, su lenguaje.

Para la difusión del tango y su penetración en la ciudad, contribuyeron eficazmente los organillos callejeros:

…"Organillo, la gente
modesta te mira
pasar melancólicamente.
pianito que cruzas la calle cansado,
Moliendo el eterno
familiar, motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso,
y luego te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta"…
Así evoca el organillo ambulante y nocturno Evaristo carriego, el poeta que cantó al arrabal y sus gentes en idioma culto.
Y no era raro ver que, al son del organillo, en la vereda, irrumpiese una pareja de bailarines, magnetizados por la atracción de un tango, allá en los tiempos en que "La Morocha" volaba de labio en labio dueña de todas las melodías. Aníbal Marc Giménez pinta esta escena que yo, en mis mocedades, he presenciado:

"El silencio del suburbio se interrumpe de repente
por la voz de un organillo que inicia un tango sensual,
y el compadrito que pasa con el chambergo en la frente
hace ondular las caderas en un corte magistral.
Y de pronto ve a la mina; la llama amorosamente
y ésta responde al reclamo con un gesto sin igual
en tanto que los curiosos forman rueda prestamente
deshojando mil piropos en su jerga de arrabal"…

Hay tangos, letra y música, tangos de esos llamados de la "guardia vieja" por la gente hoy ya sesentona, resultado de la decantación de lo mucho producido, que se perpetuarán. No sólo son un documento, son una realidad artística. "El choclo", por ejemplo, o "El entrerriano" por su música, y por su letra, sentimentales algunos, pícaros, con esa donosura que nos lega desde los siglos clásicos de la gran literatura hispánica otros. Citaremos, sin reparar excesivamente en las violaciones retóricas: "Caminito", de Juan de Dios Filiberto, "Mano a mano", de Celedonio Flores, "Esta noche me emborracho", de Enrique santos Discépolo, "Chorra", del mismo, "Ché, bandoneón", de Homero Manzi, "Mi noche triste", de pascual Contursi y otros de Vacarezza o cadícamo. En el libro "Historia del sainete nacional", de Blas raúl Gallo, se estudia circunstancialmente el aporte de los libretistas de tango a la escena de género chico. Como músicos, ahí están los nombres de Juan Carlos Cobián, Juan de Dios Filiberto, Osvaldo Pugliese.

En vías de reproducir una de las letras de tango, a fin de mostrar su lenguaje, elijo: "El ciruja" de Marino y de la Cruz; nada más canyengue, más lunfardo, más lleno de fuerza, de gracia, de color y sabor arrabalero:

Como con bronca y junando
de rabo de ojo a un costado,
sus pasos ha encaminado
derecho p'al arrabal;
lo lleva el presentimiento
de que en aquel potrerito
ya no existe el bulincito
que fue su único ideal.

Recordando aquellas horas de garufa
cuando minga de laburo se pasaba
meta pungía, al codillo escolasaba,
y a los burros se ligaba un metejón;
cuando no era tan junado por los tiras
la lanceaba sin tener el manyamiento,
una mina le solfeaba todo el vento
y jugó con su pasión.

Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera
hija de una curandera
mechera de profesión
y la tenía engrupida
un cafiolo vidalita
que le sacaba la guita
que a ella le daba el matón.

Frente a frente, dando muestras de coraje,
los dos taitas se midieron en el bajo
y el ciruja que era listo para el tajo
al cafiolo le cobró caro su amor.
Libre ahora'e la gayola y sin la mina
Campaneando un cacho'e sol en la vedera,
Piensa el guapo en el amor de la quemera
¡y solloza en su dolor!

Para un Menéndez Pidal o un Rodríguez Marín o un Américo castro estos renglones cortos resultarían un guirigay, una cabal jerigonza. Aunque sería útil advertir que "gayola" y "mechera", por ejemplo, son palabras castizas. "Vienen a ser novedades – las cosas que se olvidamos" – dice un personaje de Lope de Vega en "El desprecio agradecido – Acto I".

DIALECTO

Todos los países de América, mediante neologismos, barbarismos, negrismos e indianismos han, no diré como los puritas, siempre conservadores, "deformado" el idioma español: lo han enriquecido. Buenos Aires, gran núcleo de inmigración, posiblemente es una de las ciudades que más contribuye a ese enriquecimiento. Ya en 1910, el novelista español Ortega y Munilla, su visitante, anotó que, con el tiempo, los libros de los escritores argentinos iban a tenerse que traducir para ser comprendidos en España. Desde entonces aquí, el dialecto bonaerense ha evolucionado, es decir, crecido, tomado cada vez más carácter, estructura propia. En 1875, Juan Martín Gutiérrez, en sus "Cartas de un porteño", defendió esa peculiaridad contra el ataque de Martínez Villergas, un español que ya entonces protestaba por la "falta de respeto" al idioma de Cervantes. ¡Cómo si éste, Cervantes, hombre de los caminos, trashumante, "linyera", hubiese respetado mucho lo heredado de sus antecesores!

Un purista, el padre Juan Mir S. J., en su libro "Prontuario de hispanismos y barbarismos", escritor mediocre, como lo son todos los policías del idioma, comenta los "Sermones" del padre Cabrera y escribe: "Cervantes, al lado de Cabrera, viene a ser como una especie de urraca al lado del águila real"… Sigue: "Cervantes tuvo tiempo hasta para holgar vagamundo largos años lejos de su legítima esposa a rienda suelta, pero tiempo para darse al serio tesón de los estudios, al cultivo del lenguaje literario, a la invención de frases, al ejercicio de las letras, a la cultura científica, no lo tuvo, porque no amaba su ingenio, la fatiga de los libros, por eso no alcanzó los secretos más íntimos del habla, contentándose con el lenguaje vulgar que la gente andaluza gustaba a fines del siglo XVI"…

El pungente Jules Renard, en cambio: "Desearía escribir en "patois" como Rabelais o Montaigne ("Journal" – 1896).

El repeloso Quevedo que tenía bastantes puntas de reaccionario, en su cultalatiniparla (1629) se burla de escritores que usan palabras como "plagiario", "estupor", "estrépito", "frustrar", "ingrediente", "patíbulo", "descrédito". Hoy, ¿quién no las usa? ¿Pero el gran pueblo español, respetó mucho el latín de sus tatarabuelos? Si en las pampas se "deformó" o enriqueció el idioma español culto con arcaísmos, solecismos y neologismos, si los gauchescos Hidalgo, Ascasubi, Hernández o el Viejo Pancho, se apoderaron de ese dialecto hasta lograr obras de arte; el suburbio continuó la obra de las pampas.

El hombre del arrabal, admirador del gaucho, por sus payadores de almacén, sus letristas de tango y sus poetas, cuentistas y saineteros dialectales, prosigue lo por aquel comenzado. "El idioma de los argentinos" lo llama Jorge Luis Borges: No es, empero, un idioma argentino no pertenece a todo el país. Es un dialecto de Buenos Aires y de otros pueblos y ciudades con él en contacto. La gente del interior, muy del norte, está ajena a la creación de ese dialecto; hasta su pronunciación y su tono son distintos. Un porteño, un catamarqueño o un riojano pareciera que no pertenecen al mismo país. Me refiero a la gente del pueblo, a la que no salió de su arrabal platense ni de sus montañas andinas. Habría material como para escribir un grueso libro acerca del lenguaje porteño. Algo se hizo ya, desde francisco J. Muñiz: "Voces usadas con generalidad en las Repúblicas del Plata, año 1848, pasando por benigno Lugones que fue quien primero se ocupó del lunfardo, año 1879, hasta llegar a José Gobello, autor de "Lunfardía", año 1953 y el "Diccionario lunfardo", libros en los que se rastrea con sagacidad y erudición muchos vocablos de ese dialecto. Se ha dicho que este nació en el hampa, que es el "idioma del delito" (Antonio Dellepiane), de la "mala vida de Buenos Aires" (Eusebio Gómez), "Hombres de presa" (Luis María Drago). En rigor, no es totalmente así, aunque el idioma de las cárceles, hermético, especie de clave sigilosa para huir a la comprensión de la policía, contribuyó, como en otras ciudades, a la creación del dialecto. "Nadie que conozca el medio, observa Miguel Etchebarne, puede confundir el lunfardo con el habla popular. Las dos modalidades lingüísticas son representativas de los dos mundos del arrabal o, mejor dicho, de su mundo y submundo".

Un profesional del delito no habla como un muchacho obrero mientras juega al billar o al truco en el café o en rueda de amigos comenta el último partido de fútbol o la última pelea de boxeo, los dos deportes populares. Uno de estos muchachos no dice "bobo" al reloj, ni "cabalete" al bolsillo, ni "chua" a la llave, aunque sí dice – como un delincuente profesional – "atorrar" o "apoliyar" por dormir, "botón" o "chafe" por vigilante y "mango" o "mosca" o "vento" o "guita" o "biyuya" o "chirola" o "menega" por dinero. En "Memorias de un vigilante", libro de José Álvarez (Fray Mocho) publicado en 1897, su autor que, como Benigno Lugones, perteneció a la policía, aporta un vocabulario de voces comunes a la gente del delito y que luego pasaron al habla popular, aunque muchas de ellas allí quedaron, perdidas en las tinieblas de los bajos fondos y las cárceles. El libro de Gobello trae una amplia lista y un análisis agudo de vocablos provenientes de la germanía española, del caló gitano, de las lenguas aborígenes, de los dialectos itálicos – genovés y napolitano particularmente. Estudia los africanismos y los galicismos del argot parisiense aportados en su mayor parte por las vendedoras de placer, "yirantas", en un tiempo casi todas francesas. Se estudia el "vesrre" – "colo" por loco, "jovie" por viejo, "gotán" por tango – y la morfología y evolución de muchas palabras, proceso éste bien curioso e interesante.

El pueblo, siempre creador de tropos originales, metaforiza. Por ejemplo: son metonimias y sinécdoques: Una flor en el ojal es una "pedrada"; lo barato es "baratieri", derivado del apellido del general italiano que peleó en la guerra de Abisinia; un loco es un "locateli", por el arriesgado aviador italiano Antonio Locatelli que llegó al Plata en 1919; un piojo es un "pionono", por el Papa Pio IX; un barrendero de la calle es un "Musolino", por el bandido siciliano de este nombre; un español es un "gayego" o un "yoyega" o un "gayeguete" o un "gaita" por el instrumento; un inglés un "yoni"; un francés un "franchute"; un italiano un "tano" o "grébano" o "gruyo" o "tarugo" o "goruta" – si se lo dice en "vesrre" – o un "napolitronco". Una mujer linda es algo comestible:: churro, papa, churrasca, budín; un papel de cien pesos, por su color amarillo es un "canario"; la cabeza es "asotea" o "coco" o "melón" o "mate"; trabajar es "yugar" – o sea soportar algo penoso, algo que agobia. Modalidades de este dialecto son las sustituciones de la ll, la z y la i. No se dice caballo – como en algunas provincias se dice – sino "cabayo", ni chiruza, sino "chirusa" ni beaba sino "biaba". Los participios pasados cambian de terminación: Engatusado es "engatusao"; el para se transforma en "pa", no se dice para qué, sino "pa que", ¿p'ande vas? Se suprime la terminación de muchas palabras por "haraganería", sostiene alguien: el teléfono es "tele"; el automóvil es "auto"; el trolebús es "trole" . También se suprime frecuentemente la s de los plurales: "vamo" por vamos. Aparece la"sh", sonido de que carece el español y posee el italiano, el francés y otras lenguas romances: "Shacar" por robar; "misho" por pobre; "sushete" por elegante. Hay contracciones y apócopes – como en el gauchismo – se dice "anteayer" por antes de ayer; "misia" por mi señora.

Tópico digno de observar es la sorpresa que nos dan los clásicos. Palabras desaparecidas del lenguaje culto, usadas en el dialecto y que cualquiera podría suponer neologismos, las hallamos en el Arcipreste de Hita, en Mateo Alemán, en Vicente Espinel, en Cervantes, en Lope de Rueda, en Lope de Vega, en Torres Villarroel o en Calderón de la Barca, escritores, no de academia, sino de calles y caminos, de ferias y ventorros, escritores que han oído hablar al pueblo y con el pueblo han hablado. Si se hojea, por ejemplo, "diccionario de Germanismos" (Siglo XVII) de Juan Hidalgo, o "Diálogo de las Lenguas" de Juan de Valdés (Siglo XVI), se hallan descubrimientos capaces de alelar a un purista.

Hay expresiones tan pintorescas en ese dialecto que merecen apuntarse: "Dejar de araca" (engañar), me cach'en dié" (rediez), "mucho vulevú con xoda" o "jarabe de pico" (charlatán), "puro randevú" (cortés); "tomar pa la kermese" o "tomar pa la butifarra" (en broma; "¿y qué hubo de haber habido?" (Una provocación, burlar a alguien); "está muy de bute" (mujer hermosa); "gil a la gurda" (tonto); "¿Y qué le va a chaché?" ¿Y qué le vas a hacer?; "fajarse" (pintarse las canas); "manya orejas" (adlón), "niño bian" (pronunciado en francés, para recalcar la mofa); "¡Araca lira la cana!" ¡Viene la policía!...

En ocasiones, el pueblo acaba de imponer su modalidad. Sea el caso del americanismo maní (o cacahuete). Su plural académico fue maníes; el pueblo en cambio decía manises. Hay otra palabra semejante, maravedí, que tiene tres plurales: maravedís, maravedíes y maravedises. Si maravedí admite estos tres plurales, ¿por qué no habría de admitirlos maní? Los académicos, por fin, "han entrado"- como el personaje del sainete "Mateo":"¡Hay que entrare, Mateo!" -. Aceptan el plural manises, tal como el pueblo lo dijo siempre. Aunque todavía es preciso preguntarles: ¿Por qué no aceptan "manís", como aceptan maravedís? En este tópico, siempre vagamos en las regiones del absurdo.

Es también interesante sacar a luz el origen de algunas palabras. La palabra"croto", por ejemplo. Croto es el linyera, el golondrina, el hombre ambulante que trabaja en las cosechas hoy aquí, mañana allá, esporádicamente, sin asentarse en ningún sitio y a veces pasando semanas o meses sin trabajar, durmiendo en cualquier parte y comiendo cualquier cosa. ¿Por qué se le llamó "croto"?. Su nombre deriva del gobernador de la Provincia de Buenos Aires José Camilo Crotto. Este decretó que los linyeras o golondrinos podían viajar gratis en los techos de los trenes, sin ser molestados por la policía. Tal decreto dio origen al nuevo nombre de los trashumantes. El pronombre de segunda persona "vos" – en lugar de tú – y la conjugación de los tiempos de verbo, también en segunda persona, "vení"- por ven - o "amastes" – por amaste -, se hallan tan difundidos en el Río de la Plata y no sólo entre gente del arrabal, que bien merecen un lampo de historia.

Explica Domingo Casadevall:

En el siglo XV y parte del XVI se hizo en España un uso promiscuo del "tú" y del "vos" hasta que su valor quedó por fin definido. El "vos" había servido primitivamente para dirigirse a Dios, al rey, al señor y aún para el tratamiento de marido y mujer, de hijo a padre, de hidalgo a hidalgo, según lo afirma Menéndez Pidal en su libro "La España del Cid". El "tú" se destinaba al trato de los familiares, así como al de los criados y demás "gente baxa". Juan de Valdés, uno de los primeros maestros de la prosa castellana, fallecido en 1541, enseñaba que cuando se hallase con un "casi igual" debía aplicarse el "vos", en tanto que para dirigirse a alguien "muy inferior" correspondía usar el "tú".

Rápidamente, empero, el tratamiento enfático de "vos" fue ganando en España tanta difusión que llegó a sustituir el "tú", mientras éste, por su carácter afectivo se rehabilitaba hasta el punto de que con él se invocaba a Dios y a la Virgen María. De esta suerte, las cosas se volvieron al revés: las personas de calidad dispensaban el "vuestra merced" a sus iguales; el tú a los niños, a los familiares, a los amigos y usaron indistintamente el "tú" y el "vos" para dirigirse a la servidumbre y a los que en otro tiempo fueron sus súbditos. Pero conviene subrayar que el "vos" tenía en esos casos, "un cierto matiz despectivo y altanero" como señala Ludwig Pfandi, un sagaz estudioso del siglo XVI en su libro "Cultura y costumbres del pueblo español en los siglos XVI y XVII".

La arrogancia española consideraba inferior todo lo que no fuera peninsular. Por ello, quien pisaba tierra de Indias se sentía hidalgo, aunque fuese destripaterrones o aventurero o pícaro del hampa de Sevilla o del Nápoles hispanizado del siglo XVI. Los españoles no venían al Nuevo Mundo para considerarse inferiores ni para ser tratados como en su tierra, de "vos". Llegaban con fe e ilusiones de aventura, para enriquecerse y adquirir poder, para mandar. Se trataban entre ellos de "vuestra merced", porque se sentían iguales entre sí, y superiores, por supuesto, ante el poblador indígena y el crioyo. Para sobreestimarse, dispensaban el tratamiento despectivo y despótico de "vos" a los hijos del país y demás "gente baxa". Por otra parte, el mestizo se sintió superior al indio; el mulato mejor que el negro; el cuarterón por encima de sus parientes menos blanqueados, y cada uno, para avalorarse, trató de "vos" al que suponía inferior, imitando a su vez la norma de los españoles. Así se desparramó el "voseo" entre la gente plebeya y el proletariado campesino en las regiones de América alejadas de cultura virreinal – Perú y Méjico – en los que las elites velaban e imponían el tuteo como expresión de bien decir y como señal de buena crianza.

En cuanto a la conjugación de verbos, el "venís" o el "amasteis" que conviene al tratamiento del "vos" enfático, se apocoparon, se convirtieron en los humildes "vení" o "amastes". El imperativo venid o amad, se hizo vení o amá, sin la d que parece prolongar el mandato. En suma, se les bajó la parada, como al pronombre "vos" se le había bajado.

POETAS LUNFAS

Con tales elementos y muchos otros bebidos en la vida diaria, los poetas dialectales han logrado, no pocas veces, realizar poesía. Citaremos a "Yacaré" (Felipe Hernández), autor de "Versos rantifusos"; a Carlos de la Púa (o el Malevo Muñoz), autor de "La crencha engrasada"; a Dante A. Linyera (Francisco Rímoli), autor de "Semos hermanos" y de "Musa Rasposa", director de revistas dialectales como "El alma que canta" y "Canta claro", y a Alcides Gandolfi Herrero, autor de "Nocau lírico". Hay otros, hay muchos más. Del propio Evaristo carriego, iniciador de la poesía con temas del arrabal en idioma culto, se conocen unas décimas: "Día de bronca". Yacaré, Carlos de la Púa y Dante A. Linyera fueron periodistas. En los diarios de la tarde: "Crítica", "El Telégrafo", "Ultima Hora", "Noticias gráficas" – diarios populares, publicaron sus versos sentimentales y protestadotes, ligeros y zumbones, traviesos e hirientes, muestrarios de tipos y costumbres, documentos filológicos y de época, como lo son muchos tangos. He aquí una décima de Yacaré:

"No me metás en el barro
para ensuciarme el laboro,
mirá que yo soy muy toro
y te viá cargar el carro,
si agarro bronca si agarro,
el retobo que tené
va a espiantar, y no estrilé
porque por lo ranfañosa
te vi'a batir: "Ché, roñosa,
¡que hacé, tre vece qué hacé"!

Esto, recitado a un público de España, necesitaría traducirse. En cuanto a esa repetición del quinto verso: "Si agarro bronca si agarro", es una característica del genovés muy empleada en el lenguaje diario por la muchachada del suburbio, en donde se enrolaron ayer las pandillas ("barras") de temibles patoteros y hoy de ensordecedores partidarios ("hinchas") de tal o cual club de fútbol.

Carlos de la Púa subtitula a sus composiciones de "La crencha engrasada", "poemas bajos". Y lo son. El, una especie de Gargantúa por el tamaño y sus excesos, se regodeaba en hallar inspiración en el ambiente de mujeres livianas, de cafishos y de matones. Last Reason lo pinta: "Gustaba vestir bien y tenía percha de susheta. Usaba el lunfardo con arte y gracia, pero sabía ser fino cuando le daba la gana. Sus versos en los que volcó todo el vocabulario arrabalero y el caló del bajo fondo tienen relampagueos de daga, brutalidad de cachetazo y lujuria de beso que se hace mordiscón. Pintó bien a la mala gente por la que sentía un cariño de hermano mayor, un cariño mezclado de desprecio, de admiración y de curiosidad profunda. Hay versos suyos que dan asco, pero a los que no se les puede negar el arte".

A empujones, buscándola desesperadamente, el autor de los "poemas bajos" halló al fin la fortuna. Fue a Norte América, se hizo introductor de bebidas alcohólicas que, al fin, a él miso lesionaron. Se vio rico y enfermo, incurable en plena edad del vigor aquel Gargantúa de gran estatura y gran corpulencia. Lo peor está en que sabía su estado. Comprendía su gravedad.

- ¿Cuándo pegás otra vez la vuelta por Norte América? – le pregunta algún amigo.

- El viaje va a ser ahora más largo – responde – me voy p'al otro mundo y alo mejor si me gusta, ¡me quedo! Otro amigo, el poeta Raúl González Tuñón, lo visita. El Malevo ya en cama para no levantarse. El lo recibe:

- ¿Qué me decís, hermano, las bromas de la vida? Aura que hice el paco… me mata. ¡Jué una"!

Tal vez en una noche de curda y después de "empedarse" – verbo éste que emplean Hernández y Gonzalo de Berceo, Siglo XII – compuso esta composición sentimental:

LOS BUEYES

Vinieron de Italia, tenían 20 años,
con un bagayito por toda fortuna
y sin aliviadas, entre desengaños,
llegaron a viejos sin ventaja alguna.

Más nunca los labios les abrió un reproche,
siempre consecuentes, siempre laburando,
pasaron los días, pasaron las noches,
el viejo en la fragua, la vieja lavando.

Vinieron los hijos: ¡Todos malandrinos!
llegaron las hijas: ¡Todas engrupidas!
Ellos son borrachos, chorros, asesinos,
y ellas, las mujeres, están en la vida.

Y los pobres viejos, siempre trabajando,
nunca para el yugo se mostraron flojos,
pero a veces sola, cuando está lavando,
a la vieja el llanto le quema los ojos.

Dante A. Linyera y Alcides Gandolfi Herrero calan más hondo en la vida, aunque, como el Malevo, tienen también su algo de Francois Villón. Conocí a Dante A. Linyera cuando él tendría apenas catorce años y escribía sus primeros versos preñados de dinamita. Yo le doblaba en edad. Se me entró en el "cuore"ese muchacho pequeño, ágil, insolente, arremetedor, inteligentísimo. "Tenés algo en el mate – le dije – pero tus versos están llenos de faltas. ¿Estudiaste versificación alguna vez? "No" – me respondió con su desfachatada franqueza. Y enseguida: "Y ya que usté estudió, ¿por qué no me enseña?"."Vamos", le dije y, sobre el pucho, la primera lección. A la segunda versificaba con fluidez y decía en verso cuanto quería. En el verso encontró su parla natural ese gavroche lleno de ímpetu. Le faltó tiempo para realizar su obra. Y despilfarró su talento en el cotidiano periodismo. Murió loco, muy joven. Vivió atropelladamente. Se quemó en su propio fuego Alcanzó la popularidad a tal punto que, entrando a un bar o a una lechería, gritaba: ¿Quién me paga un completo? (café con leche, pan y manteca). Pronto aparecían parroquianos que, a mucho honor encontraban invitarlo, oírlo hablar y recitar con su vozarrón de gigante. Otra anécdota: Una noche con él y el poeta Gustavo Riccio fui a presenciar el desfile de una manifestación política en la Avenida de mayo. Eran tiempos de brega enconada. ¡Y se armó la podrida! , para decirlo en canyengue. Comenzaron a volar balas. Riccio y yo nos ganamos en un zaguán. El se puso a pasear por la vereda, diciendo: ¡A mí no me entran las balas, tengo el cuero muy duro! A Dante Linyera no se le olvida. En 1950 se colocó una placa en su tumba, en 1956 otra en la pared de un bar de la calle Corrientes donde él tuvo la redacción de "Canta claro", su revista. La Municipalidad envió un orador. Los poetas lunfardos recitaron versos a su memoria. He aquí el de Alcides Gandolfi Herrero:

A DANTE LINYERA

¡Dante Linyera!
Diferente a aquel otro, vos vivistes
tu infierno aquí en la tierra…

Dante Linyera,
chapaleaste el barro de todos los caminos,
abanderao del hambre y la miseria…

¡Dante Linyera!
Tu corazón fue copa para todos
y tu verso una flor, flor de tragedia…

¡Dante Linyera!
Con mucho de Verlaine y de Carriego,
najusó Buenos Aires tu tristeza..

¡Dante Linyera!
Te lloraron los fueyes y las minas,
Y te lloró el ciruja y la bohemia…

Dante Linyera,
se enlutó el arrabal al enterarse
¡que pintastes pa siempre a las estrellas!
Para mejor conocer a Dante – como se le decía – leamos algunos versos de su "Autobiografía rasposa":

Me yamo Dante A. Linyera…
Pero no es ese mi nombre
¿Pa qué batirlo? Si es fulo
como una mina sin tren
y en el fichero e'la vida
toy prontuariau como hombre,
como hombre que l'ha yirao
de un cotén a otro cotén.

…………………………… ¡Cha digo! Cuando me acuerdo
que tuve catorce abriles
justo cuando a la garufa
de la vida me largué,
m'entran ganas de matarme,
como hacen los tipos giles
pero después fumo un pucho
batiendo: ¡Qué va cha ché!

Mi jovie trajo e'Calabria
la sbruffata e'su entusiasmo
me dijo un yorno: "Mequito,
marino va a ser osté",
y quiso hacerme almirante
de una escuadra…¡qué sarcasmo!
Y hoy no me ayudan los remos
¡porque ni remar yo sé!

……………………………… Y junando una mañana
como un pobre musolino
rejuntaba los boyitos
con cariñoso ademán,
la inspiración como Pedro
por su casa se me vino
¡y empecé a escribir poemas
enchastrados de gotán!

Y aquí estoy: Dante A. Linyera…
cantor de la mishiadura
del bulín, de la percanta…
de la milonga… aquí estoy…
¿Quién será? Baten los rantes
que catan mi caradura,
¡y yo mismo, compañero,
no sé siquiera quién soy!

……………………………… Otro tipo pintoresco, singular, movedizo y penetrador es Alcides Gandolfi Herrero. Con él cerramos este rombo de poetas dialectales. Fue boxeador excelente, campeón de livianos en Latinoamérica, derramó también apresurada y desorientadamente sus aptitudes vitales, que eran muchas. Tomó la vida en "xoda" como quien se bebe una copa de caña o se fuma un cigarrillo. Tuvo aplausos, "vento", "filos". Ya se lo dije en verso:

"El creyó que las cosas lindas duraban siempre,
como quien tira puchos, las tiró en su camino"…

Cuando el tiempo, a fuerza de "biabas", le comenzó a enlutar la cabeza, se acordó que, además de boxeador y de muchacho alegre, ranún, era poeta rasposo. Reunió en 1954 sus versos en un tomo: "Nocau Lírico".

Es hombre de varia y seria lectura, pero cuando debe decir lo que le bulle en el pecho, necesita decirlo en lunfardo. Así lo proclama en una copla:

"El castellano me esgunfia,
no me cabe otro batir
que cantar la copla en lunfa
porque es mi forma'e sentir".

Y entonces, en doble homenaje – lo cual no deja de ser otra de sus cachadas – a Don Félix Lope de Vega y Celedonio Flores – el autor del tango "Mano a mano" – compone este

SONETO EN ALPARGATAS

A vos, Lope de Vega, te chamuyo:
Fénix de los ingenios españoles,
si en lengua cervantina hicistes goles,
yo con mi lengua lunfa te embaruyo.
En tu Real Academia no me instruyo,
una calle mistonga con faroles,
me enseñó a ser poeta y… ¡caracoles!
no es bardo de arrabal cualquier viyuyo.
Te sé muy español, gran erudito,
batime: ¿qué es papusa, guita y grata?
¡Si vos de lunfa no manyás un pito!
Junto a la musa de la mala pata,
yo te vengo a poner este garlito
con mi humilde soneto en alpargata.

Como Dante A. Linyera tiene preocupaciones de justicia social, para él todo no es "escabio" y "minas", todo "farra" y "castañasos". Por eso es capaz de escribir versos como los de su "Plegaria rea", de la cual merecen reproducirse algunos cuartetos:

PLEGARIA REA

A mi manera lunfa, ché Dios, yo te chamuyo
sin saber un comino de rezo y confesión,
por eso a la sordina, y sin hacer baruyo
te ortivo estas parolas con toda devoción.

………………………………………… En esos entreveros que escolasan tu suerte
los tauras del engaño, de la duda y el mal
salistes bien parado, noqueador de la muerte,
das handicap sin grupo y no tenés rival.

Por esa perfomance que guardo yo en el mate,
por sobrador de todo, por canchero y por santo,
por eso, emocionado, mi corazón hoy late
decidido a mangarte por los que sufren tanto.

¡Ché, Dios!: pulsá los hombres, piantá los berretines
de esos bacanes colos dopados de ambición
pa'que finishen pronto los trágicos festines
de broncas, de miseria, de sangre y destrucción.

¡Ché, Dios!: largá una mano, ya que tu mano es buena,
a todos los que yiran por las calles del mal,
a esos harapos viejos que la vida condena
dándoles de refugio solamente un umbral.

Por los pibes sin madre, por el desamparado,
por todos los que sudan para poder lastrar,
por esas minas buenas que el amor ha olvidado
y esos enfermos tristes que sueñan con sanar.

Por toda esa mistonga comparsa desahuciada,
que ha perdido la chance, la fe y el corazón,
va mi plegaria rea como última parada
y a mi manera lunfa me juego esta oración.

EL ARRABAL Y LOS CULTOS

Si se compusiese una antología de poetas lunfardos*, si se recogiera lo que han dejado caer en diarios y revistas volanderos; se obtendría, fuera de dudas, un interesante conjunto. Y quizás sería oportuno incluir también a los poetas que, como Evaristo carriego. Leopoldo Lugones, Ricardo Güiraldes, Fernández Moreno, Alfonsina Storni, Antonio Gil, Aristóbulo Echegaray, Pedro Godoy, Juan Marengo, Leónidas Barletta, Gustavo Riccio, Héctor Pedro Blomberg. Jorge Luis Borges, César Tiempo. Raún González Muñón, Nicolás Olivari, Juan Guijarro, José Portogalo, Juan M. Prieto, Raúl Klapenbach, José Sebastián Tallon, Pedro Herreros, Lázaro Liacho, Rodríguez Itoiz, han escrito en idioma culto sobre temas de arrabal. Esta poesía, por lo pronto, ya ha producido una obra de tanto mérito como "Juan Nadie" – vida y muerte de un compadre -, de Miguel Etvhebarne, a quien se otorgó un merecido premio nacional de literatura. "Juan Nadie" es, por ahora, el poema del hombre suburbano, el compadre del 900. ¡Lástima que no esté escrito en canyengue!

La altura del árbol - nos dice Hipólito Taine – indica la profundidad de las raíces. Cuanto más perfecto es un poeta más nacional es. Cuanto más penetra en su arte, más ha entrado en el genio de su siglo y de su raza". Estos poetas dialectales han penetrado hondo sus raíces en la gleba siempre generosa de su pueblo, han sido acariciados por el agua próvida de su época. Cuando el montón de poetas de esos que, tras las huellas de Rubén Darío de "Prosas profanas", escaparon a Versalles, en busca de ninfas de cartón y marquesas de museo, hayan sido olvidados; se recordará a estos dialectales, un poco ásperos y tal vez no del todo limpios, como que han chapoteado las calles barrosas del suburbio. Y de él, ¡tan pobre!, salieron ricos, pues:

"Pobreza no es andar seco
ni con camambuses rotos…
¡Es no tener nada adentro!"

*Ya en prensa este ensayo, acaba de aparecer "Primera Antología Lunfarda", por José Gobello y Luis Soler Cañas. – (1961)

¿Y EL PORVENIR?

¿Y el porvenir de este dialecto bonaerense, renovador? Ya el gran Mariano José de Larra, el escritor que salva de la mengua en que se abismó durante el siglo XIX (para renacer – fénix – y tornar por sus brillantes fueros en el siglo XX, la literatura española); escribe en 1836: "Marchar en ideología, en metafísica, en ciencias exactas y naturales, en política; aumentar ideas nuevas a las viejas, combinaciones de hoy a las de ayer, analogías modernas a las antiguas, y pretender estacionarse en la lengua que ha de ser la expresión de esos mismos progresos, perdónennos los señores puristas, los señores casticistas, es haber perdido la cabeza"…

En estos asuntos de idioma, imprescindible es que el lector estudie "Cartas de un porteño", del eximio Juan María Gutiérrez. Vaya una anécdota: El ensayista y filólogo Sanín Cano narra que, mostrándole algunos modelos de literatura arrabalera a un profesor de Londres, le dijo éste: "Cuidado con esas vegetaciones del idioma, pueden convertirse en una lengua. Cuando nazca – agregó el profesor londinense – un escritor de genio que decida poner en ese dialecto una obra maestra, se producirá el milagro.

Allí está Dante, por ejemplo. Los literatos de su tiempo empleaban el latín, él escribió La Divina Comedia en el "dolce stil nuovo", y del habla popular hizo un idioma". Otro ejemplo nos lo da Cervantes en su novela Rinconete y Cortadillo, la mejor página de la picaresca española, aunque sus protagonistas se tratan ceremoniosamente entre ellos y los hampones con quienes dialogan, emplean palabras que, en aquel tiempo, no eran del idioma español hablado por los cultos, sino del dialecto del arrabal – de su caló, de su germanía -. Un ladrón ya avezado habla así a los noveles, los alecciona: "Y porque sé que me han de preguntar algunos vocablos de los que he dicho, quiero curarme en salud y decírselo, antes que me lo pregunten. Sepan voacedes que "cuatrero" es ladrón de bestias; "ansia" es el tormento; "roznos" los asnos, hablando con perdón; primer "desconcierto" es las primeras vueltas del cordel que da el verdugo. Tenemos más…"

Será curioso indagar cuáles de esos vocablos, entonces del dialecto, no figuran hoy en el Diccionario de la Academia.

El día que tengamos un diccionario de andalucismos – escribe el sabio Rufino Cuervo en su "Apuntaciones críticas" – hablaremos maravillas los americanos". ¿Qué son las lenguas llamadas "romances", o sea las de origen latino? ¿Qué son el rumano, el rético, el italiano el sardo, el provenzal o lengua de Oc, el francés o lengua de Oil, el catalán, el español, el portugués, el gallego? Oigamos a Gastón Paris. Este filólogo y profesor francés, académico, autor de textos medievales aclarados con eruditas notas, es decir, un hombre de aulas y bibliotecas, no de caminos y mesones, como Cervantes, llega a formular esto, concluyente: "las lenguas nuevas no nacen de otras, sino que es la misma lengua hablada de otra manera a causa de la diversidad de ambientes en que ella se propaga y de ponerse las gentes que de ella se sirven en contacto con otros pueblos".

El español, así, tanto como el francés, el italiano, el rético, el sardo, el provenzal, el rumano el catalán, el portugués o el gallego no son lenguas descendientes del latín, son un latín hablado de otra manera. Y en tiempos remotos se decía de esos idiomas, hoy consagrados por libros maestros, que eran latín mal hablado, latín adulterado. Igual se dice hoy entre profesores de gramática y puristas del lunfardo porteño. Pero el lunfardo no es un español mal hablado, que es el español renovado que habla la gente del suburbio porteño, hija de todas las variedades de español e italiano, hija de polacos, rusos, franceses, portugueses, búlgaros, japoneses, rumanos, húngaros, chinos… Cuando alguien escriba, como ocurrió con el gauchismo y el "Martín Fierro", una obra maestra en lunfardo, comprobaremos sus bellezas. Esa obra se escribirá, estoy seguro.

Por otra parte, siempre ha habido una alianza entre el pueblo y los genios artísticos. Platón ya lo sabía: "El pueblo es un gran maestro en materia de idioma". Y Voltaire, espíritu aristocrático, pese a sus rebeliones, lo subraya, aunque lamentándose de que así sea: "Es triste – rezonga – que en cuestión de lenguas, lo mismo que en otras importantes costumbres, sea el populacho quien hace punta en toda nación". El pueblo hace las lenguas. De sus labios salen vivas, vigorosas, plenas de imaginación, poéticas. Después llega el genio literario y las firma. Dante Alighieri, Cervantes y, si lo queréis, Hernández también, aprendieron a escribir su lengua oyendo hablar a la gente del pueblo.

Buenos Aires - 1961